Apuesta económica: 2010 mejor, pero sin mayor derrame social

Por: Alcadio Oña

Un buen número de economistas considera que la recesión tocó fondo y que empiezan a asomar signos de mejoría. En cualquier caso, no es un fenómeno extendido a todos los sectores e incluso existen situaciones diferentes al interior de cada sector. Es, todavía, un cuadro más heterogéneo que definitivamente claro

Pero una cosa muy distinta es afirmar, como lo hace la ministra de Industria, que "la mayoría de los sectores productivos mostraron, en setiembre, niveles de recuperación que se asemejan a los de 2008". La propia Unión Industrial anota una caída del 7,9% respecto de setiembre del año pasado. Y la siderurgia, mencionada por Débora Giorgi, no es un buen ejemplo: en la misma comparación, la producción de acero está 20% abajo.

Por mucho esfuerzo que se haga con las estadísticas oficiales, los datos privados revelan un año claramente recesivo.

Entre enero y setiembre, donde el INDEC pone un retroceso industrial de apenas el 1,3% la UIA ve un bajón del 8,8%. En el mismo período, la producción de acero se desplomó un 36,9%. Los fabricantes de cemento estiman que cerrarán el año con una retracción del 8,4%. Y pese al visible repunte de los últimos meses, el sector automotriz aún arroja otra del 23,6% de enero a octubre.

Como se advertirá, son sectores con fuerte peso en la actividad económica. Y un dato que sintetiza el panorama completo es la demanda industrial de energía: cayó 9,2% en los primeros nueve meses del año.

Según algunos economistas, lo que sí ha comenzado a moverse es la actividad inmobiliaria. No la construcción misma, ni tampoco los precios: "Se está limpiando el stock", dicen o, si se prefiere, son ventas de aquello que ya existe y operaciones focalizadas. Al fin, algo asimilable a la fiestita financiera, al dólar parado, las expectativas de devaluación pinchadas y a la revaluación de los bonos.

La ministra de Industria calcula que en 2010 la economía crecerá entre 4 y 5 por ciento. En cierto sentido semejante a las estimaciones de varios analistas y, en la visión de otros, un exceso de optimismo. De todos modos, será al cabo un dato difícil de corroborar; simplemente, porque las estadísticas oficiales cuentan la película que el interventor quiere.

El punto, en realidad, es cómo derramará la mejora de la economía. Y aquí las expectativas privadas no dan como para entusiasmarse demasiado.

En principio, descartan un efecto serio sobre el mercado laboral. Primero, porque el empleo siempre demora en acompañar el repunte de la actividad. Luego, porque aún en la recesión se preservó capital de trabajo. Y, finalmente, porque las empresas parecen muy poco inclinadas a incorporar mano de obra: se manejarían con turnos y horas extra o, finalmente, con lo que ya tienen.

La mayoría de los analistas apunta a un 2010 con inflación sostenida. Y eso equivale a escasa mejora en el salario real, si es que en realidad no cae. O, en todo caso, a puja por los ingresos: Oscar Lescano, de Luz y Fuerza, ha tirado un piso del 20 % para la próxima paritaria del gremio.

Y a propósito de lo mismo, ya arrancó el jaleo con los salarios docentes. Los ministros de Economía provinciales, que pagarán la factura, ruegan al Gobierno que no pacte más del 10 % en la paritaria nacional. Eso significaría, llanamente, pérdida de ingresos reales.

Otro punto crucial es la pobreza. La experiencia demuestra que crece abruptamente en las épocas de recesión, así el INDEC lo niegue, y tarda en bajar cuando la economía se recupera: más, si la recuperación no es grande y la inflación empinada. Como es obvio, el propio Gobierno ha admitido que el plan hijos no resuelve el problema de fondo.

Nadie pronostica, por lo demás, un año de presión sobre el dólar. Ayudado por un fuerte superávit en el balance comercial, el Banco Central podría seguir manejando el mercado con bastante comodidad.

En cambio, todo el mundo descuenta un 2010 con turbulencias políticas. Tanto por lo que ya hay como por que se avizora en el camino hacia la contienda electoral. Y las expectativas políticas pesan mucho en una variable económica clave: la inversión privada.

Después de caer alrededor del 14 % en 2009, algunos centros de estudios calculan un leve rebote de entre 4 y 4,5 por ciento. La escasísima predisposición de los empresarios a arriesgar plata en proyectos nuevos sería, justamente, un subproducto de la incertidumbre y la ausencia de un horizonte claro.

Otra secuela de lo mismo es que, en caso de un aumento de la demanda interna, prefieran abastecerla con importaciones y no endeudarse en planes de inversión. Nada que no se sepa, por otra parte.

Un economista que conoce como pocos el interior de los sectores productivos incorpora al juego una visión cualitativamente diferente.

Dice: "Si los empresarios perciben el fin de un ciclo político, es probable que anticipen inversiones. Aunque continúe el barullo y no esté claro quién vendrá, puede que ya apuesten a algo diferente y más previsible".

Cada cual atiende su juego. El problema son las prendas que cargan sobre quienes no tienen ningún juego.

Comentá la nota