Apertura de la plaza Rivadavia Antecedentes de un intento siempre fallido

La idea de cortar la plaza es de alguna manera cíclica, y por algún extraño mecanismo se ha repetido, en promedio, cada dos décadas.
La plaza Rivadavia, antes de convertirse en un paseo en el sentido paisajístico-urbano y abandonar su condición de potrero del fuerte fundacional, contaba con una calle de tierra informal que la cruzaba por su centro, uniendo la avenida Colón con la calle Buenos Aires (hoy Hipólito Yrigoyen).

En 1904, cuando el arquitecto Augusto Flamant fue contratado por el intendente Rufino Rojas para realizar el primer trazado del espacio y adecuarlo como plaza principal, esa calle desapareció para siempre. Sin embargo, la idea de reabrirla se hizo presente a lo largo de todo el siglo XX, de manera cíclica, con la voluntad de mejorar el tránsito o con la intención de emplazar monumentos en su centro.

* La primera, para dar animación a las calles

En 1914 aparece la primera propuesta formal de abrir la plaza. Fue realizada por la Asociación de Fomento de Bahía Blanca, entidad formada por vecinos ocupados en diferentes problemáticas urbanas.

Ramón Olaciregui, Narciso Mallea, Francisco Cervini, Norman Geddes, Ernesto Parral y Patricio Harrington, entre otros, presentaron un informe al jefe comunal sugiriendo la apertura de la plaza para "facilitar el movimiento urbano y dar un poco de animación a las calles".

Se indicó, además, que ese tipo de reformas se estaba llevando a cabo en Buenos Aires y otras ciudades "que abren sus grandes plazas al tráfico urbano".

La segunda propuesta sobre la cuestión mantuvo los lineamientos del trazado aunque varió sus argumentos. Fue presentada en 1927. en el seno de la comisión Pro Centenario, responsable de organizar los actos de los primeros cien años de la ciudad.

Enrique Julio, Aquiles Carabelli, Luis Dumortier, Norman Geddes y Adriano Pillado estudiaron entonces la posible ubicación del monumento a Rivadavia.

"Entiende esta comisión que la mejor ubicación que puede darse a esa obra es la plaza. Para ello proyecta dividirla uniendo Buenos Aires (actual Yrigoyen) con la avenida Colón, de modo de establecer una rotonda en el centro donde se ubicaría el monumento", expusieron.

La idea fue bien recibida por el intendente Ramón Ayala Torales, quien entendió que esa intervención "embellece el paseo y despeja la perspectiva del barrio". La concreción del monumento no se logró entonces y la apertura quedó en los papeles.

* Más monumentos

En 1938, nuevamente la posible terminación de la obra a Bernardino Rivadavia volvió a motivar la apertura de la plaza. Esta vez fue el concejal Juan Kiernan quien planteó "la prolongación de la calle Buenos Aires hasta la avenida Colón", manteniendo el ancho de la avenida. Esta apertura obligaba a reubicar la Fuente de los Ingleses y el monumento de los Israelitas.

Kiernan afirmó que la apertura daría "una gran perspectiva a la avenida Colón, constituyendo un efectivo progreso urbanístico", citando intervenciones similares concretadas en la plaza Sarmiento, de Rosario, y Lavalle, en Buenos Aires. Como Rivadavia volvió a "desairar" a la ciudad, la propuesta no prosperó.

Recién en 1954 el tema volvió al tapete, esta vez de la mano del ingeniero Norberto Arecco, quien cumplía su segundo mandato como jefe comunal electo.

La propuesta, elevada al Concejo Deliberante, fue más ambiciosa. La prolongación de la avenida Colón, por entonces llamada avenida Eva Perón, buscaba "contribuir a la urbanización del paseo", y creaba dos nuevas plazas. La calle central mantendría el monumento a Rivadavia, mientras que la Fuente de los Ingleses se trasladaría a la plazoleta Roberto J. Payró, vecina la teatro Municipal, y el de los Israelita a la plaza 9 de Julio (actual plaza Brown).

Pero la verdadera razón de ser de la intervención, que reflejaba, al decir de Arecco, "el sentir unánime de la población toda", era trasladar al lugar el monumento del general José de San Martín ubicado en el parque de Mayo.

Así, una de las nuevas plazas tomaría el nombre de "Argentina" y la otra pasaría a llamarse "San Martín". Allí se construiría un elevado pedestal de piedra cuyo remate sería la mencionada estatua del Libertador.

Si bien el proyecto contaba con el "franco y decidido auspicio de las Fuerzas Armadas y el Instituto Nacional Sanmartiniano", Arecco no concretó el proyecto.

* Manuel Vallés, paso y estacionamiento

Transcurrieron 15 años, hasta 1962, en que un nuevo titular del Ejecutivo, en este caso el comisionado municipal Manuel Vallés, planteó nuevamente la idea de abrir la plaza.

Vallés elaboró su propio proyecto, organizando una calle con dos manos de circulación y espacio para el estacionamiento vehicular.

Las voces en contra fueron inmediatas. El arquitecto Manuel Mendoza, docente de la UNS, fue uno de los primeros en opinar.

"No nos conformamos con el desorden reinante, sino que seguimos seccionando, abriendo más y más calles, paliativos que, según está probado, no resuelven nada. La prolongación de la avenida Colón en lugar de simplificar un problema de circulación lo complicará", señaló el profesional.

Varios vecinos se opusieron entonces entendiendo que resignar una franja de la plaza en favor del automóvil significaba perder parte del refugio destinado "al sosiego, el paseo, la conversación, el descanso y el juego de niños".

Unos días después, Vallés desistió de su intento. "No llevaré adelante un proyecto en el que no hay unanimidad. Dejaremos esta idea a estudio de la oficina del Plan Regulador", argumentó.

* Di Meglio: para que los

autos "no nos pasen por arriba"

El último en proponer de manera concreta la apertura de la plaza Rivadavia fue el concejal Heriberto di Meglio, de la Unión del Centro Democrático. Su idea era convertir las veredas existentes entre Chiclana y San Martín en dos calles de circulación vehicular, "ligando dos avenidas (Colón y Alem) y descongestionado el centro".

Di Meglio explicó que su pensamiento intentaba anticiparse a un hecho futuro, el congestionamiento vehicular, sobre el cual, mencionó, "nos van a pasar los autos por arriba". Y fue por más en sus conceptos: "Es preferible la grandeza de estos actos a morir apretados en la miseria", señaló.

Las voces de oposición fueron inmediatas. Una de ellas fue la del concejal oficialista Juan Carlos Scheffer, quien manifestó como un error "privilegiar al tránsito automotor por sobre el peatón".

También se opuso el edil Luis Botazzi, quien definió al proyecto como "infortunado", diciendo que el mismo "nació del personalismo" y no de "un análisis de las conveniencias de una comunidad".

Como se advierte, la idea de cortar la plaza es de alguna manera cíclica, y por algún extraño mecanismo se repite, en promedio, cada dos décadas. De mantenerse, no volveremos a ocuparnos de la cuestión hasta el año 2029.

Comentá la nota