Ante un final de fiesta

Por Joaquín Morales Solá

Apariencias distintas. Hay una diferencia enorme entre las apariencias y los actos verdaderos. Cristina Kirchner demoró menos de 24 horas en concederle una entrevista al cardenal Bergoglio, que nunca logró las condiciones necesarias para reunirse con el ex presidente Kirchner.

La Presidenta fue también a la asamblea anual de la Unión Industrial para anunciar, en buen romance, un final de fiesta. Néstor Kirchner despreció siempre cualquier conglomerado de empresarios. El único problema de Cristina consiste en que todo el mundo cree que el marido presidencial es el que gobierna con antojos contradictorios.

Final de fiesta para muchos. ¿El comienzo de una fiesta para algunos pocos? La moratoria fiscal podría servir para lavar dinero mal habido y para cerrar casos como el de Skanska. El Congreso debería corregir el proyecto y, por ejemplo, exceptuar del beneficio a los empresarios del kirchnerismo que han hecho poderosas fortunas en los últimos tiempos. ¿Ejemplos? Lázaro Báez y Cristóbal López, entre otros. Podrían agregarse también a empresarios que florecieron bajo la sombra de otros gobiernos. La moratoria tampoco debería permitir la extinción penal de las causas abiertas que rozan peligrosamente el bolsillo de conocidos kirchneristas.

Destacados funcionarios internacionales pusieron la lupa sobre ese blanqueo. Menos mal que en Washington hay un gobierno que virtualmente ya no está y otro que no ha llegado todavía. La relación de los Kirchner con los Estados Unidos siempre fue buena en materia de trasiego de información sobre narcotráfico, sobre terrorismo y sobre el dinero de ambos. Podría cambiar en adelante. Cualquiera puede entrar cuando se abren las puertas al primero que pasa. ¿Por qué un argentino no podría lavar dinero de narcotraficantes con sólo cobrar el 20 por ciento de lo que declararía, que es la comisión que se paga en el mundo por esos sucios menesteres? Carteles de la droga están aterrizando en la Argentina, pero el abundante dinero de ellos es más fulminante que sus armas.

Los buenos ahorristas no traerán el dinero al país. Detrás de las decisiones institucionales está siempre la impronta de Guillermo Moreno. Un importante empresario compró en su banco, hace pocos días, un millón de dólares para pagar compromisos en el exterior. El banco lo llamó para explicarle que necesitaba hacerle algunas preguntas por orden de Moreno. Devuélvame los pesos y dígale a Moreno que no exportaré más , le contestó el empresario. En el mundo kirchnerista, las cosas nunca son como parecen.

Néstor Kirchner se notificó en los últimos días de que la recesión golpea las puertas y de que el Estado exuberante que conoció ya no existe más. La recaudación sólo permitiría los gastos impostergables del Estado si se quiere preservar cierto superávit. Esas erogaciones imprescindibles corresponden a los salarios de los empleados y a los gastos fijos. No hay más. El promedio de la poda presupuestaria para el año próximo será del 20 por ciento, que es justo lo que sobra si se apartan aquellos gastos.

La sociedad dejó de comprar. La producción agropecuaria duerme en silos y frigoríficos por la acción o la omisión del Gobierno. El turismo se cayó por la crisis internacional. La economía real apaga los motores. Es el infierno perfecto de cualquier gobernante. Funcionarios clave acceden sólo al ex presidente; no le llevan malas noticias a la Presidenta. Eso explicaría que Cristina Kirchner haya pensado en Débora Giorgi para abrir nuevos mercados a la producción argentina , mientras la producción básica argentina no se mueve de la Argentina.

Las malas novedades explican también que el Gobierno haya decidido bajar el increíble nivel de los subsidios al consumo de servicios públicos. El Estado de Kirchner despilfarró dinero durante más de un lustro pagando la luz, el gas y el transporte hasta de los ricos. Ese paraíso está perdido.

