El antifútbol.

ESTUDIANTES 1 - HURACAN 1: Sin apelar a artimañas, el Pincha frenó el juego del Globo con más fútbol. Los de Cappa empataron con su estilo y pelean arriba.
¿Cómo frenar el buen juego rival? Por caso, suele recurrirse a malas artes, juego brusco, a colgarse de cuanta artimaña ande por ahí. También se puede oponer más fútbol para superar al fútbol.

Alejandro Sabella eligió guardar a siete titulares para descargarlos en la Copa. Pero Juan Sebastián Verón no faltó a la gran cita. A la Bruja la ovacionó con el corazón en llamas, esa mitad de La Plata que se lanzó a un desafío ideológico, que tomó el partido como si fuera el lance entre dos estilos antagónicos, en definitiva, entre el bilardismo y el menottismo. Fueron ellos quienes ubicaron a Angel Cappa como el enemigo ocasional y enfrentaron a la hinchada que colmó la popular de enfrente como los habitantes de una vereda antagónica.

Más por más. El entrenador del Pincha, en cambio, decidió doblar la apuesta. Decidió que su antifútbol sería más fútbol, mejor fútbol. Claro, dejó la cuestión en la sabiduría de Verón, en su criterio, en su manejo, en su exquisita pegada. Nada novedoso, se podrá argumentar. Tampoco lo es que a equipos como Huracán, de tan buen trato de pelota, lo indicado en los manuales es quitársela, jugarla en provecho propio. Entonces, la Bruja estuvo rodeado de una dinámica colectiva impresionante. Tuvo a su derecha a un dúo profundísimo: Galván-Angeleri y a su izquierda a otro par, menos limpio, Iberbia-Díaz. Tuvo a Calderón movedizo. Tuvo a un equipo muy compacto. Sí, logró quitarle la pelota a Huracán, se la mostró, se la jugó, la llevó de un lugar a otro, por momentos con vértigo, por otros privilegiando la precisión. Durante el primer tiempo le metió media docena de ocasiones francas. Sólo le hizo un gol. Su gente se aferró al desafío y se pasó el entretiempo mofándose de su adversario, no advirtiendo que su propio equipo, que Estudiantes le pagaba a Huracán con la misma moneda, con fútbol. Con juego atildado.

Golpe a golpe. Nada más merecido que la ventaja para el Pincha, que sólo había recibido algún susto esporádico en la primera mitad. Nada menos parecido a ese Estudiantes del primer tiempo, que el del segundo. Y nada más conocido que la porfiada intención futbolera del Globo, aún en la mala. Cappa, no fue sorpresa, optó por intentar contrarrestar el buen juego del Pincha, con su buen juego de siempre. Al fútbol lo enfrentó con su antifútbol.

Así, ese Pincha con menos energías de la segunda etapa se paró a aguantar y a definir de contra. Así, el Globo, con las intermitencias de Pastore como eje creativo y con Bolatti poniéndose el equipo al hombro, buscó casi con desesperación un resquicio que recién encontró cuando también, le dio al local su misma medicina: un cabezazo letal (Cellay había metido un testazo furibundo, Bolatti empataba con uno cruzado). Su dominio no fue tan abrumador como el que había sufrido, pero le alcanzó para recatar un punto que, por poco que parezca, lo mantiene en carrera. Y además le sirvió para borrar de un plumazo la debacle en ese reto insólito al que era sometido.

Así, el 1-1 tuvo su peso específico. Lo demostró Verón cuando cerquita del final, exhausto, devolvió una pelota medio campo más allá, para ganar terreno y tiempo. Lo demostró Angel Cappa cuando fue, junto con todos sus jugadores, a aplaudir a su hinchada. El desafío ideológico estaba bien saldado: al fútbol , lo mejor es oponerle más fútbol. Quedó demostrado una vez más.

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