Aníbal F. y Nosiglia jugaron en River con Passarella presidente

Por: Julio Blanck.

Siete millones de dólares. Lo que se dice una burrada de plata. Más de 25 millones de pesos, tanto como lo que Cristina y Néstor se patinaron para hacerle propaganda a la Ley de Medios.

Esa bonita, escandalosa, increíble cifra, es lo que se gastó en la campaña electoral de River. Allí, el gran Daniel Passarella se consagró presidente por apenas seis votos. El padrón era de 30.222 socios, de los cuales al final votaron -y fue cifra récord- 14.248. Según como se saque la cuenta, casi 900 pesos invertidos por cada socio empadronado. O más de 1.800 pesos por cada voto. O algo más de 5 millones de pesos como costo promedio de la campaña de los cinco candidatos, aunque sólo tres competían en serio y gastaron en consecuencia.

Es fácil imaginar cuánto afán había por devolver a River al abrigo de sus glorias de siempre. Y de paso, ya que estamos, tener bajo control los negocios que habilita el fútbol grande. Una chorrera de plata que va y viene, donde la compraventa de futbolistas es el rubro menos transparente, pero no el único que puede dejar una moneda en la tesorería del club y en el bolsillo de la gente despierta. Al presentarse como nuevo presidente Passarella dijo: "Yo no soy político, yo voy al hueso". No será político, pero varios de ellos lo ayudaron para llegar adonde llegó.

En la entretela del fútbol juran que el apoyo de Enrique "Coti" Nosiglia fue decisivo. El legendario operador radical, ahora dedicado a armar la candidatura presidencial de Julio Cobos, es muy hincha de Boca, pero hace rato que viene metiendo baza en las internas de otros clubes. A los argumentos de "Coti" respondieron empresarios que arrimaron efectividades conducentes para la campaña, un nutrido pelotón de socios que tienen conchabo en recovecos del empleo estatal porteño que los radicales supieron cultivar. Y algunos dirigentes de River como Daniel Bravo, radical que alguna vez operó para el kirchnerismo y que ahora, con experiencia y picardía, consiguió que el apoderado de la derrotada lista de Rodolfo D'Onofrio firmara el acta del comicio, una vez que la Junta Electoral le convalidó a Passarella un puñado de votos impugnados.

Para formar esa Junta Electoral fue clave la lapicera del presidente saliente, José María Aguilar, a quien el kirchnerismo mantiene aferrado con su amable disciplina del garrote. Aníbal Fernández, omnipresente Jefe de Gabinete, hombre de Kirchner en el fútbol, operó sobre Aguilar. Al ahora ex presidente de River casi no hace falta recordarle que tiene algunos asuntitos judiciales pendientes por su gestión.

Como parte de esa operación, se asegura que Néstor Kirchner llamó a Passarella, en la madrugada de las impugnaciones, para asegurarle que sería presidente de River. Cierta o no la llamada de Kirchner, la cuestión es que se arreglaron rapidito todas las cuestiones administrativas, dentro y fuera del club, para que Passarella asumiera antes de que la Justicia se defina sobre los amparos que presentó D'Onofrio.

Claro que D'Onofrio no fue un pobre pajarito en la tormenta. De su lado jugó fuerte el peronismo disidente, que tuvo como mayor expresión a Hugo Santilli, candidato a vice, ex presidente del club, funcionario de Menem en la década del '90 y padre de Diego Santilli, estrella en ascenso de la política porteña, que viene de dejar el comando de la Legislatura y ahora es ministro de Espacio Público de Macri, y que sueña con gobernar la Ciudad.

Tercero en la elección quedó Antonio Caselli, hijo de Esteban "Cacho" Caselli, ex embajador de Menem en El Vaticano, gentilhombre del Papa y gran operador del sector católico más conservador. Caselli volvió de Roma con el cargo de embajador de la Soberana Orden de Malta en la Argentina. Le pasó el cargo, como herencia, a su hijo Antonio, el que quiso ser presidente de River. Dicen que sobre la hora, cuando vio cómo se polarizaba la pelea, el joven Caselli le dio una buena mano a Passarella. Si fue así, será compensado en esta vida.

Quinto entre cinco fue Mariano Mera Figueroa. Casi una candidatura testimonial del hijo de Julio Mera Figueroa, que fue ministro del Interior de Menem, un zorro que se murió antes de hacerse viejo. El apellido y los contactos le facilitaron cierto apoyo sindical a su campaña. También le habría jugado algunas fichas el ministro Julio De Vido, más por gentileza que por apuesta política. Es que Mariano Mera, politólogo de profesión, simpático y entrador según quiénes lo frecuentan, ha sabido abrir puertas para que algunos contratistas de obra pública puedan llevar delante sus negocios con el Gobierno. Como es fácil comprobar, desde el ganador hasta el último, un vivificante espíritu deportivo rodeó la elección de River.

Comentá la nota