De aprietes y derrotas

La sanción de la ordenanza que regula la instalación de súper e hipermercados en el Partido de General Pueyrredon está pendiente del plazo que aún resta para su promulgación definitiva.
Se cae de maduro ya que Gustavo Arnaldo Pulti no la va a vetar, ni total ni parcialmente. Así se encargó de señalárselo el propio intendente a una pequeña representación de trabajadores municipales que reportan a Pedro Mezzapelle a las puertas del palacio municipal. Les dijo: “desde el punto de vista político es una herramienta que tenemos, pero no soy quién para pasar por arriba de esa decisión”.

El mensaje también llegó alto y claro a Champagnat y Alberti. Allí los escribas canallas de Florencio Aldrey (tal como se hace llamar ahora) se lamen las heridas del ego por su derrota. Porque es una derrota lo que les aconteció luego de tres semanas de aprietes: así hay que llamar a tapas, páginas 2 y 3, y columnistas bajando línea a los concejales y pretendiendo indicarles cómo votar.

La punzada mayor llegó en tono de burla por parte del más bizarro de los representantes en el Concejo, Juan Domingo “el Manu” Fernández, quien expresó: “es raro, me dicen que el diario (La Capital) nos habla (…) yo hoy le pregunté al diario qué hacemos, pero el diario no me contestó nada“, bromeó entre risas de los concejales presentes. “A mí el diario no me habla”, concluyó, y votó la ordenanza que FAI, Wal-Mart y su correveidile Jesús Porrúa pretendían voltear.

Llevan dos meses buscando la piedra en el zapato: el martes 21 La Capital publicaba que los concejales reunidos en la Comisión de Legislación analizaron reconsiderar la ordenanza, y no es cierto. No sólo no se trató la cuestión, sino que ni siquiera fue mencionada.

Es obvio que semejante derrota está destinada a dejar huellas. No alcanza la algarabía de la final de la Davis para tapar un fracaso que no será el fin de tanta miseria humana expresada en la política, pero es el principio del fin de un esquema extorsivo que se dio al calor de la disputa por el cobro de una tasa al borderó de los teatros impuesta por la UCR y el Partido Socialista Popular en la década del ’80. En 1987, Ángel Roig y los socialistas populares entregaban en una ordenanza el trofeo buscado: derogaron el cobro de esa contribución del 7%, que remitía directamente a las finanzas municipales.

No fue aquella una pérdida cualquiera: sembró la simiente perversa de que “si no salís en el diario no existís”. Los trece votos que aprobaron esta ordenanza de grandes superficies comerciales cortaron esta afirmación cobarde y rastrera. Cambiar significaría entregarse a un poder ilegítimo, bastardo.

Intentando pasar como un sujeto que merece protagonizar un rol social respetable, Jorge Trujillo, el pope de la UOCRA local, decía al salir del Concejo Deliberante: “vinimos como amigos, como trabajadores” y reconoció que los concejales se merecen el mayor de los respetos. Los Trujillo son, hoy por hoy, la patota de FAI, todos lo saben. Y también ellos fracasaron.

Minutos después de la votación, el concejal Diego Garciarena daba a conocer la posición de los bloques votantes de la ordenanza que La Capital y sus medios satélites quieren hacer aparecer como expulsora de capitales inversores en la ciudad, cuando en rigor de verdad es una norma que sólo busca regular el negocio de almacén dentro de las grandes superficies.

Esta derrota política de Florencio Aldrey, Jesús Porrúa, Adela Segarra, Osvaldo Lalanne y el bloque gerenciado por éste (Roca, Beresiarte y Filippini) está signada por la posibilidad de ser un punto de inflexión entre habitar o ser ciudadanos de Mar del Plata.

Hago votos por que no sea una excepción, sino el comienzo de una historia distinta.

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