Aníbal Fernández: "Los hechos en las calles no tienen nada de casual"

Alimentó la teoría de la desestabilización. "No nos vamos ni nos van a echar", afirmó.
Pidió esperar el estudio de las universidades para criticar las cifras del INDEC, preguntó de qué le estaban hablando ante un cuestionamiento sobre el Consejo de la Magistratura y aclaró que no analiza la inseguridad como el personaje de "Mamá Cora". En su informe en la Cámara de Diputados, Aníbal Fernández desplegó ayer su histrionismo para defender las políticas oficiales e hizo ruido con una cuestión no incluida en el temario acordado: avaló la teoría de un plan de desestabilización al asegurar que "los hechos en las calles no tienen nada de casuales". Remató diciendo -entre los aplausos del bloque oficialista- que "si lo que están pensado es que nos vamos a ir o nos van a echar, que se saquen la idea de la cabeza".

El tema no estaba dentro de los estipulados (cuestiones fiscales, productivas y reforma política), pero se coló por una pregunta de Juan Carlos Morán, de la Coalición Cívica y Fernández aceptó responderle. El jefe de Gabinete dijo que "estamos investigando" y responsabilizó a "algunos dirigentes en retirada y pagos por algunas acciones" por el supuesto clima de desestabilización.

También vinculó la cuestión a actitudes del vicepresidente Julio Cobos y la diputada electa Elisa Carrió. "No imagino a (Mariano) Rajoy en España yendo a la embajada Argentina a entregar una carta que exprese que Rodríguez Zapatero hizo tal o cual cosa ni a (la vicepresidente) Teresa de la Vega enfrentando al Gobierno", agregó. Esos dichos generaron la respuesta de Morán y de Fernando Iglesias, de la Coalición Cívica, y del cobista Daniel Katz, quien le contestó que "no hay peor miedo que el que construye uno mismo y mejor conoce".

El discurso de Fernández tuvo momentos confrontativos desde el comienzo, cuando en su encendida defensa de las políticas oficiales argumentó que la caída del PBI resultó menor que la de Brasil, "la nación hermana a la que tanto le gusta nombrar a los habladores". En ese tramo, sobre un comentario sobre los años 1948, 1973 y 2008 como los de contexto internacional más favorable, aseguró que "Dios no es sólo argentino, sino también peronista".

En la introducción, vaticinó una "recuperación progresiva de la industria" para el año próximo, aunque evadió las preguntas que le envió el jefe radical, Oscar Aguad sobre las proyecciones para el futuro. Más adelante, el funcionaria se dedicaría a esquivar unos cuantos interrogante más que le formularon desde la oposición.

Los cuestionamientos de distintos bloques giraron en torno al reclamo de una nueva ley de coparticipación federal, la reforma del régimen tributario, la descapitalización de la caja previsional, el déficit de Aerolíneas Argentinas y la falta de información sobre los subsidios a las empresas, entre otros temas. El jefe de Gabinete mostró la misma convicción para refutar todos los temas. Dijo que Mariano Recalde "agarró un fierro caliente" y justificó el vuelo a Montevideo, para ver a la Selección de fútbol contra Uruguay.

En su escalada verbal tuvo un fallido: al defender la reforma política habló de "los motivos que justifican nuestra presión... nuestra presentación del proyecto". Victoria Donda, de Libres del Sur (ex aliados del Gobierno), preguntó si el Gobierno "cambió en su concepción de que a la protesta social no hay que responder con represión". Fernández trató de despegarse de los casos de Kraft y la agresión a Mario Segovia ("no tenemos nada que ver con la Policía de la provincia de Buenos Aires") y adjudicó las detenciones en el acampe de la semana pasada en la 9 de Julio a un "señor que fue a robar".

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