Aníbal F., el último sofista

Por: Ricardo Roa.

La sofística es el "arte" de hacer pasar lo falso por verdadero. Los sofistas nacieron en Grecia y con su retórica le daban letra a los políticos para justificar cualquier cosa. Es lo que practica Aníbal Fernández casi todo el tiempo, como en el caso del fraude en Aeronavegantes.

Una jueza primero y un juez después pidieron apoyo policial para desalojar el gremio y colocar a los dirigentes que ganaron la elección pero no pudieron asumir por una trampa probada en la Justicia. En un caso el Gobierno dijo que no tenía móviles suficientes. Y en el otro, mandó a un comisario de civil a explicarle al juez que no iba a actuar y que debía "llamarlo a Aníbal". El juez denunció al comisario y al ministro.Y pasó lo que tenía que pasar: se armó un escándalo. Hasta la Corte cuestionó la desobediencia de Fernández, que acata sólo los fallos con los que está de acuerdo. Aníbal pretendió ayer emprolijar: alegó que no hizo lo que debió hacer porque había dos fallos contrapuestos (Intervención y elecciones en Aeronavegantes)

Una verdad al gusto de Fernández: esos dos fallos no fueron simultáneos. El primero ordenó desalojar y no lo cumplió. Después apareció el otro, a favor de la lista del fraude y sacado de apuro en un juzgado de Lanús. La misma Justicia lo declaró improcedente. El sofisma de Aníbal es hacer creer que no actuó porque había recibido órdenes contradictorias. Y otro sofisma es decir que está "en el medio" de dos bandos, cuando de hecho actúa en favor de uno: el que hizo el fraude, es liderado por la embajadora argentina en Venezuela y tiene de abogado al mismo de Moyano y a la vez portavoz laboral del kirchnerismo en Diputados. El problema de los sofistas es cuando sus falacias comienzan a ser evidentes. Convencen cada vez menos, por mucho empeño que pongan.

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