Aquel contundente informe de Greenpeace

En los análisis efectuados en 1999 se comprobó la presencia de cromo, plomo y zinc, entre otras sustancias perjudiciales para el medio ambiente y la salud de las personas.

En 1999, la organización ambientalista internacional Greenpeace se hizo presente en la localidad de Jáuregui. En el canal de efluentes líquidos que la empresa Curtarsa tiene en las cercanías del Club El Timón, realizó el característico despliegue de carteles y otros elementos utilizados por la entidad en las distintas manifestaciones públicas.

Más allá de lo anecdótico, la presencia de Greenpeace dejó un detallado informe elaborado con los resultados de la toma de muestras de los efluentes vertidos al río Luján, así como de sedimentos asociados a esos líquidos. Los análisis se efectuaron en el laboratorio de Greenpeace en la Universidad de Exeter, Inglaterra.

En el informe se detalla que "los metales pesados y muchos contaminantes orgánicos persistentes se unirán predominantemente al material en suspensión, y finalmente se acumularán en los sedimentos, por lo que éstos ofrecen un registro confiable de la contaminación"

"En el caso de Curtarsa, las muestras de los sedimentos que están alrededor del efluente principal presentaron altos valores de cromo, zinc y plomo y una variedad de contaminantes orgánicos incluyendo diclorobenceno, nonilfenol, hexaclorobutadieno, hidroxitolueno butilado y hexacloroetano. El efluente, al momento de la toma de muestras, contenía niveles significativos de cromo y diclorobenceno", agrega el trabajo elaborado por Greenpeace.

CROMO

En el informe se explica que las concentraciones naturales de cromo en los sedimentos van de menos de 50 a 100 mg/kg. En el caso de Jáuregui, ese metal pesado estaba presente en 296,5 mg/kg, 591,1 mg/kg y 3.133,3 mg/kg, "es decir que aún si se toma 100 mg/kg como parámetro, los niveles de los sedimentos de Curtarsa llegaban a superar en más de 30 veces los correspondientes a zonas no contaminadas".

A continuación, los técnicos de Greenpeace indican que "es claro que el cromo que llega a Luján también se irá acumulando en los sedimentos de ese río".

Luego de analizar la capacidad de absorción de ese metal pesado en sus variantes III y VI por distintos seres vivos, se expresa que "para los humanos, el consumo de agua, pescado y otros alimentos contaminados con Cr(III) podría aumentar los niveles de absorción diaria mucho más allá de los recomendados, y la ingesta de niveles superiores a los recomendados durante lapsos prolongados puede provocar efectos perjudiciales para la salud, incluidos irritación gastrointestinal, úlcera estomacal y daños renales y hepáticos".

"La exposición dérmica tanto al Cr(III) como al Cr(VI) puede provocar hinchazón y enrojecimiento agudo de la piel; mientras que inhalar niveles altos de Cr puede provocar irritación en las membranas respiratorias y nasales. Estos efectos se han observado principalmente en obreros que producen o utilizan Cr (VI) durante varios meses o muchos años. Según la Agencia Internacional de Investigación del Cáncer, dependiente de la Organización Mundial de la Salud, los compuestos de Cr(VI) son cancerígenos".

Si bien Greenpeace no logró determinar si el cromo hallado en los efluentes y en los sedimentos era VI o III, se aclara que el segundo de los tipos puede convertirse en Cr VI "dependiendo de las condiciones físicas y químicas del lugar donde esté presente". Por ejemplo, "es de esperar que si los lodos conteniendo Cr (III) son depositados con otros residuos industriales o domésticos, particularmente residuos ácidos, la conversión a Cr(VI) es más probable".

En el caso de los efluentes de Curtarsa, el informe especifica que una de las muestras evidenció la presencia de niveles de cromo que superaban en más de cuatro veces los límites permitidos en Holanda. Por esta razón, en aquel momento Greenpeace advirtió que "si se continúan empleando tóxicos en la producción y se pretende no superar los límites legales en los efluentes, el cromo acabará en los lodos de la planta de tratamiento, que luego pueden contaminar el suelo y las aguas subterráneas".

"Lo que ha sido más duro para la industria (de curtiembres) ha sido que ciertas medidas que tienen como objeto controlar la contaminación pueden ellas mismas causar impactos ambientales secundarios, que incluyen la contaminación de las napas, la contaminación del suelo e intoxicaciones".

PLOMO

Las concentraciones de ese metal pesado en sedimentos no contaminados van de 10 mg/kg a 50 mg/kg. En una de las muestras tomadas en Curtarsa, los valores alcanzaron 98,5 mg/kg.

Si bien el plomo (Pb) no se considera uno de los metales más móviles en el medio ambiente, "hay evidencias considerables de que el Pb de los sedimentos se encuentra disponible para las especies que se alimentan en ellos".

Esta sustancia –continúa el informe-, "resulta tóxica para la totalidad de la fauna y flora acuática, y los organismos superiores de la cadena alimentaria pueden sufrir saturnismo como resultado de la ingesta de alimentos contaminados con plomo".

El saturnismo es una enfermedad provocada por la contaminación con plomo, situación que genera un serio deterioro en diferentes órganos del cuerpo. En dosis extremadamente bajas, el Pb puede provocar lesiones irreversibles en el sistema nervioso central y reducir la inteligencia. Mayores niveles de exposición pueden derivar en anemias y lesiones renales graves.

