Si no aparece Mandrake, crece el "riesgo Cristina Kirchner"

Por: Willy Kohan. Amedida que se acercan las fechas de la definición electoral, y según van pasando las semanas, y se va complicando cada vez más la economía en el final del actual mandato del presidente Mauricio Macri.

El mundo económico de la Argentina (empresarios, inversores, cuentapropistas y todos aquellos que toman decisiones sobre la economía diaria), comienzan a preguntarse, cada vez con mayor preocupación, en qué condiciones políticas y económicas llegará el país a las elecciones y al 10 de diciembre. Sobre todo, cuáles serán los caminos y qué medidas puede adoptar el próximo gobierno para enfrentar la realidad económica y política que tendrá que administrar.

La incertidumbre y el desajuste fiscal y financiero es de tal envergadura que la crisis de confianza no será fácil de disipar, aún si se diera la improbable reelección de Mauricio Macri. La perspectiva más probable, el triunfo de Alberto Fernández, incorpora la dificultad de las expectativas, porque el exjefe de Gabinete de Kirchner carga con el Veraz de la gestión de Cristina en materia económica. Sobre todo, el estatismo más extremo del segundo mandato, con la inflación, el cepo, el atraso tarifario y el enfrentamiento con EE.UU. y los acreedores por el default nunca resuelto.

Se agrava el cuadro para el futuro, porque aquellas realidades económicas tan negativas que caracterizaron al gobierno de Cristina hoy reaparecen en el epílogo de la era Macri, cada una de aquellas tragedias para el desarrollo económico y el progreso: la inflación, el control de cambios, el atraso tarifario y el anuncio de que no se puede pagar la deuda, lo que dará lugar a otro largo camino de default para la Argentina en lo inmediato.

La mayoría de los especialistas supone que las medidas irán profundizando los controles, de modo de preservar las reservas para garantizar los depósitos en dólares. Hasta ahora, lo único que funciona y ha frenado los retiros de dólares de los bancos.

También está claro que la Argentina no pagará su deuda. Hasta que se empiece a resolver ese problema, el país estará sin crédito. Y sin ingreso de dólares nuevos en forma voluntaria, porque nadie trae dólares a un país que no deja luego salir los capitales.

El déficit fiscal este año ya se calcula en no menos de 1%, según los economistas más serios, y los compromisos de deuda del año que viene alcanzan unos US$25.000 millones. El acuerdo con el FMI que habrá que renegociar reclamaba creciente superávit fiscal desde 2020.

La inflación anualizada hacia diciembre podría acercarse a tres dígitos y nadie sabe a ciencia cierta cómo se resolverá la bola de nieve de pesos que está narcotizada al 60% u 80% anual entre plazo fijos, Leliq que tienen los bancos para respaldar los depósitos, y bonos en pesos que vencen de ahora y hasta fin de año. La expectativa de nuevas y mayores devaluaciones es inevitable lo cual, junto a la dinámica política de la transición, paralizan todavía más las decisiones económicas.

Además, se pesificaron las tarifas y los precios para el gas, la electricidad y las naftas, en este último caso poniendo en severo riesgo el polo productivo de Vaca Muerta. Con lo cual, el próximo gobierno hereda un importante atraso tarifario y un esquema de pesificación en la energía muy complejo de resolver.

Casi como una pesadilla Mauricio Macri le deja al próximo gobierno parte de lo grave que encontró al llegar en materia macroeconómica: cepo y control de cambios, default con acreedores sin juicios de bonistas por el momento, precios atrasados en tarifas y combustibles, barril criollo desfasado 50% de los precios internacionales y un gasto público multiplicado e indexado en el sistema de jubilaciones y prestaciones sociales. Además, con las organizaciones piqueteras más consolidadas, mejor financiadas y más organizadas para resistir en las calles.

¿Cómo enfrentará Alberto Fernández semejante desafío? La crisis económica y financiera que herede si gana las elecciones podrá ser mayor o menor a la recientemente descrita, con más o menos controles sobre el dólar y el sistema financiero para evitar el drama de sucesivas devaluaciones y el peligro de que se espiralice aún más el proceso inflacionario.

La suerte de Alberto Fernández como presidente si finalmente es electo dependerá mucho de cómo le vaya con la economía y los reclamos sectoriales en el arranque de su mandato. Se presume que será decisivo a la hora de medir el rol que podría tener en el futuro Gobierno la expresidenta Cristina Kirchner y los sectores más de izquierda que la acompañan en los movimientos sociales y la provincia de Buenos Aires con Axel Kicillof en la gobernación.

En materia política, las últimas novedades no son muy alentadoras. A los anuncios de Cristina sobre promover el debate para una reforma de la Constitución que incorpore un "nuevo orden" y un "nuevo contrato social", se sumó esta semana el insólito respaldo que el candidato Alberto Fernández presentó sobre la actuación de un juez federal contra un periodista, el caso de Daniel Santoro en la causa de espionaje que lleva el juez Ramos Padilla. A Santoro se lo amenaza con la cárcel por las notas que publica con su firma. Ingresaríamos entonces los ciudadanos en una nueva era: la de la libertad condicional.

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