Los que andan buscando un poskirchnerismo

Eso de que las elecciones mostraron un rechazo a las formas más que al modelo tiene varias lecturas. Los que sienten que ganaron ya piensan en que ellos pueden ser la nueva forma de un futuro gobierno peronista.
Las figuras del peronismo más encumbradas en el Gobierno andan recordando aquel viejo dicho que compara a sus compañeros con los gatos. Lo hacen para calmarse, agregando que los chispazos, las declaraciones y las amenazas de reacomodamientos en el PJ son ejercicios habituales en la tradición partidaria. Siempre pasa después de una elección, pero aseguran que la mayoría de los dirigentes justicialistas van a garantizar la gobernabilidad.

El escenario poselectoral muestra peronistas ganadores y perdedores. Los que aparecen exhibiendo sus logros, a veces no exentos de cierta ostentación y sumándole en algunos casos –como el del chubutense Mario Das Neves– un desmarque del Gobierno derrotado en la provincia de Buenos Aires y en los principales distritos del país. Y los perdedores que se ponen a la defensiva o buscan parapetarse tras algún ganador, como ocurre con el cordobés Juan Schiaretti, el salteño Juan Carlos Romero o el entrerriano Jorge Busti, quienes buscaron cobijo detrás del senador Carlos Reutemann, ajustado vencedor en Santa Fe.

En el marco de la derrota más traumática, la de la provincia de Buenos Aires, Néstor Kirchner buscó rápidamente absorber el costo de la elección, renunciando a la presidencia del PJ y dejándola en manos del gobernador Daniel Scioli, en un intento de mostrarlo, sino indemne, menos averiado. Scioli se movió rápido y con humildad –en parte porque es su estilo y en parte obligado por las circunstancias– tratando de reunir a los gobernadores que suponía leales al kirchnerismo –varios al parecer lo siguen siendo, aunque la lealtad en política se ve a plazos– y haciendo gestos hacia el peronismo no oficialista. Desde esa otra orilla salieron con fuerza marcarle la cancha. Reutemann, en particular, le mostró la dureza y frialdad de un iceberg, lo desairó en la invitación al diálogo y divulgó el desplante con altavoces.

Son todas movidas de lo que llaman el poskirchnerismo, donde algunos buscan primerear apoyos a supuestos futuros candidatos presidenciales y otros esperan, olfateando cuál será el mejor lugar para guarecerse: las frazadas de Reutemann y Scioli están disponibles y también la de Mauricio Macri, quien sabe que difícilmente pueda ser candidato a presidente sin una fuerte guarnición peronista. Das Neves, el único que ya lanzó su campaña para 2011, pero al menos para los dirigentes consultados por Página/12 no deja de ser un candidato testimonial.

¿Y el Gobierno qué juega en todo este rompecabezas? Los Kirchner desaparecieron como actores importantes del peronismo sólo en la sensación mediática. Los gobernadores, aún los opositores y el propio Reutemann saben que mantienen un rol protagónico. Todavía le queda a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner casi dos años y medio de gestión. Y quienes no se arrimen al fuego por amor lo harán por interés, aunque sea a una prudente distancia para no quemarse. Billetera mata galán, admiten los peronistas que están en el Gobierno y los que no lo están.

En el Gobierno señalan que el único que estará ajeno a ese imán es Reutemann, pero dicen que el santafesino también sabe la lógica de este asunto que siguen los que tienen responsabilidades de gestión.

"Los gobernadores no comen vidrio. Ahora es el momento del debate y la deliberación, de la catarsis, pero saben que si a este Gobierno le va mal, por más que traten de diferenciarse, muy probablemente a ningún candidato peronista le vaya bien en 2011", le comentaba días atrás a este diario un alto funcionario del Gobierno.

Otra alta fuente kirchnerista coincide, aunque con una salvedad: "El único que se pasó de la raya, porque no entiende nada, es Das Neves. Alguien le hizo creer que el que pega primero pega dos veces, pero en ocasiones el que pega primero también se expone a un contragolpe más largo y puede recibir más de lo que pegó". Parece que en la Casa Rosada hay un fuerte disgusto con el gobernador de Chubut, uno de los más beneficiados por las obras públicas del gobierno kirchnerista, porque otro importante funcionario se refería a él así: "Yo no entiendo lo de Das Neves. Podría entenderlo si hubiera ganado siendo gobernador de Córdoba o Santa Fe. Pero por más que tenga mucha plata para hacer publicidad, y que algunos medios importantes le doren la píldora porque le pega al Gobierno, el próximo presidente no va a salir de una provincia chica. Lo de Kirchner se dio por circunstancias muy especiales y luego de que no prosperaron las candidaturas de Reutemann y (José) De la Sota y lo de Menem, por una coyuntura muy favorable al peronismo y su carisma excepcional. Hoy no hay nada de eso, como para que surja un presidente peronista de una provincia de pocos habitantes".

De todas maneras en el Gobierno dejan la sensación de que no se quieren autoengañar. Admiten que las posibilidades de que Kirchner sea el gran elector del candidato peronista para el 2011 están prácticamente descartadas y que seguramente esa figura surgirá de una interna, que si prospera el proyecto de reforma política será simultánea con las de otros partidos, abierta y obligatoria. En el otro plato de la balanza, en el del optimismo, ubican al kirchnerismo como uno de los actores en esa hipotética interna, de máxima con candidato propio, de mínima sentándose a la mesa para opinar y acordar sobre esa candidatura.

Esa expectativa, una de las fuentes ya citadas la definía así: "Creemos que los que no nos votaron, no necesariamente están en contra del modelo y añoren las políticas de los ’90. Votaron contra formas, actitudes, modos de comunicarnos y un montón de cosas que seguramente habremos hecho mal. Pero tenemos dos años para corregir y levantar, con la ventaja que del otro lado no hay una gran figura y que de estas elecciones no surgió un ganador rotundo, sino ganadores y perdedores por márgenes pequeños".

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