La ansiedad por volver a los mercados dejó un cráter legal

El embargo a las cuentas que sirvieron para pagarle al FMI en 2006 se defendió con un argumento basado en que la Justicia ordinaria no pudo interceder ante decisiones soberanas
Los resquicios legales que dejó el Gobierno en la creación del Fondo del Bicentenario posibilitaron el embargo de la Justicia de Estados Unidos y ampliaron el grosor de la barrera que deberá atravesar el kirchnerismo para retornar a los mercados internacionales, la meta que obsesionó a Amado Boudou desde su primer día de gestión.

Los errores fueron producto de la ansiedad para concretar la operación de canje de deuda y la decisión del equipo económico de desoír los consejos de las partes técnicas involucradas. La sensación de salir aireado en dos embargos anteriores dieron la falsa sensación de invulnerabilidad. Sin embargo, el blindaje que permitió el pago al Fondo Monetario Internacional (FMI) a fines de 2005 y comienzos de 2006 no fue válido en esta oportunidad.

En enero de 2006, el juez de primera instancia Thomas Griesa, del distrito sur de Nueva York, congeló fondos por 105 millones de dólares que estaban destinados a cancelar de manera anticipada la deuda con el FMI. Los demandantes fueron EM Limited, del magnate Kenneth Dart, y NML Capital, del fondo Elliot, los mismos fondos buitres que lograron ayer el embargo de u$s 1,7 millones. Sin embargo, en una segunda instancia y tras la apelación del Banco Central, titular de la cuenta en la Reserva Federal, la Cámara revirtió el fallo y liberó los recursos.

El pago al Fondo Monetario se hizo con el visto bueno del Congreso. Aunque esa no fue la causa principal para que la Justicia norteamericana inclinara su balanza al lado argentino. La clave radicó en que la finalidad de la operación era una actividad que no puede ser realizada por personas físicas. Solo los estados, miembros del FMI a través de sus bancos centrales, pueden cancelar deuda con organismos multilaterales. Es decir que la finalidad de la cuenta no era comercial, y por eso la justicia ordinaria de Estados Unidos no falló a favor de los bonistas.

Inmunidad soberana

Se trata del principio de inmunidad soberana que entra en juego si la finalidad para la que se usa el dinero es exclusiva de los estados. Ese escudo legal que protegió el pago al FMI se derrumbó con el decreto de creación del Fondo del Bicentenario. El texto establece que las reservas se utilizarán para comprar, vender o canjear títulos de deuda, una actividad comercial donde la Justicia ordinaria tiene potestad.

Por eso habrá que recurrir a otro argumento en una segunda instancia si el Fondo del Bicentenario se vuelve operativo. A esto se suma una dificultad adicional. Los fallos relativos a embargos se pueden rever. Es decir, que si queda firme la sentencia y se advierte que el Tesoro utilizó reservas para cancelar deuda con particulares, podrían revisarse otros fallos, como el de 2007, cuando Griesa embargó u$s 86 millones pertenecientes a un fondo fiduciario integrado con acciones estatales en el Banco Hipotecario.

Por otro lado, cuando se canceló la deuda con el FMI se tomaron además otros recaudos, y se utilizó en la medida de lo posible las cuentas del Central en el Banco de Basilea (Suiza), para evitar la jurisdicción estadounidense, y cuentas bancarias encriptadas, para dificultar su identificación y posteriores embargos.

La primera reacción de Martín Redrado, cuando se conoció que querían desplazarlo de la presidencia del Central, fue la de "seguir trabajando para la conformación del Fondo el Bicentenario". El titular de la entidad, a quien la presidenta Cristina Fernández de Kirchner calificó ayer de okupa, no se mostró entonces contrario a la medida y aseguró que la demora en el traspaso del dinero al Tesoro era normal.

Pero la ansiedad pudo más. En esos arrebatos y el deseo de manejarse con un tiempo propio, el Gobierno acostumbró chocar con paredes circunstanciales, como lo fue Cobos en el conflicto rural. Así el kirchnerismo mantiene la extraña habilidad de inventar a sus propios enemigos en el seno de sus socios más fieles.

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