25 años “Este Río Cuarto grande sólo es posible por la democracia

Intendentes y presidentes del Concejo Deliberante hacen una evaluación de lo vivido desde octubre de 1983. Deudas sociales, progreso dispar, libertad y crecimiento asoman como los principales rasgos
a“No habrá aquí más presidentes de facto”.

La frase, con aires de perpetuidad, fue pronunciada días atrás por Raúl Alfonsín, durante un homenaje que le brindó el actual Gobierno nacional por ser el primer presidente constitucional del retorno de la democracia.

Entre muchas interpretaciones, la frase también puede servir como epílogo para una parábola de 25 años, cuyo inicio podemos sintetizar en otra frase de igual valor: Nunca más.

Un 30 de octubre de 1983 nuestro país volvía a elegir autoridades públicas desde el pleno ejercicio de las garantías constitucionales.

Desde entonces, las demandas de la sociedad han variado, poniendo a prueba las reales posibilidades de la democracia para brindar respuestas.

Para hacer un balance de lo sucedido en estos 25 años, PUNTAL apeló a la opinión de los cuatro ocupantes del Sillón de Mójica. Junto a ellos, la evaluación de quienes han ocupado la presidencia del Concejo Deliberante.

De todos, sólo dos no participaron: Miguel Ángel Abella, por encontrarse de viaje fuera del país, y Benigno Antonio Rins, quien se excusó por razones particulares.

Sacar a la dictadura

Nadie lo duda, por aquel 1983, la democracia aparecía como el mejor remedio para tantos males que padecía la sociedad toda. La panacea estaba a la vuelta del almanaque.

“La gente ansiaba la paz y había muy buena predisposición de todos los políticos para el entendimiento y la práctica de la democracia representativa. Por eso, cumplir las tareas propiamente legislativas fue relativamente fácil”, evoca Rodolfo Lloveras, presidente del Concejo Deliberante desde 1983 hasta 1991, durante las dos intendencias de Miguel Abella.

“La prioridad era sacar a la dictadura que tanto mal había hecho a la nación. Volver a la democracia no sólo para elegir gobernantes, sino como una forma de sociedad basada en los valores y el respeto al disenso y las libertades individuales”, asegura el diputado nacional Alberto Cantero, intendente de la ciudad desde 1999 hasta 2004.

Uno de los dos presidentes del Concejo durante ese período, Omar Isaguirre, recuerda la efervescencia de aquellos días: “Cuando esto arrancó, nadie reclamaba. Todos estábamos tras el objetivo de superar la tragedia. Cualquier cosa era mejor que una dictadura que gobernó para intereses extranjeros, sin sentido de patria. Pero el daño hecho era de mayor dimensión que lo que creíamos. Y a poco de andar nos dimos cuenta que la democracia por sí sola no podía resolver todo”.

Las palabras de Isaguirre abren la puerta a la necesaria crítica de lo hecho en este tiempo.

Tras 25 años, ¿cuáles son las principales deudas que la democracia aún mantiene con la sociedad?

Debilidad institucional

“La principal debilidad pasa por el no respeto a la Constitución. La república no funciona como tal. Funciona la democracia, pero no hay división de poderes. Ese es nuestro próximo paso, y está injustificadamente demorado”, reflexiona Rodolfo Marinelli, ex titular del Concejo Deliberante desde 1991 hasta 1999, durante los primeros períodos de Rins en el municipio.

“Es una falencia de los actores de la democracia, que supeditan los intereses generales a situaciones particulares. De una vez por todas debemos comenzar por la base del sistema, que son los partidos políticos. Hay que jerarquizarlos, hoy son sólo máquinas de electorales ”, amplía Marinelli.

En similar dirección, el otro presidente del Concejo que tuvo la administración de Cantero, Rodolfo Gentile, sostiene que la principal falla es la falta de participación de la gente.

“La democracia no es algo abstracto, la ejercen las personas. Los dirigentes debemos otorgar confianza a los ciudadanos para que participen. Pero a la sociedad no la construyen sólo los políticos. La sociedad debe hacerse cargo de su parte. La gente se acuerda que esto es una democracia sólo cuando hay un problema”, señala.

