Aníbal Fernández en obra

Su bigote y su desparpajo le dieron popularidad. Su rapacidad política y su capacidad de trabajo lo consolidaron en el espacio de poder que hoy ocupa.
Aníbal Fernández planea ahora capitalizar todo lo construido.

Como si fuera una dote lista para atender la necesidad de cualquier pretendiente, el funcionario K extiende sus influencias por todos los rincones, pero con especial esmero en la provincia de Buenos Aires. No habla de candidaturas, aunque aspira a la gobernación provincial.

Desde que se sumó a la troupe kirchne-rista, Fernández logró alcanzar la confianza del matrimonio presidencial, al punto de convertirse en uno de sus hombres más valiosos.

Desde un auspicioso principio en el ministerio del Interior, fue creciendo, hasta llegar al principal cargo político, la jefatura de Gabinete.

Aunque todos reconocen que "ningún funcionario, hasta el de menor rango, se designa sin el conocimiento de Néstor Kirchner", Aníbal logró incorporar en varias áreas del Ejecutivo nacional a gente aliada. Son, entre otros, los casos de:

Raymundo González, ex director del hospital Isidoro Irízar y ex concejal de Quilmes, nombrado como integrante de la superintendencia de servicios de Salud.

El ex diputado provincial Julián Domínguez, designado en el flamante ministerio de Agricultura.

La antigua opositora María del Carmen Alarcón, a cargo de la secretaría de Integración Nacional, un ámbito diseñado para mediar con los sectores ruralistas más adversos.

Andrés Meiszner, titular del Registro Nacional de Armas (Renar) e hijo del secretario ejecutivo de la AFA, José Luis Meiszner, un viejo aliado de Fernández desde las épocas en que el empresario presidía el Quilmes Atletic Club y Aníbal era intendente.

La ex senadora provincial Mónica Litza, titular del Registro Nacional de Reincidencias, quien está a cargo de la agrupación de Fernández, "Arturo Jauretche", en Avellaneda.

El ex director de Migraciones Ricardo Coyote Rodríguez, subsecretario de Promoción del Desarrollo Sustentable de la secretaría de Medio Ambiente, algo así como el número dos de la cartera.

El joven Pablo Paladino, subsecretario de Seguridad en Espectáculos Deportivos (SUBSEF).

Estas incorporaciones han significado para Fernández un incremento de poder de financiero fundamental para cualquier emprendimiento político.

En la mayoría de los casos se trata del dominio de cajas importantes del Estado nacional.

Su pase a la jefatura le significó de entrada la administración de los más de 230 millones de pesos destinados para el ejercicio 2009, con los superpoderes incluidos.

A esto se suma el control de la pauta publicitaria que depende de la jefatura.

Además, en Medio Ambiente no sólo sumó gente, sino el manejo de la Autoridad de la cuenca Matanza Riachuelo (Acumar), con una caja de 186 millones para obras de saneamiento.

No hace falta aclarar, nuevamente, que todas estas maniobras están minuciosamente avaladas por Néstor Kirchner, su jefe indirecto.

Destinos

El escenario electoral actual, tal como está planteado, no ofrece a Fernández muchas posibilidades.

Ligado indefectiblemente al kirchnerismo, el hombre sabe que la candidatura presidencial del señor K va a ir anexada a la reelección de Daniel Scioli en la Provincia. Sabe, además, que no tiene chances para secundar la fórmula del Ejecutivo,

ya que es un lugar reservado para futuros aliados.

Y "no tiene ningún interés en volver a ser parlamentario", indican desde su círculo más cercano.

Pero Fernández construye, y a pasos acelerados, consciente de la importancia de tener su propio caudal político.

"En Argentina nunca se sabe. Hoy (Julio) Cobos está primero, (Mauricio) Macri tibio, y Lilita (Carrió) excluida, pero en menos de dos minutos te cambia la bocha y pasan cosas que ni imaginabas", asegura un dirigente muy cercano al funcionario nacional.

Es sabido, y probadas muestras dio, que Fernández sabe y disfruta manejar imprevistos, o situaciones de emergencia.

La base

Quilmes es el lugar de residencia y de construcción territorial del jefe de Gabinete. Allí el justicialismo tuvo un rumbo errático e impredecible, fruto de sus continuas internas.

Desde su flamane agrupación, "Arturo Jauretche", Aníbal decidió ser el movilizador de una alianza de todos los sectores.

"Victoria Peronista", del ministro de Gobierno, Eduardo Camaño, y "Causa Popular", del diputado provincial, y en breve recuperado como funcionario del ministerio de la Producción, Daniel Gurzi.

A éstos hay que sumar, desde un lugar particular y más cercano a Fernández, al presidente 1 del Senado, Federico Scarabino. Un dirigente sin línea propia pero ineludible al momento de cualquier negociación.

Más lejos se encuentra el intendente, Francisco Gutiérrez. Un kirchnerista enemistado con Aníbal, alejado del armado PJ, aunque en los papeles preside el partido a nivel local.

La unificación de todos los sectores, con la posibilidad de lograr un candidato a intendente por el consenso, o en todo caso a través de internas, es la apuesta.

"Si no nos organizamos, nos come la oposición", dicen, mientras miran con recelo la gestión del actual jefe comunal.

La oficina de Fernández en la Rosada es el lugar de encuentro de los dirigentes, que la próxima semana invitarán a Gutiérrez, para ver si logran amaestrarlo.

Más allá de su deseo de ser Gobernador, Fernández aspira a

obtener un lugar en la mesa de discusión del futuro mapa electoral del oficialismo. Sus allegados recuerdan que siempre afirma: "ser candidato no es una cuestión de vida o muerte, es sólo una meta; el poder real es ser uno de los que definen los nombres de las futuras autoridades".

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