Las anteojeras ideológicas de los Kirchner

Por Mariano Grondona

A casi un año de la sustitución de Néstor por Cristina en la Presidencia, los Kirchner se han distribuido sus tareas. El decide . Ella explica .

Algunos han querido ver en esta distribución de tareas el atisbo de una divergencia, pero no hay tal porque lo que parece separar a la pareja dominante es, en realidad, sólo una consentida división de funciones. Néstor y Cristina son dos personas distintas y un solo poder verdadero. Quienes aún esperan que el cambio ocurra en el interior de la pareja presidencial marchan hacia una gran frustración. El cambio vendrá a su debido tiempo, pero en el seno del poskirchnerismo .

Dedicada casi por completo a justificar lo que decide su marido, la Presidenta habla varias ocasiones por día en nuestro país y a veces lleva su propaganda hasta encuentros internacionales como el que se desarrolló en la XVIII Cumbre Iberoamericana celebrada en San Salvador o hasta comunicaciones públicas como la peculiar felicitación que le acaba de enviar a Barak Obama con motivo de su victoria.

Lo que asoma detrás de los discursos de Cristina es, invariablemente, una ideología. El primero que le dio a la palabra "ideología" su sesgo actual fue Carlos Marx al definirla como la justificación pretendidamente racional de una ambición inconfesable. El liberalismo era, según él, la ideología que los burgueses habían diseñado para justificar el capitalismo. Marx no pudo impedir empero que Karl Mannheim y otros autores definieran a su vez al marxismo como una nueva ideología concebida para encubrir la inconfesable ambición del comunismo.

Tanto el liberalismo como el marxismo dieron lugar a formidables desarrollos intelectuales. El modelo al que apela de continuo Cristina para justificar la pasión por el poder del kirchnerismo es una construcción más modesta, incomparable con aquellos dos grandes ejemplos. Cumple, sin embargo, la función de todas las ideologías de cimentar la incondicionalidad de sus seguidores y también bordea la trampa que acecha a los ideólogos cuando las explicaciones que elaboran para manipular a los demás terminan por atraparlos a ellos mismos, sumiéndolos en la incapacidad de distinguir entre sus fantasías y la insobornable realidad.

Las anteojeras

El diccionario define las anteojeras diciendo que son "en las guarniciones de las caballerías de tiro, las piezas que caen junto a los ojos del animal para que no vean por los lados, sino de frente". Igual que las ideologías, las anteojeras mutilan la visión global.

Cuando la Presidenta felicitó a Obama mediante una carta de dos carillas, desproporcionada a la luz de los miles de mensajes que estaba recibiendo el nuevo presidente norteamericano en el día de su victoria, exageró el modesto papel que hoy está cumpliendo su gobierno en el concierto de las naciones pero quizá lo hizo con la intención de destacar ante los ojos de su encumbrado corresponsal lo importante que es su "modelo", su ideología, para entender lo que está pasando en el mundo. Al aplicar sus ideas a la realidad norteamericana, Cristina erró, sin embargo, el diagnóstico por suponer que el triunfo de Obama fue un paso decisivo en la lucha secular contra la discriminación racial que asoló por siglos a los Estados Unidos.

Quizás éste fue el camino que Cristina creyó encontrar para mejorar las vapuleadas relaciones entre la Argentina y los Estados Unidos, pero lo hizo ignorando que si algo prueba la victoria de Obama es, precisamente, que la discriminación racial que ella denuncia ya ha sido largamente superada en la democracia norteamericana porque, de otra manera, el candidato demócrata no habría obtenido su amplísimo apoyo tanto entre los negros como entre los blancos. La reciente elección norteamericana muestra que el triunfo de Obama es el punto culminante del constante ascenso de una minoría de color altamente calificada hacia la cumbre del poder, un ascenso que ya habían encarnado altos colaboradores de Bush como Colin Powell y Condoleezza Rice así como el juez Clarence Thomas en la Suprema Corte. El acceso de Obama a la presidencia no es por ello la iniciación sino el remate de la revolución que recién ahora cree percibir Cristina porque los Estados Unidos han dejado atrás hace décadas la tragedia de Martin Luther King a la que ella aludió en su mensaje. Lo que pasa es que la ideología de Cristina le impide ver que los Estados Unidos son desde hace mucho tiempo una democracia ejemplar y que no han empezado a serlo recién después de Bush y a partir de Obama, pero reconocerlo implicaría para ella atisbar más allá de esas anteojeras que le dicen que los Estados Unidos continúan siendo la perversa madriguera del capitalismo.

En San Salvador

La última vez que la Presidenta aprovechó una reunión internacional para explicar su "modelo" a los jefes de Estado que la rodeaban fue en la XVIII Cumbre Iberoamericana celebrada entre el 29 y el 31 de octubre último en San Salvador, capital de la República del Salvador. Acudió el rey de España y faltó Chávez, por lo cual los asistentes esperaban una reunión tranquila. A cada jefe de Estado se le había acordado entre 7 y 10 minutos para hablar, pero Cristina habló más de 25 minutos, como siempre sin leer, para tocar dos temas. Uno de ellos consistió en defender la apropiación de los ahorros de los futuros jubilados que habían optado hace un año por mantenerlos en las AFJP. El otro tuvo que ver con lo que ella insiste en llamar su "modelo", su ideología, sobre la Argentina y el mundo.

Al abordar el primero de estos dos temas, llamó la atención de los asistentes que Cristina se dedicara a defender el polémico proyecto de estatización de los ahorros privados con tanto énfasis como si estuviera en nuestra Cámara de Diputados y no en un foro internacional. En cuanto al "modelo" que también expuso, reiteró la condena del llamado "modelo neoliberal" que supuestamente condenó a la miseria a los países latinoamericanos durante la "década maldita" de los años noventa. Cristina volvió a proclamar entonces el derrumbe del Primer Mundo capitalista bajo el "efecto jazz" de la actual crisis financiera, indicando que de ahora en adelante será el Estado, y ya no el mercado, el protagonista económico de la Argentina y del mundo.

A la luz de esta afirmación de alcance universal, la estatización de los ahorros privados colocados en las AFJP vendría a ser sólo un ejemplo avanzado de la estatización general de la economía que prepara el kirchnerismo, pero el hecho es que la exposición de Cristina no cayó del todo bien en la Cumbre, obligándola a adelantar en un día su regreso a Buenos Aires por la cancelación de varias de sus citas. Como se sabe, con la conducción del presidente Antonio Saca, El Salvador es un país amigo de los Estados Unidos.

Cristina pretendía lograr en San Salvador el nombramiento de Néstor como presidente de la Unión de las Naciones Sudamericanas (Unasud), pero en tanto otros países prooccidentales como Colombia y Perú no acompañaron su iniciativa, Uruguay le dio la estocada final cuando, para manifestar inequívocamente su oposición a la candidatura de su marido, el presidente Tabaré Vazquez no concurrió a la Cumbre. Lo cual viene a destacar otro de los efectos de las ideologías: que sus cultores, finalmente, quedan aislados.

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