En 30 años se perdió el 70 por ciento del bosque nativo

El bosque perdió su magia. El suelo está poblado por las cortezas desteñidas de arrayanes. Cientos de turistas recorren, con pies pesados, el entramado de escaleras y pasadizos que componen el recorrido.
Decenas de arrayanes descoloridos se alzan como el vivo reflejo del bosque en la totalidad de los Parques Nacionales Nahuel Huapi y Arrayanes, en los cuales se avizora un gran cambio.

Por tratarse de un microclima muy particular, Villa La Angostura es considerado uno de los lugares de mayor riqueza en flora y fauna. Resulta una combinación tan atractiva, que según un informe de la Secretaría de Turismo, en los últimos 10 años 736.000 turistas visitaron la localidad.

Pero los factores que hacen a este lugar tan bello (temperatura, humedad, luz, cobertura vegetal) dependen de un delicado equilibrio, balance hoy en peligro por el progreso de esta pequeña aldea de montaña.

La creciente población nativa, estimada en la actualidad en 17.000 personas, sumada al creciente auge turístico de la región, derivó en la construcción de un promedio anual de 43.868 metros cuadrados en los últimos 10 años.

Si bien el debate está instalado en la pequeña ciudad, entre la sistemática utilización de los espacios naturales y sus recursos planteada por los progresistas y aquellos que pretenden defender el bosque nativo, la cruda realidad demuestra que en los últimos 30 años se perdió el 70% del bosque nativo.

El creciente nivel de loteos, sumado al boom que sufre la industria turística, está causando estragos claramente visibles en la totalidad de la otrora pequeña localidad de dos cuadras de centro y unos 3 mil habitantes. Fuentes oficiales estiman que por año se pierden alrededor de 20 hectáreas de bosques, al menos unos 2.500 árboles de gran porte.

Con el debate de la Ley de Bosques, reglamentada el jueves por la presidenta Cristina Kirchner luego de 14 meses de su sanción, el frágil ecosistema recibe fuertes golpes, que no sólo amenazan a la flora y fauna del lugar, sino también a la misma población de la Villa.

Un frágil microclima

Según los expertos ambientales Kramer y Kozlowski, un árbol absorbe alrededor de 378 litros de agua por día, lo que representa una absorción considerable del gran porcentaje de agua que suele precipitar entre abril y septiembre en la zona, las cuales en promedio alcanzan los 1.366 milímetros entre otoño e invierno, de acuerdo con el informe: «Un microclima: Villa La Angostura» de Eduardo Segurel.

Este documento contiene las condiciones climáticas desde 1980 hasta 1990, lo cual revela que en promedio, enero escaló en su temperatura máxima media de 22,3ºC en 1980 a 28,6ºC en 2009. Mientras que las mínimas registraron un aumento de 5,6ºC en 1980 a 11,2ºC en 2009.

Estos saltos tan drásticos de temperatura implican un impacto muy marcado en el ecosistema nativo, facultando la proliferación de especies foráneas y potenciando extinguiendo a organismos vitales para la supervivencia de la flora y la fauna local, de acuerdo con el testimonio brindado por una fuente experta en microbiología.

Las precipitaciones no quedaron al margen de los cambios, entre 1980 y 1990, enero registraba precipitaciones mensuales de 70,2 milímetros, pero el primer mes de este año contó sólo con 5 días de lluvias moderadas, lo cual representó alrededor de 14,7mm, muy por debajo de la media de esos 10 años.

Las causas de estos cambios climáticos tan drásticos están todavía en debate a nivel mundial, mientras algunos expertos atribuyen las bruscas variaciones al fenómeno conocido como “La Niña”, otros apuntan a la deforestación y a las emisiones descontroladas de dióxido de carbono.

La deforestación y sus riesgos

Según un estudio realizado por los norteamericanos William Sopper y Howard Lull, una zona urbanizada pierde anualmente alrededor de 25.000 y 50.000 toneladas de humus por cada 1.6 kilómetros cuadrados, mientras que un bosque sólo pierde 50 toneladas en la misma área, lo que significa que la capacidad de reforestar el terreno urbanizado se reduce considerablemente.

La temperatura en un área urbana es alrededor de 10 grados mayor a la de un bosque, lo cual indica que mientras mayor sea la urbanización de un bosque, la temperatura promedio subirá.

A partir de 2001, el ejido de la Villa creció a un total estimado de 800 hectáreas., incluyendo gran parte del cerro Bayo, hoy visitado por miles de personas en invierno debido a sus atractivas pistas de esquí.

En febrero de 2007, la UTE “Cerro Bayo” adquirió el centro de esquí, y para agosto del mismo año presentó para su evaluación y preadjudicación, los planos de un megaproyecto de pistas, que incluyen un complejo habitacional, a construirse sobre los 1.000 metros del cerro.

El ambicioso proyecto que comprende unas 270 hectáreas, tiene entre otros defectos una “capacidad edilicia sobredimensionada”, según informó la Dirección General de Desarrollo de Productos Turísticos, que en el análisis del proyecto presentado advierte sobre “el impacto que puede generar en el paisaje y suelo, la alta densidad de la masa de edificación propuesta y las mallas de redes de servicios de infraestructura que conlleva”.

