Los aprietes para ocultar la gripe A

Por D. Schurman.

Un funcionario ordenó a Ocaña frenar la difusión de datos en vísperas de los comicios. Con la discusión del número de contagios, el Gobierno ahora busca eclipsar la derrota en las urnas.

Aflojá con los datos –fue la voz indulgente que escuchó del otro lado del teléfono.

Graciela Ocaña venía anunciando los primeros números de la gripe A, pero desde la Casa Rosada estaban inquietos.

–¡Aflojá con los datos, Graciela! –insistió el alto funcionario.

A una semana de las elecciones, ninguna mala noticia debía poner en riesgo las chances del oficialismo.

–No sigas, bajá la información, en serio; si no, parece que estás trabajando para De Narváez –cerró el inquieto interlocutor.

La ex ministra de Salud ya había sido desautorizada en la última reunión de la Unidad Coordinadora Nacional, a la que había acercado una propuesta de cerrar las escuelas de manera preventiva.

–Por ahora no vamos a cerrar nada –le contestó ese día Sergio Massa al ingresar al Salón Sur. El jefe de Gabinete venía de reunirse en su despacho con Claudio Zin, el ministro de Salud bonaerense.

Ocaña quedó desencajada. Juan Carr, de la Red Solidaria, fue uno de los testigos del desaire.

El cierre de las escuelas ponía en riesgo el desarrollo de los comicios del 28 de junio. Ocaña comenzaba a ser una mala palabra en los pasillos del poder. Generaba apatía. Le achacaban falta de idoneidad.

La ex ministra suele repetir que Kathleen Sebelius, la secretaria de Salud del presidente norteamericano Barack Obama, tampoco viene del palo sanitario y que alcanza con estar bien rodeada. La propuesta que le llevó a Massa la hizo sobre la base de las conclusiones de su equipo de asesores, la gran mayoría de ellos médicos de trayectoria.

¿Los nombres? Mario Masana Wilson (director de Epidemiología de Buenos Aires), Raúl Forlenza (director de Epidemiología de la Ciudad de Buenos Aires), Daniel Farías y Lucrecia Raffo (Hopital Posadas), Gustavo Lopardo (Sociedad Argentina de Infectología) y Luis Camara (Sociedad Argentina de Medicina).

El grupo se completa con Carlos Luna (Asociación de Medicina Respiratoria), Héctor Laplume y Pablo Bonvehi (Sociedad Argentina de Infectología), Oscar Rizzo (Asociación Argentina de Medicina Respiratoria), Ángela Gentile (Sociedad Argentina de Pediatría), Vilma Savy (Sociedad Argentina de Virología), Jorge San Juan (Hospital Muñiz), Leonardo Sala (Hospital Posadas) y Ricardo Losardo (Jefatura de Gabinete de la Nación).

Sabiendo del avance de la gripe A, Ocaña debió patear el tablero y no lo hizo. ¿Temor a una titilación delatora? La ex ministra asegura que su renuncia hubiese "politizado la pandemia" debido a la campaña electoral. Por lo que haya sido, se equivocó. Nada prima por sobre la salud de la población y menos si se trata de un virus que mata.

Aquello que se privó de transmitir en público, lo hizo en privado.

El martes previo a los comicios fue a despedirse de Cristina Kirchner y quejarse de la humillación que le habían infligido varios integrantes del gabinete. El lunes regresó a Olivos con la renuncia redactada. El texto completo es el siguiente:

"Siempre he sido leal y sincera en una relación que, además de las causas compartidas, se ha basado en el compromiso y la confianza".

"Siento que en esta etapa, tal cual lo conversamos personalmente, usted debe elegir nuevos colaboradores que coincidan en los diagnósticos y decisiones. Por ello, presento mi renuncia indeclinable al cargo de ministra de Salud de la Nación con el que me honrara. Con la certeza de seguir compartiendo los mismos ideales, con el afecto de siempre".

El trato con la Presidenta fue gélido. Ocaña marcó el número de teléfono de varios ministros antes de partir. Sólo un par le devolvió el llamado. ¿Y Néstor Kirchner? El golpe de las urnas hizo que la ira se focalizara en los intendentes del conurbano.

El último fin de semana se mencionaba a Zin como sucesor de Ocaña. Pero Ginés González García, a quien tentó originalmente el matrimonio presidencial, recomendó a Juan Manzur. El ex ministro de Salud mantiene una excelente relación con Hugo Moyano y los denominados "gordos" de la CGT. Por eso el viernes su pupilo se tomó una foto con los "muchachos", los mismos

que vienen pidiendo la cabeza de Ocaña desde que ésta recortó subsidios a las obras sociales sindicales.

Con la instantánea, casi una rémora del pasado, el ministro envió un mensaje tranquilizador al camionero y socio K. Con las palabras, en cambio, causó pavor en la Casa Rosada: la admisión de la existencia de 100 mil casos de gripe A resultó una muestra palmaria de que se venían ocultando datos. Manssur niega en público lo que todos admiten en privado.

–¿Por qué se decidió tapar todo? ¿Por qué en pocos días se saltó de unos 1.500 casos a más de 100 mil? –preguntó Crítica de la Argentina a un diputado nacional de asidua concurrencia a la Residencia de Olivos.

–Entre una cifra y la otra estaban las elecciones. ¿Qué íbamos a hacer? Pero además no fuimos los únicos. Pregúntenle a Macri por qué recién ahora nombró a Palacios –hizo un parangón con una medida del jefe de gobierno porteño. Jorge "Fino" Palacios, procesado por la represión de diciembre de 2001 en la Plaza de Mayo y sospechado de encubrimiento en la causa AMIA, fue designado esta semana jefe de la Policía de la Ciudad.

La gripe A reveló una ostensible falta de coordinación entre los gobiernos nacional, provincial y municipal. ¿El revés electoral y la negación de los números quitaron autoridad al kirchnerismo para verticalizar las medidas desde la cartera nacional?

Los empresarios alertan ahora sobre el impacto económico de las medidas. No trepidaron en ejercer su poder de lobby para garantizar la continuidad de las actividades comerciales, artísticas y deportivas. El Shopping Abasto llegó al extremo de anunciar multas para aquellos locales que se negaran a abrir sus puertas.

Por su parte, la Secretaría de Turismo de la Nación se sumó a un monitoreo permanente del flujo de vuelos. Hasta el jueves reinaba la calma: la tasa de cancelaciones de los chárteres de Brasil no superaba el 25 por ciento. Saben de todos modos que el papel de los medios es crucial en la evolución de esos porcentajes.

No por nada Cristina se molestó con la prensa por la difusión de datos alarmantes de la gripe A, que, dicho sea de paso, fueron los que salieron de boca del propio Manzur. En cambio, la Presidenta evitó hablar del papel del Estado, que en vísperas de las elecciones manejó los números de los contagios con la tablita del INDEC.

La cruda realidad que expone la pandemia en estas horas resulta funcional al Gobierno: sumergirse en un imbricado debate sanitario parece mejor que hablar de la dura derrota electoral o de cambios de gabinete.

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