"Animémosnos y vayan"

Por: Ricardo Kirschbaum

En sentido figurado, Aníbal Fernández le dijo el viernes al gobierno de Daniel Scioli: "Animémosnos y vayan...", para que se terminara con la larga ocupación de la fábrica Kraft, de capital estadounidense.

Lo confirmó ayer cuando explicó que fue idea de él, transmitida al gobernador bonaerense. Y que si no hubiera hablado con Scioli, como jefe de Gabinete se habría encargado del tema, demostrando el grado de autonomía que la Casa Rosada le otorga al jefe del Ejecutivo provincial. Fernández había dicho "animémosnos" para que el costo político se lo endosaran a la cuenta de Daniel Scioli, pero no hizo lo mismo en la Capital con la idea de que el profundo malestar por los cortes de tránsito, en apoyo a la ocupación de Kraft, sea dirigido contra el gobierno de Macri.

Una situación es imposible parangonarla con la otra, pero es patente la intencionalidad política. Fernández actúa con la picardía de un dirigente bonaerense que debe cumplir con su jefe, Néstor Kirchner, y alimentar su propia ambición de competir por la gobernación de la provincia.

El objetivo principal: seguir erosionando a Scioli, empujarlo a asumir en Diputados en diciembre y a dejar la gobernación en manos de un fiel de Kirchner, el vicegobernador Alberto Balestrini. Un paso central en la aventura Kirchner 2011.

El objetivo secundario es exhibir a Macri en la vidriera del represor, señalando que el jefe de Gobierno quiere resolver problemas sociales "a palazos". Es una cortina de humo para opacar el cambio cualitativo de política exhibido hasta aquí.

Es ingenuo apostar a que el violento desalojo de la fábrica vaya a afectar sólo a Scioli. El kirchnerismo había dado un viraje para retener una franja de centroizquierda. En esos campamentos, la actuación policial para expulsar a los ocupantes de Kraft es políticamente inaceptable.

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