Aplicarán una nueva terapia para tratar el cáncer de próstata

Será en el Instituto de Oncología Angel Roffo; es para tumores malignos pequeños
Una técnica mucho más personalizada y breve de un tratamiento con "semillas" radiactivas contra el tumor maligno de próstata más frecuente permite que no queden zonas de la glándula masculina sin tratar ni que la radiación alcance los tejidos que la rodean.

Eso, a la vez, reduce el riesgo de que el paciente sufra los efectos adversos más temidos de este nuevo tipo de braquiterapia: la incontinencia urinaria y la disfunción sexual.

"Se está usando como monoterapia en pacientes de bajo riesgo con adenocarcinoma de próstata, que son el 90% de los cánceres [malignos] de próstata, cáncer prostático de bajo riesgo y con una expectativa de vida de por lo menos diez años, ya que los tumores prostáticos son de crecimiento lento. También se puede usar como un «refuerzo» de medio camino del tratamiento con radioterapia externa en los pacientes de riesgo intermedio o alto", explicó ayer a LA NACION la doctora Silvia Hansing, médica del Servicio de Radioterapia del Instituto de Oncología Angel Roffo.

La especialista acaba de llegar al país tras realizar una beca de tres meses de la Fundación Bunge y Born en el Hospital Ramón y Cajal, de Madrid, para aprender a utilizar la nueva técnica, llamada braquiterapia intersticial de alta tasa. Se llama así justamente porque utiliza una dosis de sustancia radiactiva (iridio-192) seis veces mayor que la que se usa habitualmente con la braquiterapia de baja tasa, que emplea otra sustancia (yodo-125).

Una vez que estén entrenados los especialistas locales y se haya terminado de organizar el "búnker" con los todos los equipos necesarios, que ya posee el Roffo, este hospital público estará en condiciones de estrenar el tratamiento en el país.

"No es el gold standard de las terapias disponibles para el cáncer de próstata, pero optimiza el tratamiento. Para mí, la braquiterapia sigue siendo una promesa. El uso del yodo sigue siendo tan efectivo como la radioterapia externa, pero esta nueva técnica es más exquisita aún", agregó la especialista.

Cápsulas diminutas

En ambos tipos de braquiterapia, la radiación se aplica a través de unas cápsulas o dispositivos diminutos que se colocan dentro de la próstata para tratar el cáncer. La principal diferencia entre ambas es que, con la nueva técnica, esas "semillas" se extraen del paciente una vez que finaliza cada sesión (ver infografía). Además, y no poco importante, los médicos y los técnicos no quedan expuestos a la radiación.

"Los implantes son transitorios y no permanentes, como en la braquiterapia de baja tasa; además, es más exacta y garantiza que la distribución de la dosis de radiación sea pareja en toda la próstata, según lo planificado, en lugar de quedar puntos «calientes», que tienen solución, aunque pueden causar molestias, y puntos «fríos», que son los que más nos importan porque indican que el tratamiento fue insuficiente como para matar al cáncer", precisó Hansing.

En el caso de las "semillas" permanentes, la sustancia radiactiva se libera lentamente hasta que las microcápsulas quedan inactivas. Durante ese año, aproximadamente, un seguimiento del antígeno prostático específico, o PSA, y otros estudios permiten controlar el curso del tratamiento.

En cambio, con la nueva terapia, el paciente debe permanecer internado durante 48 horas para colocarle las agujas, planificar el tratamiento y realizar las dos sesiones diarias de radioterapia.

"La dosis de iridio-192 dependerá, básicamente, del tamaño de la próstata de cada paciente y de la distancia entre las aguas -indicó-. Cada sesión dura entre 15 y 20 minutos y se necesitan por lo menos seis horas entre cada una. Los pacientes quedan internados con un analgésico común para evitar el dolor y, también, que las agujas se muevan de lugar. La ubicación de cada aguja es totalmente personalizada, dibujada por exografía sobre una plantilla."

Una vez finalizada la cuarta sesión, se extraen las agujas, se pone hielo para reducir cualquier inflamación, se controla que el paciente no sangre ni tenga dolor y que pueda orinar. Entonces, puede volver a su casa. "Se va y no emite radiación porque no lleva las semillas; el alcance de la energía es de centímetros", finalizó la especialista.

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