A 20 años del triunfo del Menemóvil

Por Diego Valenzuela

Fue una campaña artesanal y pintoresca. Hace 20 años, el 14 de mayo de 1989, Carlos Menem vencía a Eduardo Angeloz por 10 puntos, 47 % a 37 %, y se convertía en el segundo jefe de Estado de la democracia recuperada.

Tan importante como su triunfo electoral nacional fue el que le propinó a Antonio Cafiero en la famosa interna del 9 de julio de 1988, la primera disputa peronista por una candidatura presidencial. Ambas elecciones tuvieron como sostén una campaña basada en el carisma del líder y en el contacto con la gente. Su campaña fue, además de artesanal y pintoresca, muy efectiva.

Menem decidió ir hacia la gente y no que la gente fuera hacia él, como ocurre habitualmente en los actos políticos. Se crearon las caravanas y se pusieron en marcha los Menemóviles. Los hubo populares y lujosos, hasta en un caso, un camión de basura fue reconvertido en Menemóvil, porque los buses grandes no podían doblar las callecitas de tierra de La Matanza.

Interna

El 6 de setiembre de 1987 el PJ había ganado las elecciones, dando un duro golpe al poder radical. Antonio Cafiero era elegido gobernador de Buenos Aires y Menem, astuto, movió rápido: el 7 de setiembre apareció Buenos Aires empapelada con carteles que decían "Ahora unidos, Menem Presidente", subiéndose al triunfo de quien luego sería su rival interno. Aquellos afiches causaron gran revuelo y mostraron a Menem con iniciativa política.

En una fiesta de la Vendimia mendocina, el gobernador José Octavio Bordón invita a todos los mandatarios peronistas. Promete pasarlos a buscar por el hotel en un bus para ir al anfiteatro, pero Menem se corta sólo y va caminando entre la gente, que lo saluda efusivamente. Cuando llegó, sus colegas no podían creerlo.

El Menemóvil aparece en mayo de 1988, causando furor entre la gente de las barriadas populares. En muchos casos las recorridas duraban todo el día, incluso alguna hasta terminó a las 4 de la mañana. En el Menemóvil se comía y se descansaba, en una campaña que era permanente.

A fines de Mayo de 1988 se inaugura otra herramienta clave de su campaña: los ñoquis del 29. Se hace una reunión-acto-comida en la que comparten ñoquis unas 10 mil personas. Fue en La Boca, donde Menem aprovechó para presentar a su familia. Debajo de los platos no había dinero, sino fotos de Menem.

Una de sus decisiones clave fue integrar al sindicalismo. Cafiero se había rodeado de peronistas renovadores y rechazó a Vernet (gobernador de Santa Fe) como candidato a vice, optando por De la Sota. Lo que vio Menem era que los gremialistas no tenían buena imagen pero eran fundamentales para ganar una interna. Sus espadas sindicales fueron Ibáñez, Triaca, Barrionuevo, Cavalieri, entre otros. Las 62 organizaciones peronistas lo avalaron, viendo que Menem conectaba mejor con los sectores populares que Cafiero (cuya figura se asociaba a la de Alfonsín y llegaba más a los sectores medios).

Un dirigente radical recuerda un diálogo con un cafierista notable, luego convertido en menemista, sobre la decisión de colocar en la fórmula a De la Sota:

-¿No les convenía elegir un vice "distinto" a Cafiero, dar una señal al sindicalismo?

-Preferimos una fórmula homogénea.

-Pero van a perder votos ?

-En lugar de ganar por 20 puntos la interna, vamos a ganarla por 15 ?

El 9 de julio de 1988 se realiza la elección por el voto directo de los afiliados en distrito único, y Menem logra vencer a Cafiero 53,4 % a 45,8 %. Era el fin de la renovación, y el riojano se convertía en el primer candidato presidencial del PJ surgido de una interna.

Nacional

Para el triunfo de Menem fue clave el contexto de derrumbe económico: Alfonsín no podía controlar las variables, especialmente la inflación. El discurso de campaña de Menem fue nacionalista y se enmarcó en la tradición peronista de intervención estatal en la economía. Proponía no pagar la deuda y rechazaba las privatizaciones. Criticaba a los políticos con contactos en el exterior, y llamaba a un pacto social.

Julio Mera Figueroa, dirigente salteño y luego ministro del Interior de Menem, inventó el famoso slogan "Siganme", que luego fue completado con el célebre "No los voy a defraudar". Lejos de seguirlo, los sectores acomodados le temían: muchos aseguraban que se irían del país si el riojano ganaba la presidencia. Referentes de la cultura anunciaron su partida si el riojano termina en la Rosada, como Astor Piazzolla.

El método de contacto directo rindió sus frutos. Su campaña se centró en caravanas y desfiles (la Marcha de la Esperanza), y apelación al carisma del líder. Visita los barrios periféricos de las grandes ciudades con un mensaje claro y sencillo. Los slogans causaban sonrisas pero llegaban a la gente ("Con Menem vuelve la alegría", "Salariazo y Revolución productiva"). Cerraba sus discursos pidiendo apoyo "por los niños pobres que tienen hambre, por los niños ricos que tienen tristeza". Besaba, firmaba autógrafos, tomaba mate, una y otra vez. Al candidato lo vestían con ropa especial para que pudiera soportar el frío durante los largos periplos de aquel invierno de 1989.

Hiper, saqueos, descontrol del dólar y vacío de poder formaron un cóctel explosivo. La silla vacía se justificó en la necesidad de no arriesgar. Y Menem ganó la presidencia. Alfonsín explica el 23 de mayo que había ofrecido anticipar la entrega del poder, dado que el presidente electo se había convertido en la esperanza de recomposición de la dañada autoridad presidencial. Para calmar a los inquietos mercados, Menem adelanta que Miguel Angel Roig, alto ejecutivo de Bunge y Born, sería su ministro de Economía. Aunque al comienzo rechazaba una asunción anticipada, terminó asumiendo el poder el 8 de julio de 1989. Comenzaba la crucial década menemista.

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