Apareció Bush defendiendo Guantánamo

El ex presidente norteamericano criticó la intervención en la economía y el cierre del penal que alberga sospechosos de terrorismo, al tiempo que defendió la tortura en interrogatorios.
Luego de meses de silencio, el ex presidente de Estados Unidos George W. Bush apareció y criticó las políticas de su sucesor, Barack Obama. Su retórica, sus temas y sus argumentos consistieron en munición republicana clásica, con la economía, la seguridad nacional y la reforma de salud como blancos preferidos.

El auditorio estuvo compuesto por hombres de negocios de la pequeña localidad de Erie, en Pennsylvania, y ante ellos Bush comenzó por criticar la actual estrategia de Obama de intervenir en la economía, ya que, para el republicano, la clave para lograr una recuperación económica pasa por el sector privado y no por la inversión pública del Estado.

"Déjenme decirles una cosa: ustedes saben gastar su dinero mucho mejor que lo que lo puede hacer el Estado", les aseguró Bush a los empresarios, que aplaudieron la consigna al unísono.

Sin embargo, cuando alguien le preguntó por qué había aprobado el plan de rescate a los bancos que implicó el desembolso de cientos de miles de millones de dólares, Bush replicó que lo hizo siguiendo el consejo de sus asesores en la materia, quienes según el ex presidente le habrían advertido que, de no hacer nada, la crisis podía llegar incluso a ser mayor que la de 1929. "Seguí el consejo de los expertos", se limitó a señalar.

Acto seguido, el mandatario abordó su tema preferido: la seguridad nacional y, en ese momento, no sólo no dudó en volver a defender el uso de los métodos de tortura durante los interrogatorios a sospechosos de terrorismo, sino que insistió en que el plan de Obama de cerrar la cárcel de Guantánamo era una mala idea.

"En Gitmo (abreviatura por la que se conoce en Estados Unidos a Guantánamo) hay gente encerrada que no dudaría en salir a matar norteamericanos si les diéramos la oportunidad. No hay persuasión posible con estos individuos", aseguró Bush.

Por último, Bush habló del sistema público de salud y fustigó las intenciones de Obama de universalizar una cobertura médica básica en un país donde alrededor de 40 millones de personas no tienen servicio médico alguno. "La opción por lo público que se está tomando es errónea. Nacionalizar la salud no es la respuesta", estimó el ex ocupante de la Casa Blanca.

No obstante, y a pesar de considerar equivocadas muchas de las políticas del actual mandatario, Bush aclaró que no iba a opinar sobre Obama en tanto presidente. "No voy a criticar a mi sucesor, no es correcto", explicó.

Desde que dejó su cargo en enero, Bush adoptó un perfil más bien bajo: optó por mantenerse alejado de la primera plana de la escena política, se mudó a una zona residencial de Dallas y realiza algunos viajes por el país para dar conferencias, lo que, según fuentes en Washington, es muy apreciado por la actual administración demócrata que, consultada sobre los dichos de Bush, eligió no hacer comentarios.

El que fuera su vice, Dick Cheney, eligió en cambio adoptar una postura bien distinta: desde que abandonara su oficina en Washington, Cheney se convirtió en una de las principales voces críticas de la actual administración en materia de seguridad nacional, recorriendo think tanks por la capital y canales de televisión a lo largo de todo el país donde expone su visión de que buena parte de las decisiones que toma Obama en el área hacen de Estados Unidos un lugar más inseguro y vulnerable frente a posibles ataques terroristas.

Sin embargo, el alto perfil de Cheney, al menos en estos momentos, no parece gustarles a todos sus correligionarios. De acuerdo con legisladores republicanos de ambas cámaras citados bajo anonimato por The Washington Post, muchos estarían pidiéndole al ex compañero de fórmula de Bush que no se exponga tanto.

Y es que, según la última encuesta que circula en Washington realizada por la cadena NBC y Wall Street Journal, apenas un 26 por ciento de los consultados declaró estar de acuerdo con los puntos de vista de Cheney, en tanto un 48 por ciento dijo sentir rechazo o profundo desacuerdo con las palabras del ex vice.

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