Aníbal, el piloto fantasma

Por: Ricardo Roa

Fuente: EDITOR GENERAL ADJUNTO DE CLARIN

Hubo una empresa aérea estatal que no cancelaba vuelos ni tuvo nunca demoras. Que no conoció conflictos o internas gremiales.

Que no perdía cada mes unos 200 millones pesos ni hacía vuelos especiales para que funcionarios y amigos vieran partidos de fútbol ni bajaba arbitrariamente pasajeros. Eso sí: jamás voló ni tuvo aviones. Se llamaba Lafsa, una verdadera aerolínea fantasma. Llegó a tener 138 azafatas y 10 pilotos. Que equipó y adiestró para que consiguieran trabajo en compañías privadas. Y que pagó sueldos, oficinas y gastos durante más de seis años. Lo único que se sabe sobre el costo de semejante disparate es que lo bancó el Estado. Se cacula que fueron unos 40 millones de dólares. Recién ayer el Gobierno decidió disolverla (Liquidan LAFSA, la línea fantasma que nunca voló). Lo notable no es sólo que todo esto haya pasado sino que en el decreto que disolvió lo que nunca existió el Gobierno diga que "evaluando los resultados se puede considerar que fueron cumplidos los objetivos".Se refiere al decreto de Duhalde que había creado a Lafsa en 2003. Y los objetivos eran "asegurar un servicio para todos los usuarios, continuo y regular". También decía que (Lafsa) "se encontrará transitoriamente y hasta su privatización en la órbita estatal". Fue una transición un poco larga y no hubo ninguna privatización. Tampoco ningún servicio, ni continuo regular ni de ninguna clase. Hay un funcionario que firmó los dos decretos. El que armó la empresa prometiendo servicios y privatización y el que ahora la cierra sin que se hubiera hecho nada. Es Aníbal Fernández, en 2003 ministro de la Producción de Duhalde y ahora jefe de Gabinete de los Kirchner. Esto es lo único que puede explicar que se pretenda justificar lo que a todas luces es injustificable.

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