Giorgi se propuso arreglar el conflicto con el campo. Deberá bajar las retenciones a la soja para convencer a los productores de que pueden exportar con un precio internacional que perdió casi el 50 por ciento de su valor. Deberá vérselas con Ricardo Echegaray, el poderoso hombre de Kirchner colocado en la agencia de exportaciones para hacerles imposible la vida a los productores. Es él quien pone trabas a las exportaciones de carne, de cerdo, de leche y de quesos. Echegaray es tan odiado como Moreno entre los dirigentes rurales. O más aún. En última instancia, los dos son cómplices de la prepotencia del sistema gobernante.

La nueva ministra viene con fama de un carácter fuerte y decidido. Tiene muy pocas pulgas , aceptó un funcionario que la conoce desde hace mucho tiempo. Dará el portazo si comprueba que su lucha es estéril , anticipó otro. El ministerio de Giorgi desplumó a Carlos Fernández, convertido desde ahora en un secretario de Hacienda de lujo. Es lo que sabe hacer y lo que quiere hacer: sumar y restar con los números fiscales.

¿Puede existir un Ministerio de la Producción con Turismo y sin Energía? La fórmula es medio excéntrica, pero es lo que hay. Nadie puede tocar a Julio De Vido. Petróleo y obras públicas no irán jamás a manos de una desconocida, como Giorgi lo es, de alguna manera, para el hermético universo kirchnerista.

No hay explicación racional para la cerrada defensa que Néstor Kirchner hace de De Vido. En sus cinco años y medio de gestión, el país perdió reservas de petróleo y gas como nunca en su historia. Dos días de calor intenso fueron suficientes para que cientos de miles de argentinos se quedaran sin la indispensable electricidad. En varios barrios metropolitanos las cacerolas volvieron a salir a la calle con el nombre de De Vido en la boca de muchos.

Un temor sordo se extiende entre los funcionarios. La crisis social, consecuencia del freno económico, podría terminar con protestas masivas, sobre todo en el conurbano. Quizá por eso la Presidenta no demoró un instante en recibir a la conducción de la Iglesia, que ha sido siempre un factor importante para la contención del reclamo social. Bergoglio será el jefe de la Iglesia hasta el final del mandato de Cristina.

La reunión entre la Presidenta y el cardenal fue distendida, corta y evanescente. Podría haberse planteado la necesidad de reinstalar el Diálogo Argentino, la experiencia más útil que la Iglesia hizo en los últimos años a la convivencia de los argentinos. Nada. Kirchner detesta hablar de eso y su esposa se contagió de esas fobias. Estuvo el ministro del Interior, Florencio Randazzo, que nada tiene que ver con la Iglesia, y faltó sonoramente el jefe de Gabinete, Sergio Massa.

Massa arrastra un pecado. Propuso como embajador en el Vaticano a su asesor oficial, el empresario Jorge O´Reilly, que milita en el sector ultraconservador de la Iglesia. En mayo pasado se reunió en la Nunciatura con importantes diplomáticos vaticanos. Actuó casi como un embajador de hecho y presentó un documento con su firma en el que proponía varias decisiones para recomponer la relación dañada con el Vaticano. Tras algunas ideas obvias, el funcionario escribió un párrafo que explotó entre diplomáticos y sacerdotes: "Sería favorable el desplazamiento del arzobispo de Buenos Aires", sugirió. Pedía, lisa y llanamente, el relevo de Bergoglio, uno de los cardenales más prestigiosos en el Vaticano, de su sede apostólica en Buenos Aires.

La información fue confirmada por tres obispos y por una alta fuente del propio Vaticano. El documento existe, aunque no está firmado por Massa, sino por su asesor. El asunto llegó a tratarse en una reunión de la Asamblea Permanente de los obispos argentinos. Finalmente, O´Reilly no fue designado embajador y el cargo se lo llevó Juan Pablo Cafiero, un hombre querido por la Iglesia. Dios oyó el ruego unánime y desesperado de sus obispos. Relevo de Bergoglio. Premura para recibir a Bergoglio. ¿Dónde está el verdadero gobierno?

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