“Antes, ser funcionario público era motivo de orgullo, prestigiaba a quien ejercía el cargo. Todo eso se ha ido deteriorando tanto, que tenemos que dar explicaciones a nuestras familias y amigos de por qué tomamos esa decisión”, añade Gentile.

Para su reemplazante en el cargo, Omar Isaguirre, el principal problema de estos 25 años es la corrupción enquistada en el poder.

“Encima que fallamos, porque desde el 83 hay una buena parte del pueblo que está igual o peor que antes, debemos soportar que por todo el mundo nos tilden de corruptos”, señala.

Dicha condición aparece como un reflejo de lo que los referentes señalan como una pobre calidad institucional.

“Hay una deformación que se ve en el fabuloso avance de los poderes Ejecutivos sobre los Legislativos. La gente llega a preguntarse para qué existen los parlamentos”, indica Gentile.

“Hay abdicaciones, que un poder hace a otro. Por ejemplo, el tratamiento del nuevo sistema previsional. La oposición aprovecha para reclamar la caducidad de los superpoderes, a cambio de aprobar el proyecto. Abren una negociación”, suma Isaguirre.

Para el actual intendente de la ciudad, Juan Jure, la principal cuenta pendiente remite a la distribución de los bienes.

“Hay una deuda social muy importante. En estos 25 años no se ha podido dar respuestas a los sectores que menos tienen. No se ha mejorado la educación. No se ha mejorado la calidad de vida. Ese es un trabajo conjunto entre la sociedad y su dirigencia”, entiende quien también ocupó la presidencia del parlamento local.

“Atrás de cada esperanza que se generó, vino una frustración social. Eso nos ha ocurrido a quienes hemos tomado parte de distintos procesos. Hay que corregir, pero sin perder de vista que aquel paso del año 83 fue un paso hacia la vida, que permite mirar con libertad los errores y asumir frustraciones para evolucionar”, sentencia.

Río Cuarto

Esbozado un panorama general, la mirada se asienta sobre la comuna local.

Aquí, la percepción es compartida: la realidad de Río Cuarto es igual o mejor que la media trazada.

“Estamos dentro de la media. Tenemos los mismos déficits que cualquier otro pueblo. Lo mejor que nos pasó es el fortalecimiento de las instituciones intermedias”, cree Gentile.

“Hubo imperfecciones, pero nunca se llegó a los niveles de corrupción de otros ámbitos. Las cosas que se intentaron ocultar se terminaron conociendo. Hasta demográficamente hemos crecido. Tanto que hay dos ciudades, una de las cuales está en la periferia, con muchas necesidades. También hay mucha gente que ha mejorado, pero progreso no es sólo hormigón”, discurre Isaguirre.

En el repaso, distintos hitos sustentan el mencionado crecimiento.

“Somos conscientes de todo lo que falta, pero lo importante es trabajar juntos. Así conseguimos una Universidad para que nuestra juventud mire al futuro desde Río Cuarto. Hay muchos indicadores de progreso”, sintetiza el ingeniero Cantero.

“A los gobernadores se les reclamaba que la provincia terminaba en Río Tercero. Por el reclamo generalizado de los ciudadanos del sur, hoy tenemos delegaciones y somos sede de Gobierno”, piensa Marinelli.

“Río Cuarto ha estado por encima de la media de cualquiera de las otras ciudades en estos 25 años. Hemos tenido una dirigencia que ha estado a la altura de las circunstancias. Hemos avanzado mucho en este tiempo”, asevera Juan Jure.

Para el joven intendente, la llave de todo es precisamente la democracia.

“El desarrollo de nuestra comunidad se ha dado en períodos de democracia. Se ha trabajado bien, independientemente de quiénes hayan tenido que conducir estos procesos. La democracia como forma de organización, de gobierno y de vida ha servido para el crecimiento de la ciudad. Este Río Cuarto grande que tenemos hoy es posible sólo gracias a la democracia”, concluye, convirtiendo cualquier otra reflexión en prescindible... Al menos hasta el próximo aniversario.

Luis Zegarra

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