Ante una tesis de Argibay

Por Mariano Grondona

En un reportaje radial, la ministra de la Corte Suprema Carmen Argibay acaba de criticar a los ciudadanos que se manifestaron el miércoles último en Plaza de Mayo y en las principales ciudades del país para protestar por la inseguridad, diciendo que "nunca los vimos marchar contra el hambre y la pobreza". Durante el acto en Plaza de Mayo, como se recordará, hablaron el rabino Sergio Bergman y el padre Guillermo Marcó.

Cuando se discute sobre el auge de la inseguridad que padecemos los argentinos, dos tesis parecen enfrentarse. Una de ellas reclama una mayor presencia del Estado en la lucha contra el delito, haciendo notar que los autores de hechos aberrantes entran por una puerta de la cárcel y salen por la otra, lo cual genera un clima de impunidad que alienta a reincidir a los delincuentes y que acrecienta el temor de los ciudadanos. La otra sostiene que la difusión del delito es hija del hambre y de la pobreza siendo éstas y no la pasividad de los jueces y del Gobierno, por lo tanto, la causa principal de la inseguridad. En cierto modo, la primera tesis se reflejó en la indignación de los manifestantes de Plaza de Mayo. En la segunda tesis milita desde el otro extremo la ministra Argibay, quien intentó minimizar además el problema al decir que "la inseguridad es exagerada e inflada por los medios de comunicación".

¿Nos hallamos entonces ante el choque entre dos interpretaciones sobre el auge de la inseguridad, una "dura" y otra "blanda"? Mientras la "línea dura" se alarma ante la multiplicación de los delitos que desembocan con frecuencia en el asesinato de policías y de ciudadanos comunes, la "línea blanda", al poner la mirada sobre otros abismos como el deterioro social que también afecta a un número creciente de argentinos, llega a sostener en cambio que los medios de comunicación son en cierto modo cómplices de la "sensación de inseguridad" que nos golpea, al exagerarlos con olvido del deterioro social.

En la medida en que tanto la línea dura como la línea blanda exageren sus argumentos, empero, ambas corren el riesgo de caer en la trampa del unilateralismo, porque es evidente que nuestra sociedad padece el movimiento de pinzas de los dos males que ellas denuncian porque tenemos, en suma, demasiados delincuentes y demasiados pobres.

Pero simplificar los problemas es típico de las ideologías. Si alguien insiste en hacerlo, es que quiere enfatizar la culpa del "otro", esto es del adversario ideológico, para aliviar su propia culpa. Hay dos culpas concurrentes por el auge de la delincuencia. Una es la impunidad y la otra es el deteriorio social. En la raíz de ambas gravita sin embargo una sola causa principal: la inacción del Estado.

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