Ante el desafío de volver a crecer sin burbujas

Por Paul Krugman

The New York Times

NUEVA YORK.- Haga lo que haga el próximo gobierno de Estados Unidos, nos esperan meses, quizás incluso un año, de infierno económico. Pasado ese tiempo, y a medida que cobre impulso el plan de estímulo del presidente Barack Obama -de acuerdo, me dicen que ahora el término políticamente correcto es "plan de recuperación económica"-, las cosas deberían mejorar. Hacia fines del año que viene la economía debería comenzar a estabilizarse, y en cuanto a 2010 soy bastante optimista.

¿Pero después de eso qué? En este momento todos hablan de dos años de estímulo económico, lo que resulta sensato como horizonte de planificación. Sin embargo, la mayoría de la gente parece asumir que con eso alcanza y que una vez que la inyección de gasto público logre sanear la economía todo volverá rápidamente a ser como era.

De hecho, la realidad es que las cosas no pueden volver a ser como eran antes, y espero que la gente de Obama lo entienda. La prosperidad de hace unos años, con sus enormes ganancias y salarios no tan enormes, dependía de una gigantesca burbuja inmobiliaria que vino a reemplazar a la anterior burbuja del mercado de capitales. Y como la burbuja inmobiliaria no va a volver, tampoco volverá el nivel de gasto que sostuvo a la economía en los años que precedieron a la crisis.

Para ser más específico: tarde o temprano, el derrumbe del mercado inmobiliario que hoy vivimos llegará a su fin, pero el inmenso boom de la vivienda de la era Bush no se repetirá. Llegado el momento, los consumidores recuperarán en parte la confianza, pero ya no gastarán como lo hicieron entre 2005 y 2007, una época en la que muchos usaban sus casas como si fuesen cajeros automáticos y los índices de ahorro cayeron hasta rozar el cero.

¿Cuál será entonces el sustento de la economía si los consumidores cautelosos y los constructores de capa caída no están en condiciones de hacerlo? Hace unos meses, un titular del periódico satírico The Onion ofrecía una posible alternativa: "País asolado por la recesión busca nueva burbuja en la que invertir". Podría aparecer algo nuevo que incentive la demanda privada y genere quizás un boom de inversiones.

Pero para llenar el agujero dejado por la retracción del consumo y la construcción tendría que ser una burbuja enorme, que logre elevar el porcentaje de inversión privada del PBI a niveles históricos. Y si bien es algo que puede suceder, no parece ser algo con lo que se pueda contar.

Un camino más viable hacia la recuperación sustentable sería una drástica reducción del déficit comercial de Estados Unidos, que creció a medida que se inflaba la burbuja inmobiliaria. Si vendiéramos más a otros países y gastáramos un porcentaje mayor de nuestros ingresos en productos de origen norteamericano, podríamos alcanzar el pleno empleo sin necesidad de un boom basado en el consumo o la inversión.

Pero es probable que pase mucho tiempo antes de que el déficit comercial disminuya lo suficiente para compensar el estallido de la burbuja inmobiliaria. La razón es que las exportaciones, después de varios años de crecimiento, se han estancado, en parte debido a la inquietud de los inversores internacionales, que se abalanzaron sobre los activos todavía considerados confiables e hicieron subir el precio del dólar respecto de otras monedas, con la consecuente pérdida de competitividad de los productos norteamericanos.

Además, aunque el dólar vuelva a bajar, ¿qué sector productivo tendría la capacidad de generar un vuelco en la balanza comercial? A pesar del aumento del intercambio de servicios, el comercio mundial sigue siendo mayoritariamente de mercancías, y después de largos años de olvido y desatención, la industria manufacturera de Estados Unidos ha quedado rezagada.

De todas maneras, es probable que el resto del mundo no esté preparado para soportar una disminución drástica del déficit comercial norteamericano. El proceso hasta lograr que nuestra economía pueda prosperar sin ayuda fiscal será arduo y extenuante.

En este momento, con la economía en caída libre y todo el mundo aterrado por la Gran Depresión 2.0, quienes se oponen a una fuerte y decidida intervención federal no logran muchas adhesiones. Pero no bien la economía repunte, la nueva administración recibirá muchas presiones para que vuelva atrás y abandone las muletas económicas. Y si el gobierno cede demasiado rápido, podría repetirse el error cometido por Franklin D. Roosevelt en 1937, cuando recortó el gasto, aumentó los impuestos y contribuyó a sumir a Estados Unidos en una grave recesión.

Para que la economía de Estados Unidos esté lista para vivir sin burbujas falta más tiempo que el que la gente cree. Hasta entonces, la economía necesitará de mucha ayuda del gobierno.

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