El antes y el ahora de la Gripe A.

Por: Ricardo Roa.

Un día el flamante ministro de Salud dice que ya tenemos 100 mil contagiados por la gripe A. Al siguiente, la Presidenta afirma que decir eso es "generar pánico". Y acusa a los medios, tratando de sacarse de encima la culpa. Como si los medios hubieran publicado irresponsablemente un trascendido y no la declaración oficial de la máxima autoridad sanitaria del país.

En medio de la psicosis que creó la pandemia, se puede estar de acuerdo en que hablar de cien mil casos genera pánico. Pero hay otras cosas que no cierran en el discurso del Gobierno. Y la primera es que o ahora se exagera o antes se ocultó: hace sólo una semana y en vísperas de la elección, se reconocían apenas menos de dos mil casos. Igual contraste salta con el Comité de Crisis, que en la semana de los comicios no deliberó ni tomó medidas y en ésta actúa como si estuviera en sesión permanente: lanzó una batería de resoluciones, desde adelantar vacaciones hasta licenciar a embarazadas. Cualquier interpretación con olor electoral sobre el antes y el después tiene lógica.

Tanto en el número de casos como en la atención que de repente se presta a la pandemia. Lo que no cambió es la ausencia de un criterio uniforme sobre cómo encarar el problema. No lo hubo cuando algunos colegios cerraban y la mayoría no.

Ni lo hay ahora entre la Capital y Buenos Aires y los mismos partidos del conurbano (ver Gripe A: falta coordinación para combatir la pandemia). Cada cual actúa según lo que cree más conveniente con la clausura de lugares públicos y la suspensión de actividades deportivas. "Se ha creado un clima loco. Los municipios parecen competir entre sí, como si el que cierra más lugares fuese el mejor", dice el especialista Héctor Laplumé. Lo que no aparece en todo esto es el papel del Estado, justo en un Gobierno que se ufana de defender la intervención estatal.

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