Anomia, todo un síntoma

Por: Oscar Raúl Cardoso

El abandono del respaldo a la clase política tradicional que mostró la elección del domingo para renovar el Parlamento Europeo es de una dimensión gigantesca, comenzando por la abstención record (casi el 60% de los habilitados no votó). Veintisiete naciones votaron hasta ayer.

¿Qué se puede esperar de comicios que repartieron asientos entre agrupaciones de derecha y otras básicamente estrafalarias en sus propuestas? Botones de muestra: el Partido Pirata de Suecia -que pretende abolir los derechos de autor en Internet-, el Partido de la Independencia del Reino Unido se presentó y recibió curules aun cuando su principal propuesta es retirar a ese país de la Unión Europea. La izquierda de países como España, Italia, Austria, Inglaterra, Bulgaria, Grecia, Holanda y Portugal fue incapaz de montar una contraofensiva electoral convincente. Sus agrupaciones resultaron abrumadas por la responsabilidad que el público les asignó por la presente crisis económica. El sentimiento que ha privado en el voto del domingo es la anomia, en lo que parece una respuesta a la degradación de la política tradicional.

Es curioso, porque la crisis de hoy puede rastrear su origen a gobiernos del mismo, o parecido, signo ideológico que fue premiado ayer. Algunos dicen que lo sucedido es parte de la incapacidad de aquella izquierda de diferenciarse de las propuestas -sobre todo económicas y sociales- desde que Ronald Reagan en Estados Unidos y Margaret Thatcher en Inglaterra impusieron en buena parte del planeta su conservadurismo extremo, a comienzos de los 80. Aunque esto es debatible, lo cierto es que uno de los gobiernos más golpeados es el laborismo inglés, a quienes ya son pocos los que lo consideran como de centro izquierda. El partido de Gordon Brown registró una pérdida de siete puntos respecto de similares comicios anteriores.

Con este triunfo de los conservadores en el Parlamento Europeo la maquinaria laborista no quiere a Brown como portaestandarte para los próximos comicios nacionales. Si los resultados en este voto futuro fueran similares a los del Parlamento Europeo, el laborismo quedaría reducido a la insignificancia.

Es que aunque el Parlamento Europeo es un organismo de influencia creciente, sus comicios aún son percibidos como prueba del estado de salud de los dirigentes de cada país. En esta medida es que suelen echar fuego en otras disputas internas. Veamos por ejemplo la situación de Silvio Berlusconi: el triunfo de sus colores en el Parlamento Europeo le aporta una pátina de buena pintura cuando se encuentra apretado por su manía de jugar con jovencitas. Pero también agranda la figura de su socio, el ex neofascista Gianfranco Fini que, se dice, está buscando ser el reemplazo de "Il Cavaliere".

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