ZINC

Otro de los elementos encontrados en las muestras tomadas por Greenpeace fue el zinc, que "si bien no se considera especialmente tóxico, es en ocasiones vertido al medio ambiente en cantidades apreciables y puede tener efectos perjudiciales sobre ciertas especies en concentraciones específicas".

"La mayoría de los estudios de los efectos del Zn sobre la salud humana se concentran en la exposición por inhalación (que puede provocar una enfermedad específica de corto plazo denominada ‘fiebre de las emanaciones metálicas’), y se sabe menos sobre los efectos que tiene a largo plazo la ingesta de altas concentraciones de zinc, a través de alimentos o agua. "Si se ingieren oralmente cantidades entre 10 y 15 veces mayores que las recomendadas, aunque sea durante un lapso corto, pueden aparecer vómitos, náuseas y retorcijones. Ingerir altos niveles durante varios meses puede provocar anemia, y lesiones pancreáticas", se advierte en el trabajo.

Si bien se considera que los niveles normales de concentración en sedimentos son inferiores a los 100 mg/kg, en las muestras tomadas en Jáuregui se identificaron niveles elevados de zinc (211,6 mg/kg y 206,8 mg/kg). Esto significa que "se hallaron concentraciones que duplican las presentes en sedimentos no contaminados".

CONCLUSIÓN

Como cierre del trabajo, Greenpeace marcaba que "existen antecedentes de problemas ambientales y de falta de seguridad laboral en los que ha estado involucrada esta curtiembre".

"En un informe elaborado a raíz de un accidente dentro de la empresa en abril de 1998, la Subsecretaría de Trabajo del Ministerio de Gobierno y Justicia de la provincia de Buenos Aires dijo sobre la situación: ‘...no adaptándose ninguna medida de protección personal, no existen normas de procedimientos para el Trabajo sin Riesgos, ni se capacita al personal’. Este accidente provocó la muerte de un operario y la hospitalización de más de diez".

Para la organización, "una ley de reducción de la generación de residuos tóxicos a través de una disminución de uso de tóxicos (por ejemplo cromo), permitiría reducir no sólo las descargas de contaminación al río Luján y los residuos sólidos, sino también disminuiría los riesgos sanitarios entre los trabajadores derivados del uso y manipulación de compuestos tóxicos en los procesos de producción".

Por otra parte, a modo de síntesis, se expresaba que "la reacción de las empresas cuando la información de la contaminación o los riesgos que producen se dan a conocer suele ser la de amenazar con la pérdida de puestos de trabajo, colocando a los trabajadores y a la población en la situación de tener que aceptar las condiciones que la empresa impone a cualquier costo". Sin embargo, "los funcionarios de gobierno no deben permitir esta presión que sólo conduce al deterioro del ambiente y de las condiciones laborales".

Investigación periodística: Nicolás Grande – Horacio Papaleo

Otros elementos encontrados en los efluentes

-Hidroxitolueno butilado: se emplea con frecuencia como antioxidante en productos alimenticios y en la producción de plásticos, productos petroquímicos y algunos cosméticos. Su utilización en alimentos se ha asociado a ciertas reacciones alérgicas, y también hay algunas evidencias de que puede actuar como promotor de cáncer de hígado, en combinación con otras sustancias cancerígenas.

-Nonilfenol: es posible que su presencia en la industria del cuero se deba a su uso como surfactante. Se ha demostrado que el nonilfenol es capaz de alterar el sistema endócrino de animales, incluidos los peces y los mamíferos.

-Hexacloroetano: existe poca información sobre las propiedades toxicológicas de este compuesto, aunque los datos disponibles sobre los etanos clorados y sus efectos sobre los organismos de agua dulce sugieren que la toxicidad aumenta de manera significativa a medida que aumenta el grado de cloración, siendo el hexacloroetano uno de los más tóxicos. Se emplea ampliamente como solvente industrial y en ciertas concentraciones puede irritar la piel y las membranas mucosas.

-Hexaclorobutadieno: en términos de toxicidad, en animales de laboratorio ha mostrado ser muy tóxico para los riñones, a menudo mostrando una mayor toxicidad en los machos que en las hembras. Se sabe que se trata de un cancerígeno animal. Si se lo ingiere, se concentra en los riñones, interfiere con procesos fundamentales de respiración celular y puede, al conjugarse con otros compuestos en el organismo, reaccionar con el ADN y provocar la muerte celular o el desarrollo de tumores. La exposición de largo y corto plazo en animales de laboratorio, a través de los alimentos, a dosis muy bajas, induce daños en hígado y riñones.

Carta al presidente

En junio de 2001, en vísperas del Día Mundial del Medio Ambiente, Greenpeace reiteró su apoyo público a los vecinos de Jáuregui, que en esos momentos se encontraban a punto de movilizarse hasta la Municipalidad.

En un documento público, la bióloga Verónica Odriozola de Greenpeace señalaba que "Las Toscas y Esperanza, en Santa Fe; Jáuregui, Lanús, y Avellaneda en Buenos Aires, son algunos de las ciudades donde hay curtiembres que emiten gases contaminantes y arrojan cromo, plomo y otros tóxicos directamente a los ríos, arroyos o al suelo".

En esa oportunidad, también, Greenpeace envió una carta al presidente Fernando de la Rúa para exigirle "que por fin establezca un plan para acabar con la contaminación que hoy afecta la salud de millones de argentinos".

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