Aplaudan, aplaudan.

BOCA: El Loco hizo fútbol por primera vez. Jugó para el equipo titular y si fuera por él, estaría en Jujuy.
Primero salen Angel Celoria y Juan Manuel Alfano, ayudante de campo y preparador físico. Enseguida, Diego Rousse, el otro PF. La bolsa de pelotas y las pecheras naranjas esperan a un lado. Aparecen los arqueros, detrás los jugadores. Martín Palermo todavía está en el hall de Casa Amarilla, pero ya listo con la ropa de entrenamiento y los botines atados. Se hace desear. Uno a uno pasan sus compañeros. No falta ninguno cuando sale a escena. Entra último como las grandes estrellas y de la tribuna lo ovacionan. Y él saluda, en el día de su vuelta al fútbol formal tras 164 días.

Hay ansiedad. De un lado, para trabajar aparte, van los que jugaron en Mendoza. Y del otro, el resto con Palermo incluído. Estos últimos son 20 y no hay arqueros. Se viene el fútbol. El kinesiólogo Leo Betchakian le masajea los muslos mientras sus compañeros entran en calor. Se lo ve nervioso, como inquieto. "Y feliz, lo vi muy feliz", cuenta Dátolo, sentado en la tribuna como un hincha más. A su lado, Alvaro González, operado de la rodilla, ceba mate, asiente y mira como el Loco va y viene solo, estira con Morel y hace jueguitos, ya en el calentamiento.

En el reparto de pecheras, las naranjas van para los jugadores de la Reserva, reforzados con Calvo, Noir y Figueroa. A él no le toca ninguna, queda de azul, al igual que la formación titular. A su lado están Ibarra, Cáceres, Morel, Vargas, Battaglia, Riquelme y Palacio. Sólo faltan los que jugaron en Mendoza, como su amigo Abbondanzieri. Ischia le habla, él gesticula. Se muere de ganas de jugar. De jugar en la práctica y también el domingo. "Si fuera por él, jugaría con Gimnasia. Quiere estar ya", explican en el cuerpo técnico. "No hay forma de pararlo", agregan. ¿Vuelve? Con Newell's seguro.

Ya de entrada se muestra enchufado. Riquelme lo busca y se la devuelve de primera. Presiona a Calvo. Pica entre los centrales y la pide. Se tira atrás e intenta jugar. No pasan cinco minutos cuando Palacio lo ve ir al segundo palo y ahí le tira la pelota, pero le pica, le da en la rodilla izquierda y se va por arriba. Palacio va de nuevo por la derecha y él levanta la mano insistentemente, aunque el envío nunca llega. Al que sí le llega del otro lado es a Ricardo Noir, quien convierte el 1-0 para los pibes.

Al Loco se lo ve entero, todavía impreciso para controlar la pelota, pero entero y con hambre. Después de dejar a Ibarra mano a mano con un pase de taco, Morel lo busca en el segundo palo y gana el salto, pero cabecea a las manos del arquero. Se lamenta, aprieta el puño y lo revolea al aire. Quiere meterla, sí, aunque sea en un entrenamiento y él no sea un goleador de entrenamientos. Enseguida, Palacio lo deja solo de frente al arco, con la pelota picando y viene el gol... ¡Nooo! Se le eleva el toque y cae en el techo del arco. Se enoja más. Pero se le pasa pronto. El ensayo termina tras 50' y sonríe. Se tira al pasto, estira y vuelve a sonreír junto a Ischia y Palacio. Lamenta no haberla metido, porque el gol es lo suyo, pero sonríe. "Esperen que sume tres prácticas de fútbol", dice, como alerta de gol. Se lo ve feliz. Porque está de vuelta y ya no falta nada para que en un partido oficial reaparezca él y también el cantito a los goleadores: "Aplaudan, aplaudan...".

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