LE APUNTAN AL TALÓN DE AKILES

Por: Rubén Rabanal

El Gobierno avanzó desde ayer con una de las batallas más duras que deberá pelear en lo que resta de este año; avanzó en el Senado con un proyecto de supuesta limitación a los superpoderes que deberá defender voto a voto la semana próxima en el recinto.

Tras la derrota oficial el 28-J creció la presión de la oposición y parte de la sociedad para derogar definitivamente todo el entramado de leyes que le permiten al Gobierno modificar, ampliar o redistribuir el gasto sin control efectivo del Congreso. No se refiere a una ley específica sino a varias. El error, de paso, siempre le vino bien al Gobierno que ahora impulsa como respuesta a esa presión opositora una limitación de esas facultades a 5% del gasto total que en realidad no es tal.

Hasta ahora los superpoderes en manos de Néstor y Cristina de Kirchner sirvieron para aumentar el gasto con los excedentes de recaudación que alimentaron en cada presupuesto subestimando el crecimiento de la economía.

Hasta ahora los superpoderes (no sólo los que ahora se modificarán, sino también los otros, como decretos de necesidad y urgencia y leyes de emergencia) les sirvieron a los Kirchner para ese fin y para decidir sin ley de por medio cómo cambiar el destino del gasto, sin importar que fuera corriente o de capital.

El problema es que ahora los tiempos fiscales han cambiado y el Gobierno sigue necesitando tener las manos sueltas para manejar el gasto, quizás con más urgencia en los últimos años pero esta vez para cubrir los bolsones de déficit que ya están apareciendo en la administración. En síntesis, Cristina de Kirchner ya no necesita los superpoderes para administrar riqueza sin control del Congreso, sino para lo contrario. Sin duda aparecerán ahora José Luis Machinea o Domingo Cavallo para explicar su experiencia sobre el tema.

Ayer, con poco, en realidad sin conceder nada, el kirchnerismo consiguió emitir en el Senado el dictamen de un proyecto que pone ese porcentaje como límite de las reasignaciones de partidas que puede realizar el jefe de Gabinete. Es una modificación al artículo 37 de la Ley de Administración Financiera que ya había sido reformado por el Gobierno de Néstor Kirchner para asegurarse superpoderes permanentes.

Esa reforma sobre la reforma anterior no alcanza para esconder que el Gobierno mantendrá el manejo sin limitaciones de la mayor caja que tiene la Presidencia dentro del Presupuesto Nacional: la «jurisdicción 91-Obligaciones a Cargo del Tesoro», un nombre técnico para una cuenta estratégica del presupuesto que ayuda a la confusión.

Allí todos los gobiernos transfieren fondos, los vuelven a reasignar, asisten a gobernadores en problemas, a entidades financieras, organizaciones sociales. De hecho, si el fútbol necesitara de un aporte estatal en esta nueva etapa posprivada, seguramente provendrá de esa cuenta. Para que se entienda, entonces, sobre ese rubro no regirá ningún 5% de límite.

Entonces, si se quisiera hablar de recortar superpoderes, el Gobierno debería modificar también el nuevo artículo 84 de la ley Complementaria Permanente de Presupuesto que levantó toda restricción para que el Poder Ejecutivo manejara los fondos de la Jurisdicción 91 a su antojo. Esa modificación también fue introducida por Néstor Kirchner dentro del Presupuesto Nacional 2005, por lo que por entonces pocos se enteraron del cambio.

Y mucho más para el caso de los decretos de necesidad y urgencia. En 2008 Cristina de Kirchner firmó pocos decretos. Pero uno de ellos eclipsó en monto a cualquiera que hubieran lanzado su marido o los presidentes anteriores. En un solo DNU, el 1472, incorporó gasto y reasignó partidas por $ 36.727 millones más que lo establecido en el Presupuesto de ese año. Con la reforma que ahora el Gobierno defiende en el Senado, la Presidente no tendrá ninguna limitación para volver a modificar cualquier presupuesto, aunque esta vez quizás no sea para seguir subiendo el gasto.

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