Análisis: Reutemann teme por Cristina.

Las disculpas tienen la virtud de distender, pero no alteran los hechos. A éstos los cambian las conductas de sus actores y las circunstancias que los rodean.
El senador Carlos Reutemann se las pidió al gobernador Hermes Binner y éste no lo hizo. El director de la CIA, León Panetta, se disculpó con el gobierno argentino. Entre ambos hechos pasó la semana que instaló la llegada de la crisis mundial al país.

   Es de esperar que hoy lo anecdótico no se imponga sobre lo fundamental. Es menos importante que la presidenta Cristina Fernández salude o no a Cobos, Reutemann u Obeid, que al inaugurar las sesiones del Congreso dé a conocer al país las medidas de su gobierno para hacer frente a lo que se viene.

   "El peligro político de no advertir la crisis", alertó Jorge Levit el domingo pasado en este diario: "Es imposible predecir la magnitud del coletazo que arribará a estas latitudes, pero da la sensación de que, como siempre ocurre en el país, no hay políticas de Estado serias que puedan anticiparse al fenómeno para tratar de ponerle un poco de freno (...) Las divisiones políticas y la mirada corta y calculadora, con ausencia de estrategias de Estado, complicarán a la Argentina. Se acabó la época de las vacas gordas y de una caja llena de recursos".

   La escasez de fondos –principal condicionante para todo gobernante frente al desafío de lo extraordinario e imprevisible– resquebrajó la relación entre la administración socialista de Santa Fe y el gobierno de los Kirchner. La mala cara de Binner mientras escoltó a Cristina por Rosario el miércoles pasado evidenció que a nadie le gusta que vengan a su casa a retarlo como a un chico.

   El amigo de Binner es Néstor, cuyo futuro político depende de las alianzas (expresas o tácitas) que pueda tejer, para lo cual en Santa Fe no cuenta con los peronistas. Obeid nunca le perdonó a Kirchner que hubiese preferido que Binner y no él ganase la Gobernación en el 2003. No hay que desechar que Obeid sintiera alivio al irse esta semana del bloque de diputados del Frente para la Victoria imitando la defección de Reutemann en el Senado nacional. Por muy de acuerdo en lo ideológico que se pueda estar con los Kirchner, o mejor dicho con algunos aspectos de su discurso, se han hecho célebres por su maltrato a propios y extraños. "Reutemann se hartó", reveló la senadora Roxana Latorre, la otra integrante del bloque Santa Fe Federal.

   Acomodaticio o no, la ubicuidad de Obeid se debe a un olfato certero que le valiera reinventarse tras el exilio y obtener sucesivamente una banca de concejal, la Intendencia de la capital provincial en dos oportunidades, dos veces la Gobernación de la provincia y otras dos un escaño en el Parlamento nacional. Si esta vez tampoco se equivoca al seguir a Reutemann eso quiere decir, según él, que el fuego de los Kirchner, en lugar de abrigar, quema.

   Que el poco sutil pero hábil Hugo Moyano esté urgiendo paritarias intransigentes en medio del tembladeral, haciendo acordar a cuando Lorenzo Miguel acorralaba a Isabelita; que Kirchner tilde de enemigo al Lole y éste retruque que nunca se colgó a las polleras de su mujer; y que Duhalde proponga aprovechar la quiebra del mundo y declarar otro default, hace ver bastante la Argentina de estos días.

   Binner anunció que reclamaría fondos que la Nación le debe a la provincia y emitió dos mensajes claros. Uno, fue una elegante forma de decir que el Tesoro provincial requiere de auxilio. Los docentes entendieron y al aceptar el aumento e iniciar las clases mañana permitieron (en el límite) a la Casa Gris abrir el anotador de las buenas de este año.

   El otro mensaje habría buscado reeditar viejas simpatías en Olivos. Quizás el gobernador pensó que su amigo lo llamaría y le diría que pida lo que quiera. En cambio vino ella y le dejó en claro que no sólo no le mandaría más plata sino que la que le envió fue mucha. Encima, el año electoral que abrió Reutemann impide que Binner y Kirchner reediten las mismas complicidades que, les endilgan, alguna vez tuvieron.

   Si algo reveló la infidencia del director de la CIA es que las circunstancias para la Argentina no son las mejores. Se dirá que en medio de un mundo en crisis como no recuerda la memoria humana ello es una ostensible obviedad. Se trata de matices. Cuando todo parece teñido por el mismo riesgo de una caída vertiginosa, hasta los centímetros que nos acercan o alejan del abismo adquieren una superlativa valoración.

   Que entre los países que Estados Unidos monitorea diariamente temiendo que se desestabilicen políticamente a raíz de la convulsión financiera mundial figure Argentina es un matiz que nos tiñe de mal color. Panetta habló de Rusia y China y en Latinoamérica habló de Argentina, Ecuador y Venezuela.

   Corresponde a la diplomacia valorar si fue correcta o no la revelación. Su oportunidad e intereses. También ensayar las disculpas y forjar los disimulos de estilo. Pero ello no cambia el hecho de que Estados Unidos –cuyo empeño en salir de la crisis podrá discutirse, pero no ponerse en duda– tiene a nuestro país bajo vigilancia y no a Brasil, Chile o México. Así las cosas, la noticia no podría ser peor para el gobierno de CFK, ni menos inquietante para los argentinos.

   La CIA está lejos de ser una cofradía de monjes de clausura. La santidad no es su principal rasgo ni siquiera el acierto de sus predicciones. Pero que el líder de la CGT que responde al partido del gobierno comience a mostrar los dientes y los dirigentes que se consideran con futuro defeccionen de su supuesta lealtad y sumisión, quiere decir mucho tratándose de la Argentina y del Partido Justicialista.

   Una evaluación que no escapa a la Casa Gris. "Los peronistas peleándote son peligrosos, pero peleándose entre sí son de temer", confió a este diario un funcionario provincial. "La divisoria de aguas que produjo Reutemann todavía no nos permite saber si será favorable para alcanzar consensos y acuerdos en la Legislatura. Hay más bloques peronistas y habrá que ver si eso favorece o entorpece las negociaciones en un año electoral", dijo desconcertado el funcionario.

   Eso mismo a nivel nacional puede dar origen a la inestabilidad política que en la Argentina teme Estados Unidos. Felizmente, esta vez alguien aconsejó silencio a la presidenta y a nadie del gobierno se le ocurrió acusar a Barak Obama de ánimo destituyente.

   El martes hicimos notar en este diario que en su raid mediático de la semana, Reutemann repitió una y otra vez una enigmática frase: "Si esto sigue así, ¿habrá octubre?". Ese interrogante en parte, como quedó en claro, refiere a su eventual postulación electoral de este año, pero también a la desestabilización que puede traer aparejado lo que se viene.

   Reutemann teme que la crisis se lleve puesta a Cristina.

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