El fin de un anacronismo y de una vergüenza política

Por: Oscar Raúl Cardoso

El diablo se esconde en los detalles y en la tipografía más pequeña, reza un antiguo refrán. Es algo para tener en cuenta a la hora de evaluar el texto de la resolución aprobada ayer en el plenario de cancilleres de la Organización de Estados Americanos (OEA), que abrió las puertas para un regreso de Cuba a ese foro interamericano después de 47 años.

Como se encargaron de destacar, enfatizando su propio aporte, las 34 delegaciones -con nivel de cancilleres- que redactaron y negociaron en Honduras, el documento éste tiene un valor histórico en la medida que salva no sólo un anacronismo sino también una vergüenza política en el hemisferio: la separación de Cuba de la OEA, su "suspensión", se dijo entonces.

La Argentina, como recordó su canciller Jorge Taiana, se abstuvo en la votación de 1962 junto a un puñado de países, entre los que se contaron también Brasil, México y Chile luego de que la OEA no pudiera resistir el empuje de Estados Unidos que llevó adelante la resolución aprobada entonces.

Pero la realidad señala que habrá que esperar al menos un año para saber cuán histórico es en verdad este nuevo instrumento, porque en ese plazo una comisión especial deberá encontrar el modo de llevar este consenso general sobre una reparación a La Habana a los acuerdos precisos para que Cuba regrese.

La falta de esos consensos particulares es lo que casi condena al fracaso estrepitoso a la reunión en la noche del lunes pasado en San Pedro Sula. Sin que el encuentro terminara, la canciller Hillary Clinton abandonó Honduras para seguir su tarea en Egipto, donde hoy el presidente Barack Obama pronunciará un discurso, al que los observadores asignan particular importancia.

Antes de volar hacia Oriente Medio, Clinton le dijo al periodismo que "no se votaría nada" en la OEA por la falta de acuerdos concretos. El Salvador y Nicaragua se encargaron de presentar el texto más favorable a Cuba, mientras que Washington quiso introducir condiciones que descarrilaron la negociación.

Estados Unidos quería que Cuba solicite su reincorporación -La Habana se niega porque, dice, nunca solicitó su desafiliación- y que adhiera plenamente a la Carta Democrática Interamericana adoptada en 2001. Apenas el año pasado, América Latina rechazó una iniciativa estadounidense para crear un grupo "vigía" de las democracias de la región.

La primera vez que esa Carta fue invocada fue en 2002 en ocasión del fallido golpe de Estado contra el presidente de Venezuela, Hugo Chávez. En esa ocasión el compromiso asumido por los países a través del documento les permitió realizar una declaración de repudio al intento golpista sin disensos.

Sin conocer aún la reacción de Cuba, es bueno recordar que Fidel Castro ha asegurado reiteradamente que su país no está demasiado interesado en regresar a la OEA, un organismo que tiene a Estados Unidos como "Caballo de Troya" en su seno.

Ya en 1959, en pleno surgimiento de su revolución, Castro dijo que no tenía "fe en la OEA. Es un órgano que no resuelve nada. Todo es ficción. No le ha servido a los pueblos de América".

Cuando se conozcan los detalles del nuevo compromiso podremos saber si ellos ayudan a dejar atrás la Guerra Fría o si el diablo tiene su residencia allí.

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