Apuesta oficial para que dólar se frene: las tasas

Por: Pablo Wende

La frase de Néstor Kirchner negando de plano un salto en el dólar (estaríamos locos si devaluamos después de las elecciones) generó todo tipo de lecturas y reacciones. Pero tanto desde el Gobierno como desde el Banco Central intentaron justificar con datos técnicos esta aseveración: «Con la inflación y convergiendo al nivel de las tasas de interés, no hay motivo para reclamar un aumento del tipo de cambio», explicó una alta fuente de la entidad monetaria dirigida por Martín Redrado.

En otras palabras, el objetivo es que en el segundo semestre del año, es decir, después de las elecciones, invertir en pesos resulte más rentable que hacerlo en dólares. Esta ecuación se cumplió desde 2003 hasta mediados de 2008. Sin embargo, en el segundo semestre del año pasado, el dólar pegó un salto (de $ 3,05 a $ 3,46) y fue más negocio que quedarse en un plazo fijo en pesos, y lo mismo sucedió en este primer semestre de 2009 (de $ 3,46 a $ 3,80), con lo cual se rompió aquella lógica.

«Con la devaluación que ya tuvimos en los últimos doce meses alcanza y sobra, considerando que las monedas tuvieron una fuerte recuperación contra el dólar en los últimos meses», explican fuentes oficiales. Aluden, en particular, a la apreciación del real, que pasó de un máximo de 2,40 a 1,95 por dólar. En la misma lógica se ubica la recuperación de la soja y otros productos primarios, lo cual genera una caja adicional que no estaba en los planes en los primeros meses de 2009. «Muchos hablan de suerte -agregan en el BCRA-, pero no dicen que aquí no compramos esos grandes movimientos y no nos equivocamos cuando los consideramos una sobrerreacción, overshooting, del mercado».

¿Cuánto debería valer el dólar a fin de año, si se alineara con las tasas y la inflación? Considerando que ambas variables dan muestras de converger a un nivel cercano al 12% anual (es decir, el 1% mensual), la divisa debería aumentar no más allá del 6% durante el segundo semestre, es decir que cerraría casi «clavada» en $ 4.

Pero para muchos economistas, las cuentas no son tan lineales. Y advierten dos aspectos que deben ser tenidos en cuenta luego de las elecciones legislativas: uno de ellos es la real vocación del Gobierno a la hora de controlar el nivel de gasto público, ya que cuanto antes se encarrilen las cuentas fiscales, habrá menos dependencia del tipo de cambio como variable de ajuste.

El otro tema está relacionado con la formación de activos externos, el eufemismo al que alude el Central para referirse a la fuga de capitales. En el primer trimestre fueron 5.500 millones de dólares y habría bajado prácticamente a la mitad entre abril y junio. Ayudó el mejor clima financiero internacional y -desde ya-, algunas medidas heterodoxas locales, como la fuerte restricción de las importaciones, las normas para reducir la elusión a través del sistema de «contado con liquidación» y los férreos controles a las tesorerías de los bancos y las casas de cambio.

En lo que respecta a la marcha de junio, hay cierto clima de alivio porque la proximidad de las elecciones no alteró demasiado la política cambiaria ni presionó particularmente sobre el dólar. En el Gobierno reconocen que la demanda de billetes es alta, alrededor de 60 millones de dólares diarios (como informó el viernes este diario), pero que está compensado por el ingreso de las divisas de exportación. Como consecuencia, en lo que va del mes el Central sólo tuvo que vender unos 100 millones de dólares al contado para impedir que se escape el precio de la divisa. Luego se manejó induciendo una reducción del tipo de cambio a fin de junio tanto en el mercado de futuro Rofex como en el MAE. La tasa de interés implícita para el dólar a fin de mes se ubicó en el 7% anual contra más del 13% para el resto de los períodos. Así, los que quieren esperar con más tranquilidad el resultado electoral pueden cubrirse prácticamente gratis sin necesidad de adquirir billetes físicos.

Tampoco se advierte una salida de depósitos en pesos, aunque los plazos fijos tuvieron una retracción en mayo y en la primera parte de junio, ante la decisión de más cantidad de ahorristas interesados en mantenerse líquidos.

No obstante, esta reducción de plazos fijos no llega a alterar las tasas de interés: los bancos conservan más de 15.000 millones de pesos como colchón de liquidez en pases pasivos depositados en el Central. Aun si se produce una reactivación del crédito en el segundo semestre, será difícil que las entidades salgan a disputarse a los ahorristas subiendo los rendimientos de los plazos fijos.

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