Apenas el comienzo

Por Joaquín Morales Solá

Algunos mensajes de la sociedad están siendo recibidos por la oposición. El estilo del matrimonio Kirchner, más vehemente y avasallador desde la derrota de junio, se convirtió en una deuda política de los gobernantes, pero también de sus adversarios. ¿Qué hicieron éstos para ponerle cierto límite a esa administración conjunta de la Nación? ¿Por qué fracasaron los opositores mientras protagonizaban un desfile, a veces inaguantable, de vanidades? Esas preguntas encierran la síntesis (molesta) de gran parte de la reflexión social.

El plazo del 10 de diciembre se aproxima. Una alta fuente opositora se sorprendió en los últimos días porque había escuchado con demasiada frecuencia la posibilidad de que la gente común termine estallando de igual modo contra el Gobierno y sus adversarios. Quizás por eso, el conjunto de la oposición inició un camino lento, necesariamente arduo y difícil, para cumplir con el primer objetivo que tiene: impedir que Néstor Kirchner continúe con su cruzada contra todas las instituciones y contra cualquier sentido de la vida democrática.

La coincidencia sobre la integración de las comisiones puede parecer poco, pero no lo es. El manejo de las comisiones parlamentarias en el Congreso (el 63 por ciento en manos de la oposición y el 37 por ciento en poder del oficialismo en Diputados, según el proyecto consensuado) expresaría, en primer lugar, la exacta relación de fuerzas que existirá en adelante. Pero también le permitiría a la oposición los indispensables despachos de comisiones para que los proyectos puedan ser tratados en el recinto. Cumplidos todos los requisitos reglamentarios, la oposición estará en condiciones de autoconvocar a las cámaras si el oficialismo se negara a convocarlas.

Existen proyectos más ambiciosos. Nadie ha descartado todavía la pelea por las presidencias de la Cámara de Diputados y del Senado. Así como todos los números cierran para la oposición cuando se trata de la composición de las comisiones, las cifras comienzan a vacilar cuando se negocia la titularidad de los cuerpos o la prórroga de las sesiones ordinarias por parte de los legisladores.

Mauricio Macri y Felipe Solá son los más entusiastas defensores de la elección de un opositor en la presidencia de los diputados. Los radicales han abandonado el respeto a la vieja tradición según la cual el oficialismo debe retener la presidencia de los cuerpos parlamentarios. "Kirchner ha logrado hasta que el radicalismo se olvide de la tradición republicana", suele ironizar un empinado exponente de ese partido. La pregunta que los radicales no se han respondido aún es por cuántos votos podrían ganar esa elección. "¿Para qué nombrar a un presidente de la Cámara de Diputados que podría fracasar por falta de adherentes al poco tiempo?", dicen los líderes radicales.

Sin embargo, son la Coalición Cívica de Elisa Carrió y los socialistas los que más se oponen a ese proyecto, porque sostienen que podría ser entendido como golpista en momentos de enorme fragilidad del Gobierno.

En el Senado

Tampoco es probable que en el Senado la oposición pueda elegir a un presidente provisional propio en lugar del peronista José Pampuro, que cuenta con el respeto de los adversarios al Gobierno. El próximo presidente radical, el senador Ernesto Sanz, lanzó la idea de un presidente provisional de la oposición para dar un golpe sobre la mesa y terminar de contar cuántos senadores están de un lado y del otro. Quería nada más que eso.

El Senado no será un paseo para el oficialismo de ahora en más. Bordeará el empate muchas veces durante el próximo año. Es una advertencia para los opositores que reclaman la renuncia de Julio Cobos, que tendrá la misión de desempatar. ¿Les conviene que se vaya antes de tiempo? En tales condiciones, es imposible la elección de un presidente opositor de la cámara alta o la prórroga de las sesiones ordinarias por parte del Congreso.

¿Poco? No. La oposición en el Congreso se está asegurando el control del trámite legislativo, que es un paso importante para la reconstrucción de la institución parlamentaria. Podrá haber deserciones hacia el oficialismo, pero serán más escasas. Muchos legisladores actuales fueron elegidos con el mandato social de ser opositores; las traiciones serán imperdonables. Y Kirchner se está quedando sin caja para cooptar gobernadores y legisladores. Con todo, la política es el mayor problema del oficialismo: un acercamiento a los Kirchner significa ya el fin de cualquier carrera política.

Comentá la nota