Apareció Bergara en la casa de un policía y buscan a un ex oficial.

Sus captores lo abandonaron en una vivienda de El Pato, que es de un subteniente de la Bonaerense que quedó detenido. Ayer hubo diez operativos para dar con un miembro de la misma fuerza que fue exonerado y al que consideran clave.
Gracias, gracias, gracias". Leonardo Bergara (37) lo repetía entre angustia y alegría cuando vio a las primeras autoridades judiciales y policías bonaerenses que lo encontraron en su último lugar de cautiverio, en una casa a medio terminar en el barrio El Pato, de Berazategui. Estaba sano y salvo, pero abatido psicológicamente después de 33 días de estar maniatado y encapuchado. En todo ese tiempo no se había bañado. Tenía la barba crecida al igual que el cabello y las uñas (de más de un centímetro de largo). Tenía, también, hambre, mucho hambre. De allí, directamente, fue a la Fiscalía Federal de Quilmes, donde lo esperaba la fiscal Silvia Cavallo. Ahí comió una milanesa napolitana con agua saborizada de pomelo. Lo revisó un médico clínico y un psicólogo, se abrazó con parte de su familia y empezó a contar su odisea. Le llevó más de cinco horas.

Al mismo tiempo que Leonardo declaraba, se realizaban allanamientos y rastreos en la zona sur del Gran Buenos Aires y en la Costa Altántica, muy cerca de Pinamar, donde se pagó el rescate (200.000 dólares y joyas). Hubo al menos diez operativos grandes.

Los investigadores del caso, por orden de la fiscal y el juez federal Luis Armella, buscan a quien consideran una pieza clave en el entramado del secuestro: se trata de José Pardini, un ex oficial exonerado de la fuerza en la época de León Arslanián y en cuya casa de Florencio Varela se encontró un Renault 9 que está siendo peritado porque se cree que en él fue trasladado Bergara el día de la captura. También están tras la pista de otros dos policías prófugos, ambos en actividad. Algunas versiones dicen que una es mujer.

El fin del calvario del empresario comenzó ayer, cerca de las ocho de la mañana. Alguien llamó al 911 dando la dirección de la casa: calle 539, entre 635 y 636. ¿Quién dio el alerta? La primera versión hablaba de un vecino. Pero el ministro de Seguridad Bonaerense, Carlos Stornelli, aseguró que fueron los mismos secuestradores.

Una comisión policial fue hasta el lugar. Golpeó la puerta y nadie respondió. Había un candado que no permitía la entrada. Los agentes gritaron. Y del otro lado llegó una respuesta.

--Soy yo, soy Bergara, ¡Bergara!

--¿Puede salir de dónde está?

--No, no... Estoy atado.

Cuando escucharon esa voz desesperada y cansada, los policías llamaron a la fiscal Cavallo. Les dio autorización para romper el candado y entraron a la casa. Encontraron a Bergara encadenado a la cama.

Según se supo más tarde, no había estado siempre ahí: los secuestradores lo trasladaron varias veces sin que él pudiera ver hacia dónde iba. A la casa de El Pato llegó recién en las primeras horas del sábado.

La alegría por la liberación de Bergara estuvo acompañada por la sorpresa: la vivienda en que lo hallaron pertenece a un policía que trabaja en el servicio de calle de El Pato. Se trata del subteniente Jorge López, que lleva 20 años en la fuerza. Anoche estaba detenido. También fueron demorados tres albañiles que trabajaban en la construcción de la casa.

Todavía no está claro si López está o no involucrado en la causa, pero Stornelli adelantó que va a tener "que dar las explicaciones del caso". Lo que sí está claro es que se apuesta firme a la pista policial. El juez Armella ya procesó por secuestro extorsivo a dos oficiales de la Bonaerense: el teniente Víctor Vega (de la Jefatura Distrital Berazategui) y el teniente Maximiliano Costa, jefe de calle de la comisaría de Quilmes. A ambos lo comprometen llamados recibidos desde teléfonos investigados.

La hipótesis más firme es que la banda que secuestró a Bergara es mixta: es decir, está integrada por civiles y policías o ex policías. Hablan de "mano de obra desocupada", incluso de miembros de otras fuerzas de seguridad que no son la Bonaerense. También, de ex convictos con experiencia en secuestros que fueron recientemente liberados.

De todos modos, las incógnitas siguen siendo muchas: ¿por qué hablarían con un policía involucrado desde el mismo teléfono con el que negociaban el rescate con la familia? ¿Puede un suboficial que forma parte de la banda llevar a la víctima a su propia casa? Hay muchos que creen que, detrás del secuestro propiamente dicho, se juegan las cartas de una interna policial.

Leonardo Bergara volvió a su casa de Ranelagh ayer a las seis de la tarde. Su deseo: tener una vida normal, después de más un mes de incertidumbre. Hace una semana, cuando los secuestradores le ofrecieron a su familia la segunda prueba de vida, le obligaron a dar las noticias de los diarios. "No leí nunca nada. Siempre estuve encapuchado", contó ayer. Pero aquella vez, además de repetir lo que le decían y como un gesto desesperado, alcanzó a gritar: "Paguen, por favor, que yo después ayudo a recuperar la plata".

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