Esta empresa, que llevó a que organizaciones como la ONG “Alerta Angostura” alzaran la voz sobre este polémico proyecto que amenaza con deforestar un área considerable del cerro Bayo, acrecentando el riesgo de aludes causados por las intensas lluvias y nevadas de otoño-invierno.

Mientras que el antecedente de Tartagal en Salta resuena como algo distante, las causas que produjeron el alud en la localidad salteña fueron vinculadas con anterioridad por la organización Greenpeace al salvaje desmonte que sufrieron las zonas aledañas a la cuenca del río Tartagal.

Los aludes no son ajenos a Villa La Angostura, debido a que el suelo está compuesto principalmente por vulcanismos, lo cual faculta el lavamiento producido por las lluvias, que ante la ausencia de la flora simplemente “corren” a través de las cañadas de las montañas, arrastrando todo con intensidad.

Tal es así, que uno de estos movimientos de barro y restos de bosque llegó hasta la Ruta 231, bloqueándola por completo con troncos enormes, que no provocaron víctimas de milagro, ya que la ruta es transitada con frecuencia.

De concretarse el polémico proyecto habitacional en el cerro Bayo, 270 hectáreas deforestadas resultarían en un grave riesgo de aludes para Villa la Angostura, ya que cientos de personas viven directamente bajo el área donde se pretende construir.

¿Turismo o Camiones?

Las crecientes relaciones comerciales entre Chile y Argentina llevaron al razonamiento de un nuevo corredor bioceánico para el traslado de cargas de distinto origen a la nación trasandina. Se propuso a la Ruta 231 para el tránsito y como cruce fronterizo, el paso Cardenal Samoré, a unos 27 kilómetros de Villa La Angostura.

La polémica se instaló al conocerse que podría incrementarse drásticamente el paso de camiones por la ciudad, complicando el tránsito en una ruta que no está diseñada para el tráfico pesado, ya que es muy sinuosa, condición que se complica con las heladas y nevadas invernales.

En la actualidad alrededor de 4.000 camiones transitan por la Ruta 231 y cruzan a Chile por el paso Samoré. Hay antecedentes de accidentes de camiones con cargas denominadas peligrosas, recientemente un camión cargado de gas licuado volcó, aunque afortunadamente no hubo escape del fluido del contenedor dañado.

Aunque el oficialismo neuquino se sumó a la iniciativa propuesta por grupos ecologistas, de utilizar el paso Pino Hachado en vez de Cardenal Samoré para el tránsito de cargas, las autoridades rionegrinas continúan pujando para que esta iniciativa se transforme en realidad en los próximos años.

Distintas posturas debaten este proyecto desde dos ópticas, la primera que defiende el uso del paso como una opción más económica para acceder a la zona de la Región de los Lagos de Chile, y la segunda que apunta a que el turismo se vería gravemente afectado por la destrucción del ecosistema y la complicación del transito en la Ruta 231.

El transporte de gas y otras cargas peligrosas por esa ruta representa un peligro gravísimo para un ecosistema tan frágil como lo es ese microclima.

El cambio

Nadie puede asegurar que no habrá accidentes de gravedad con los camiones que transitan la Ruta 231, así como nadie puede afirmar fehacientemente que el turismo será una opción más potable.

Las construcciones y los megaproyectos que se gestan lentamente para los próximos años en la ciudad amenazan gran parte del bosque nativo, único motivo de las visitas al paradisíaco lugar. El frenesí de construcciones está destruyendo a pasos agigantados su propio sustento.

Un importante empresario consultado sobre el cambio climático que sobrelleva la ciudad afirmó: “Yo no creo en esas cosas, son afirmaciones de amarillistas que no quieren el progreso”. Prácticamente como si fuese una opción teológica, se ignoran los síntomas que constantemente revelan la misma flora y fauna del lugar.

Los gerenciadores del Centro de Deportes Invernales del Cerro Bayo soltaron sus afluentes cloacales al río Bonito, a unos 6 kilómetros del centro de Villa La Angostura.

Según un estudio realizado por el Centro de Ecología Aplicada del Neuquén a pedido de la ONG Alerta Angostura, reveló que los coliformes fecales en el sector del río que comparte con la base del centro de esquí estaban muy por encima de los valores normales.

El cúmulo de información que se alza apunta en contra del progreso desmedido, y hay más de un ejemplo de contaminación a no más de 100 kilómetros de distancia de Villa La Angostura, así como Bariloche, o San Martín de los Andes, lugares donde la polución llega a niveles alarmantes.

En el caso de San Martín de los Andes, el lago Lacar continúa con altísimos niveles de coliformes fecales en sus costas, lo cual representa un gravísimo riesgo para la salud.

Bariloche creció a un ritmo aceleradísimo, imposibilitando su correcto control, llevando a que se transforme en una especie de pequeña gran ciudad en el bosque. Los niveles de tala, además de los grandes incendios que se han desatado en la zona, llevaron a que hoy se perdiera gran parte del bosque nativo y del ecosistema nativo.

El destino de Villa La Angostura se encuentra en una encrucijada, entre llegar a un punto de deforestación y contaminación del agua irreversible o mantenerse como una humilde villa de montaña que persiste de forma sustentable con su ambiente.

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