La angustia une a 11.000 empleados de las AFJP

Tras la sanción de la ley, no encuentran respuestas sobre su futuro
Si la angustia, la impotencia y el desánimo ocuparan lugar, ese bar cercano al Congreso a mitad de la tarde del jueves habría estado completo, sin espacio para respirar.

"Me quedé sin trabajo con Menem, lo recuperé hace 14 años. Estoy sola con dos chicos, saqué un crédito hipotecario, y esto me deja, a los 53 años, sin trabajo y sin ese pequeño capital para mis hijos. Siento que se me cayó una estructura encima", se lamentaba María Cristina Navoni, con sus ojos celestes mirando hacia la nada.

Cruzando la calle, los senadores se preparaban para firmar el acta de defunción de las administradoras de fondos de jubilación privada en el país. Es la razón de la tristeza de María Cristina, ejemplo concreto de la situación que hoy viven los cerca de 11.000 empleados de las AFJP, que aguardan el porvenir llenos de interrogantes y sin certezas.

María Cristina llegó al bar con otros cinco compañeros de Met, una de las diez compañías en funcionamiento que dejarán de ser no bien la estatización de las AFJP sea promulgada por el Poder Ejecutivo. Yanina Marquevich, una inquieta pelirroja de 34 años, se quejó de la iniciativa del Gobierno: "Nos quitó a todos el derecho a elegir con un discurso engañoso y lleno de falsedades sobre las AFJP". A su lado, Claudio Battioli se enojaba con el oficialismo. "Soy peronista, y nunca pensé que podían hacer una cosa así. El fin, para ellos, justifica los medios", dijo.

Luis Yrigoyen y Marcelo de Luca, con muchos años en la empresa, se mostraron desconfiados de las promesas oficiales de ser derivados a un empleo estatal, en la Anses, la AFIP o el Inadi. "Quiero el mismo puesto que tenía, y con el mismo sueldo", desafió Yrigoyen, mientras De Luca, que se considera un "cofundador del sistema", recordaba que en 1994 "las AFJP eran un reclamo de la sociedad y ahora resulta que son como el malo de la película".

Traje y corbata impecables, José García lleva 15 años en Arauca Bit. Comenzó como promotor y fue creciendo hasta llegar a jefe de departamento. A pesar de que desde la empresa aseguran que no habrá despidos, José fue uno de los más activos a la hora de las protestas que los empleados protagonizaron dentro y fuera del Congreso.

Desilusión

"El año pasado recorrí el país explicando qué eran las AFJP y por qué tenían que elegirnos. Esto me provoca un dolor enorme, están abortando a un chico de 14 años", monologó, muy serio. García criticó a los diputados y senadores ("no se interesaron por lo que nos pasaba") y desmintió con una comparación las críticas del kirchnerismo hacia la viabilidad del sistema privado: "Un plazo fijo no se puede retirar antes del vencimiento. Lo mismo pasa con las jubilaciones: el Estado miente cuando dice que subsidia. Sólo cumple la ley".

Amanda Doyle tiene 46 años y 15 en el sistema de las AFJP. Lucha desde hace un tiempo contra una grave enfermedad, que la hizo pasar de vendedora a empleada administrativa. "Nos enteramos por la tele, y cuando vimos a la Presidenta hablar lloramos juntos con mis cuatro hijos", recordó.

Su amiga y compañera de trabajo, Mercedes Pezzoni, oscilaba entre la desconfianza y sus deseos de catarsis. "Esta era una industria que a su vez le daba de comer a mucha gente. No se dieron cuenta de lo que han hecho", se quejó. Mónica Nieto, que pasó diez de sus 48 años en la AFJP Orígenes, no podía con su enojo. "La indignación va más allá del trabajo; no me gustan que me avasallen. Pero me pone mal que nadie, o muy pocos de nosotros, vengan a las marchas. Me molesta que no reaccionemos", dijo, un rato después de que sólo unas 50 personas se reunieran frente al Congreso en el momento de la votación.

Doyle contó que, unos días antes de la votación, había perseguido por la calle al jefe del bloque kirchnerista en la Cámara de Diputados, Agustín Rossi, para pedirle que frenara el proyecto. "Me dijo que no me preocupara, que voy a tener trabajo en la Anses. Me sentí agraviada y, por supuesto, no le creí", culminó, sin abandonar el tono triste.

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