Antes de que sea muy tarde

Por Néstor Scibona

Primero con la nacionalización de tres empresas del Grupo Techint; después con la exención a favor de Brasil en su nueva ofensiva estatizadora, Hugo Chávez acaba de convertirse en el encargado de rebasar el vaso del creciente malestar de la dirigencia empresarial argentina con el gobierno kirchnerista, que hasta hace poco tiempo se manifestaba con sordina y en conversaciones privadas.

Nunca en seis años de kirchnerismo hubo tantas declaraciones simultáneas de tono crítico por parte de entidades empresariales, si se exceptúa a las organizaciones rurales durante el conflicto con el campo desatado en 2008. No ocurrió entonces ni cuando el propio Chávez reestatizó Sidor (también del Grupo Techint) hace un año. Tampoco cuando el matrimonio Kirchner impulsó la falsificación sistemática de estadísticas del Indec; el boicot a Shell; la reestatización de Aguas Argentinas y de Aerolíneas Argentinas; de las AFJP o la arbitraria intervención en TGN.

¿Son tan importantes esas tres compañías venezolanas de origen argentino que representan menos de 1% de la facturación internacional de Techint? Seguramente no. Pero junto con el rechazo al populismo de Chávez, la mayoría de los pronunciamientos empresariales también apuntan a cuestionar por elevación las acciones, omisiones y declaraciones del Poder Ejecutivo argentino en este y otros casos conflictivos.

Después de que el kirchnerismo trató de impulsar con suerte variable inversiones de empresas argentinas en la Venezuela chavista, pocos podrían conformarse ahora con la afirmación oficial de que estas nacionalizaciones son irreversibles decisiones soberanas y que no hay nada que discutir si se pagan indemnizaciones justas.

En un país donde las multinacionales argentinas se cuentan apenas con los dedos de una mano, esta reacción equivale a negar que las inversiones locales en el exterior contribuyen a una mayor inserción internacional de la Argentina. ¿Hubiera reaccionado de manera similar el gobierno de Lula si algún país de la región decidía nacionalizar una empresa brasileña? Para colmo, Chávez aclaró que Venezuela no mide con la misma vara a sus socios; quizá porque la Argentina impulsó y aprobó su ingreso en el Mercosur mientras en Brasil está aún pendiente.

Tanto revuelo, sin embargo, no tendría explicación si no fuera porque muchos empresarios locales temen que el kirchnerismo siga dando vía libre a su política de intervención del Estado sobre el sector privado. La forzada designación de directores de la Anses en una veintena de compañías es una luz amarilla, que se agrega a las que había encendido Guillermo Moreno en varios sectores, sin otras reglas que las órdenes de Néstor Kirchner. También resulta desconcertante que Cristina Kirchner critique a Techint por haber depositado fondos en el exterior (de su frustrada inversión venezolana), cuando su esposo tomó la misma decisión con las regalías de Santa Cruz, en una época en la que la fuga de capitales por desconfianza era enorme, pero inferior a la que sufre la Argentina en los últimos dos años.

¿Por qué surgieron ahora estas posturas críticas empresariales? La explicación está en el drástico cambio de clima político y económico, que las obliga a reaccionar antes de que sea tarde. Las empresas no ganan lo que ganaban cuando la economía batía récords de crecimiento y sus directivos, que por años evitaron críticas y autocríticas para no hacer olas, advierten que es peligroso quedar en la misma vereda de un gobierno menos fuerte y más impredecible.

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