El antiviral oseltamivir, una década atrás

Hace una década fui testigo y partícipe de los estudios de mercado donde se analizaban las posibilidades comerciales del oseltamivir, el antiviral que aprendimos a pronunciar desde que se desató la pandemia de gripe A. Por aquel entonces yo trabajaba en el diario La Razón, donde escribía una columna sobre historias surgidas de los avisos de los diarios. Para muchas de las notas actuaba como cronista encubierto.
A partir de un anuncio que pedía personas para participar de encuestas pagas, a mediados de 1999 llamé a un número telefónico y fui atendido por una mujer que sólo se identificó por el nombre de Susana, quien se despachó con un interrogatorio casi policial: edad, estado civil, nivel de estudios, ¿casa propia o inquilino?, ¿auto?, ¿tarjeta de crédito? Todo lo necesario para ubicar al individuo en la escala social. Seis meses después de esta charla, sonó el teléfono en mi casa.

-Me están pidiendo hombres que hayan tenido gripe el invierno pasado -anunció la misma mujer.

-Sí, yo tuve una tremenda -exageré.

La cita fue en una casona de Belgrano, donde funcionaba una consultora de opinión pública y análisis de mercado. Un hombre con aspecto de abuelo compinche coordinó el grupo, integrado por 12 varones de entre 27 y 56 años. Todo fue registrado en un grabador situado en el centro de la mesa. El encuentro duró una hora por reloj y en su transcurso se desgranaron experiencias personales con respecto a la gripe. La mayoría de los entrevistados coincidió en que no podía parar de trabajar aunque se enfermara. Ante los primeros síntomas, tomaba antigripales o descongestivos de venta libre.

Más adelante, tuvimos que responder qué nombres de antigripales recordábamos, y qué opinábamos de las publicidades.

Finalmente, el coordinador nos habló de un nuevo medicamento que se daría a conocer en el invierno siguiente, o sea en 2000. No era otro que el Tamiflu. Nos mostraron distintos bocetos de una publicidad gráfica y dimos nuestro veredicto sobre cuál nos parecía mejor. En realidad eran todos muy parecidos y giraban alrededor del slogan "Tamiflu corta la gripe". Había una tijera que interrumpía una secuencia de siete días en el día tres. El color predominante era el amarillo.

A medida que salíamos a la noche, los encuestados recibimos de manos de una secretaria un sobre blanco.

En su interior había 20 pesos.

Por: José Montero. Periodista.

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