El que apostó a un plazo fijo no tendrá mucho para celebrar en estas Fiestas

 El que apostó a un plazo fijo no tendrá mucho para celebrar en estas Fiestas
Los rendimientos para los ahorristas que guardaron su dinero en los bancos, desde los primeros días del año hasta la actualidad, no alcanzaron a ponerle el pecho a la inflación. El plazo fijo ganó adeptos en la segunda parte del año cuando, pasadas las elecciones, el dólar quedó planchado y dio lugar a la "bicicleta financiera". Pero esto, a la vez, dio margen a las entidades para recortar las tasas en más de 320 puntos básicos, con lo que los beneficios se terminaron esfumando
Dejar todo lo ahorrado en el banco puede que no haya sido este año la mejor de las decisiones. Como alternativa de ahorro o inversión, los plazos fijos volvieron a perfilarse durante la mayor parte de 2009 como una opción poco recomendable para los argentinos, que quedó visiblemente rezagada frente a otros instrumentos del mercado local (no demasiado sofisticados) como las monedas, los bonos o las acciones. Quien haya apostado, en los primeros días del año y hasta hoy, a los retornos que desde entonces ofreció el sistema financiero, podrá percibir en estas fiestas una capitalización bastante mezquina, de apenas 12,3%, que –tampoco esta vez– alcanzará para que pueda darle pelea a la inflación. Concretamente: quien haya empezado el año con un ahorro de $ 10.000, podrá retirar este miércoles del banco unos $ 1.230 adicionales.

"Es una opción, pero no me parece una inversión atractiva. Lo veo poco como instrumento de ahorro, y más como un instrumento transaccional para aprovechar excedentes temporales de fondos, dentro de una empresa, como puede ser el pago de sueldos, o una importación. El problema no es bancario, es macroeconómico: no tenemos moneda", comentó a este diario el analista de una consultora que dedicó todo el año a estudiar de cerca los números del sistema.

Para el cálculo, El Cronista consideró el retorno que habría percibido, a esta altura, un ahorrista que se tomó el trabajo de renovar todos los meses su depósito a plazo. Los primeros días del año le habrían dejado así los rendimientos más generosos, por las secuelas que por entonces habían dejado el colapso de Lehman, a nivel global, y la estatización de las AFJP, a nivel local. Por esos días, los bancos privados ofrecían una tasa anual de hasta 19,5% por los depósitos a 30 días mayores al millón de pesos (Badlar), que mensualizada no llegaba a superar el 1,5%. Pero ese retorno quedó reducido fuertemente el mes siguiente, al ubicarse desde entonces en un rango de entre el 12% y el 13% hasta la fecha electoral. "Fue la parte más riesgosa del año y por eso se pagaban tasas bastante altas", recuerda Juan Manuel O’Donnell, de Econviews. "Hubo rumores de que volvía el corralito, se decidió adelantar las elecciones y la tasa de depreciación del dólar llegó al 10%. Estar en un plazo fijo en enero y febrero, por ejemplo, implicaba asumir un costo", agrega.

El análisis de qué tan beneficioso pudo haber sido un plazo fijo en términos de inversión resulta complicado por la altísima volatilidad que en la primera parte del año debió soportar el mercado. El escenario dio un vuelco en el segundo semestre, una vez conocidos los resultados electorales, y desde entonces el plazo fijo pasó a convertirse a simple vista en una pésima alternativa para hacer crecer los ahorros. Las tasas entraron en picada desde mediados de julio, cuando la economía local empezó a notar una fuerte reducción en la fuga de capitales, y se vieron recortadas hasta hoy en 320 puntos básicos.

Aún así, el plazo fijo empezó a resurgir como una opción accesible para llevar adelante la llamada "bicicleta financiera". Las tasas planchadas en los contratos de dólar a futuro permitían a los grandes inversores aprovechar el diferencial que éstas tenían con los rendimientos en pesos. Vendían sus dólares al contado en el mercado, depositaban lo obtenido en un plazo fijo que rendía alrededor del 12%, y compraban simultáneamente un contrato de dólar a futuro (inicialmente sin mayor costo que una garantía del 10%) con una tasa implícita de 2,5%. El resultado era una ganancia (en dólares) de casi 10%, para nada despreciable si se consideran las tasas que se ofrecían a nivel global. Pero, en diciembre, esta operatoria quedó desactivada, una vez que Redrado decidió salir a comprar contratos a futuro a precios exorbitantes, con tasas que llegaron al 12%, y que superaron ampliamente el rendimiento que hoy ofrece el sistema (de 9,8%).

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