La Anses, nuevo Banade

Néstor O. Scibona

Para LA NACION

Aun antes de que se formalice el fin de las AFJP, el gobierno de Cristina Kirchner ya le dio un destino prefijado a la cartera de activos más líquidos perteneciente a los futuros jubilados. Más de $ 7500 millones depositados a plazo fijo en los bancos locales serán licitados por la Anses, entre esas mismas entidades para que otorguen créditos subsidiados por el Estado a una tasa activa superior al 11% anual, dentro de un paquete total de 13.200 millones.

La Anses se convierte así en un nuevo Banade, aunque con varias diferencias. Una de ellas es hacer frente a la fuerte desaceleración de la economía: su objetivo central pasa a ser amortiguar la caída del consumo y la actividad, así como su impacto sobre los niveles de empleo. Otra es que la asignación de esos recursos prestables no se hará a dedo, sino a través de licitaciones en el mercado abierto electrónico que los bancos deberán destinar a líneas con cupos y destinos predeterminados. El riesgo crediticio correrá por cuenta de las entidades. La tercera diferencia es que esta actividad financiera redistributiva no es la función primordial del organismo, que debería ser preservar los ingresos de los actuales jubilados y los ahorros de los jubilados futuros.

El debut de la Anses como financista del sector privado es una buena noticia para los bancos. Por lo pronto, nadie en el Gobierno hará hincapié en que hace meses están sentados sobre su propia liquidez y restringen el crédito para evitar problemas mayores en medio de la crisis financiera global. También para las empresas y consumidores que puedan acceder a los nuevos préstamos subsidiados para contrarrestar esa sequía crediticia.

No lo es, en cambio, para los jubilados, desde el momento en que sus fondos pasan a estar colocados a tasas negativas frente a la inflación doméstica, por más que en el mundo escaseen mejores rendimientos. Duró muy poco el argumento oficial de confiscar los ahorros individuales del sistema de capitalización para "salvarlos" de la crisis. Esto con respecto al stock de activos administrados por las AFJP. En cuanto al flujo de aportes que ahora irán a la Anses, es muy probable que buena parte se destine al plan de obras públicas por anunciarse a mediados de este mes. Para el gobierno de CFK, el horizonte económico llega apenas hasta octubre de 2009, el mes de las elecciones legislativas.

Desde el punto de vista macroeconómico, habrá que ver si esta inyección de créditos y gasto público (más el blanqueo de capitales y la moratoria impositiva) permite llegar a esa fecha con un crecimiento del PBI del orden del 3% anual (menos de la mitad del alza de 2008) como admiten los funcionarios más optimistas. Cerca de la Casa Rosada razonan que esa expansión es preferible a un crecimiento cero o a tasa negativa, como pronostican los analistas más pesimistas.

Pero este aumento del crédito al sector privado por el equivalente al 1% del PBI, se produce después de que la economía sufriera una fuga de capitales de US$ 16.000 millones en lo que va de 2008 (casi 5% del PBI), con caída de depósitos y freno de nuevos préstamos que le han restado dinamismo.

El telón de fondo es la fuerte caída de la confianza, que el Gobierno provocó primero con el manejo del conflicto con el campo y luego con la confiscación de ahorros de los futuros jubilados, pasando por una serie de señales contradictorias sobre causas y efectos de la crisis global.

No es fácil recrear la confianza después de haberla herido gravemente, porque aun con créditos blandos se necesita percibir que el futuro va a ser mejor. Ni mejorar las expectativas después de haber afectado el derecho de propiedad.

Tampoco ayuda que la Presidenta diagnostique que la economía argentina venía creciendo sólidamente "hasta que de repente apareció el mundo y nos complicó la vida a los argentinos". El crecimiento se produjo en buena medida gracias a la expansión del PBI y el comercio mundial, que ahora dejaron de crecer después de un ciclo sin precedente. Pero la actual desaceleración es previa a la fase más aguda de la crisis global. La mala praxis del Gobierno, con todas las decisiones económicas concentradas en una sola persona (NK), tiene mucho que ver con la pérdida de la confianza que muestran las encuestas.

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