Una anormalidad muy normal

Por: Ricardo Roa

La Justicia de Río Negro puso en palabras lo que la gran mayoría piensa: los paros docentes afectan a los chicos más que a nadie. Sencillamente porque les impiden educarse. Así de simple. Así de importante.

Ni el amparo presentado por la mamá de tres chicos ni el fallo que lo aceptó y ordenó a los maestros volver a las aulas cuestionan el derecho de los docentes a reclamar mejores salarios. Lo que dicen es que el derecho de los niños a la educación no puede ser vulnerado por la huelga: hace 25 días que están de paro y para muchos no hubo ni un solo día de clases.

"Más de uno pensará que estoy loca por haberme metido en este lío", dijo Silvia Frank, la mamá que disparó la sentencia. Ruido seguro que produjo. Pero no se puede calificar de loca a una acción que buscó sentar a gremialistas y funcionarios a negociar en serio.

Loco es que pese a todo sigan la huelga y los cortes. Y que todos los comienzos de clase pase esto. En muchos lados. Hasta recién en Buenos Aires y ahora mismo en Capital. Y más loco, que no se cumpla en casi todo el país el calendario obligatorio de 180 días de clase, sin que nadie le encuentre una solución y como si lo anormal fuese normal.

Así pasa lo que pasa: unos 100 mil chicos dejaron la escuela estatal sólo en Buenos Aires entre 2002 y 2007. Allí, más de tres de cada diez van hoy a escuelas privadas y en la Capital, casi la mitad. La paradoja es que los padres pagan por algo que podría ser gratis. Y una explicación, dicha por ellos mismos, es que con los paros no tienen con quien dejar los chicos.

Los más castigados son los de menores recursos. Que son los que tienen el futuro más comprometido y más necesitan de la educación.

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