Apurón fiscal: el Banco Nación es ahora la gran caja del Gobierno

Por: Alcadio Oña

Lo que fue presentado como un recurso de última instancia es, hoy, una herramienta habitual: cada vez más, el Gobierno echa mano a los depósitos del Banco Nación para financiar gastos fiscales. Se lo permite el artículo 74° del Presupuesto, votado por el kirchnerismo y rechazado por la oposición.

Una aclaración: no se trata de depósitos de particulares, sino de organismos públicos. Pero eso no invalida la conclusión que sigue: el Estado está en aprietos financieros, más de lo que cuentan los informes oficiales. Y gracias al artículo 74°, usa los fondos del Nación tanto para amortizar deudas como para gastos en obras de infraestructura u otros asociados a ellas.

El punto es, justamente, que exprime esa caja en magnitudes cada vez más considerables, tal cual surge del propio balance de la entidad financiera.

A fines de octubre, en la cuenta "Depósitos del sector público no financiero" del Banco Nación había $ 42.000 millones. En noviembre, 41.000 millones. Y 35.000 millones al 31 de diciembre. De acuerdo con fuentes extraoficiales, ahora esa cuenta estaría por debajo de los 30.000 millones. Allí hay plata de la ANSeS, muchísima, de la AFIP, el PAMI y de los llamados fondos fiduciarios, entre otros.

Según estimaciones privadas, en estos meses han salido de esa caja más de $ 8.000 millones. El grueso, para cancelar deudas con contratistas, acelerar obras demoradas o sostener otras nuevas; todo, apurado por el tiempo electoral. Se lo hace bajo la forma de préstamos-puente que, se supone, en algún momento el Tesoro Nacional pagará.

El uso de esos recursos coexiste con otra fuente de financiamiento grande: la colocación de títulos públicos entre esos mismos organismos; nuevamente, muchos tomados por la ANSeS, plata de un sistema previsional transformado en prestamista para todo.

Hay, en este juego de malabares financieros, un modo de encubrir la situación fiscal real. La colocación de bonos debe ser informada públicamente. En cambio, el empleo de los depósitos en el Nación resulta menos evidente, aunque, tal cual se ve, no demasiado.

En cualquier caso, la suma de ambos factores induce a sospechar que el Tesoro Nacional está en zona de déficit financiero. Es lo que advierten quienes miran las cuentas completas, y no solamente aquella que, sin computar los servicios de la deuda, muestra superávit primario. Más todavía, cuando el Gobierno tiene bloqueado el acceso al crédito privado y debe acudir a todos los recursos a mano.

Así se gestionen montos mayores, algunos funcionarios aspiran a conseguir 1.500 millones de dólares del BID y del Banco Mundial, de aquí a fin de año. Pero suena a pretensión de máxima, pues con la crisis financiera internacional la cola de necesitados es larga y el país no ocupa precisamente los primeros lugares. Y para llegar al denostado FMI hay toda una carrera con obstáculos.

Por el lado del Banco Central, habría este año unos $ 7.000 millones limpios en adelantos transitorios al Tesoro Nacional. En cambio, quedaría poco o directamente nada para rascar de sus utilidades, que en 2008 aportaron casi $ 5.000 millones.

Así de apretados están los números fiscales. Apretados entre una recaudación impositiva que se comprime y un gasto público que crece más que los ingresos.

"Que bien nos vendrían ahora los 1.500 millones de dólares de las exportaciones de soja que están pisados", admite muy sotto voce un funcionario al tanto de las dificultades. Claro está: esos 1.500 millones más los otros 1.500 mensuales que esperan, por lo mismo, durante el segundo trimestre.

Para el Fisco, significarían ingresos por derechos de exportación cruciales. La recaudación por retenciones, que había aumentado 86 % el año pasado, está en banda negativa desde diciembre, porque se desplomaron los precios y además se retiene la liquidación.

Representarían, además, divisas clave en un mercado cambiario muy presionado por la demanda y donde el único oferente es, hoy, el Banco Central. Auxilio para Martín Redrado, que sólo en las dos primeras semanas de marzo debió vender unos 840 millones de dólares. Y aporte al stock de reservas, hoy reforzado por un endeudamiento con organismos internacionales que llega a 2.100 millones de dólares.

En el medio cuenta el conflicto con el campo y una cosecha bastante menor a la de 2008. También las expectativas sobre la evolución misma del tipo de cambio, que induce a los exportadores, a todos, a esperar antes de realizar operaciones.

Viene bien el acuerdo anunciado ayer con China -yuanes por pesos-, porque sacaría la presión de las importaciones chinas sobre el dólar: US$ 7.000 millones el año pasado. Y sobre el stock de dólares del BCRA. Pero a la vez podría significarle a Beijing un modo de apuntalar la creciente entrada de productos chinos en el mercado argentino, justo cuando aquí el mismo Gobierno buscaba frenarla.

Aun cuando se desconozca la letra chica del acuerdo y el Central diga que se trata de un intercambio de monedas, parece difícil disociarlo de la feroz guerra comercial que se libra en un mundo en recesión. Poco o nada ayudará a mejorar la salud de las cuentas fiscales propias. Y la economía real está sembrada por incertidumbres de la política y contribuciones nada menos que del poder central.

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