Los anuncios del G-20 contra los paraísos fiscales quedaron en nada

En la lista negra había 4 países. Prometieron reformarse y ahora ya no serán castigados.
Cinco días después de que los máximos dirigentes mundiales, reunidos en Londres en la cumbre del G-20, anunciaran con bombos y platillos sanciones para los paraísos fiscales que se negaron a abandonar sus prácticas, la lista negra preparada por la OCDE dejó de existir.

Aunque algunos investigadores calculan que los paraísos fiscales superan el medio centenar, apenas cuatro países integraban la lista negra de la OCDE: Costa Rica, Filipinas, Malasia y Uruguay.

No obstante, esa lista quedó vacía en cuanto los cuatro señalados se apresuraron a prometer oficialmente buena conducta, lo que les valió - sin más examen- pasar a la abultada lista gris, donde ya figuraban 38 países sobre un total de 84 estados y territorios analizados por la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico. Así lo anunció ayer en París, el mexicano Angel Gurría, secretario general de esa organización.

Austria, Bélgica, Luxemburgo y Suiza, todos ellos miembros de la OCDE y los tres primeros también de la Unión Europea se mostraron disgustados por haber sido puestos en el mismo nivel de notorios refugios fiscales como Andorra, Gibraltar, Liechtenstein, Panamá o las islas Bahamas, es decir, de aquellos estados y jurisdicciones que "se han comprometido a aplicar las normas fiscales internacionales estándar, pero todavía no las han aplicado ampliamente".

Brunei, Chile, Guatemala y Singapur aparecen como "otros centros financieros" para diferenciarlos de los paraísos fiscales tradicionales.

No hay una lista gris claro y otra gris oscuro, sólo un único y espeso gris.

Gurría, negándose a aceptar la definición por colores -"Aquí somos daltónicos", bromeó-, remarcó que sólo hay tres listas: la de quienes cumplen, la de quienes se han comprometido a hacerlo y la de quienes ni una cosa ni otra.

Esta última es la que ayer desapareció por completo.

Los criterios aplicados por la OCDE para calificar a los alumnos buenos y a los mediocres -puesto que malos ya no hay- han sido ampliamente contestados, y lo siguen siendo. Ayer mismo, la ministra suiza de Asuntos Exteriores, Micheline Calmy-Rey, desacreditó las listas afirmando que los criterios aplicados "son políticos".

Austria y Luxemburgo han hecho objeciones parecidas: "Me parece un poco incomprensible el trato que se da a ciertos estados", se quejó ya el pasado viernes el primer ministro luxemburgués - y presidente del Eurogrupo-,Jean-Claude Juncker.

Gurría defendió ayer el trabajo de la OCDE, recordando que las listas son elaboradas desde hace varios años y que siempre -ahora también- se han aplicado los mismos criterios, básicamente el número y calidad de los acuerdos de cooperación fiscal suscritos por cada país.

"No hemos hecho nada nuevo. Es la misma información leída y recibida con una actitud diferente", afirmó.

Gurría, visiblemente incómodo, tuvo más dificultades para justificar por qué Estados Unidos, Gran Bretaña y China están en la lista blanca, cuando en su interior tienen territorios que actúan como paraísos fiscales - el estado de Delaware, las islas anglonormandas (Jersey), la isla Man, Macao y Hong Kong- y por qué se mete en el mismo saco a estados respetables y paraísos fiscales.

"Es cierto que hay algunas jurisdicciones que se comprometieron hace años y no han avanzado lo suficiente", admitió.

Gurría se mostró confiado en que el movimiento desencadenado por el G-20 acabará obligando a los más renuentes a sumarse al consenso internacional, haciendo inútiles las sanciones. "Si tuviera que aplicarse sanciones, sería un fracaso para nosotros", zanjó.

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