Los amigos de los Kirchner viajan en camión y en avión

Por: Julio Blanck.

A ellos, los Kirchner, pobres santos, se los critica más de la cuenta. Por cierto, no son de andar derramando simpatía ni concordia. Es verdad que gritonean y amonestan a propios y extraños, casi como forma de vida. Pero no se les perdona una. Y de tanto machacar sobre sus defectos, ni siquiera se les reconocen las cualidades.

Por ejemplo, son generosos con sus amigos, sus aliados y con todos los que resulten útiles a sus fines de ejercicio, expansión y conservación del poder. Esa generosidad desborda a los Kirchner, a pesar de alguna trastada que esas amistades les propinan de tanto en tanto.

Véase, si no, lo ocurrido esta semana con Hugo Moyano. Después de recibir lisonjas y canonjías varias del Gobierno, después de extender las fronteras de su jurisdicción gremial por las buenas o por las malas pero siempre con la complacencia oficial, después de disfrutar de la presencia gallarda y la voz tonante del ex presidente en su acto de nueva reelección al frente del gremio de camioneros, Moyano plantó otro de sus piquetes prepotentes, esta vez en las plantas de impresión y distribución de los principales diarios del país. Y lo hizo justo el día en que la Presidenta anunció el vasto paquete de medidas para enfrentar la crisis, saliendo del jet lag que le ocasionó su largo y muy interesante recorrido por el norte de Africa.

Moyano le enchastró el día a Cristina en nombre de su obsesión particular: pretende la representación gremial de los trabajadores que se ocupan de distribuir los diarios y revistas. Su enemigo en esta pelea es otro sindicato. Pero su vector de apriete se orientó hacia las empresas, repitiendo un mecanismo que los camioneros ya han usado demasiadas veces en los últimos años, contra cadenas de supermercados, cementeras, petroleras y cerealeras.

Esa presión contra la libertad de prensa mereció un inmediato y extendido repudio de la oposición. Pero, lástima, no se escuchó una sola voz oficialista. El que calla otorga, dice el refrán.

Además, está la sucesión de los hechos: en sus últimas dos apariciones públicas Kirchner recargó su inquina contra la prensa; después, enseguida después, vino la apretada de los camioneros. No hay evidencia del aliento expreso del kirchnerismo a la presión de Moyano. Pero tampoco hay evidencia en contrario. En privado, funcionarios con rango ministerial se mostraron desolados por el episodio. Juraron haber hecho lo que estaba a su alcance para que la anormalidad cesara cuanto antes. Y por cierto lo hicieron. Pero esas voces nunca asomaron ni asomarán a la luz pública. El miedo no es zonzo, dice otro refrán.

El caudillo de la CGT hace lo que hace porque se sabe imprescindible para el esquema de poder armado por los Kirchner para sobrellevar el presente turbulento y el porvenir de acechanzas que ellos mismos se supieron construir. Por eso, es probable que Moyano pronto reciba nuevas buenas noticias desde el poder: ahora quiere que se prohíba por un tiempo el traspaso de afiliados de las obras sociales, porque la gente se está yendo a los sindicatos que ofrecen servicios de medicina privada y esa migración hace que los gremios grandes vean adelgazar de golpe sus ingresos.

Tan generosos y buenos pagadores son los Kirchner, que acaban de premiar a otro de sus amigotes sindicales con un soberbio viaje por el mundo. El beneficiado fue Jorge Pérez Tamayo, jefe del gremio de pilotos aeronaúticos, que estuvo al mando de la tripulación del avión alquilado a Aerolíneas Argentinas con el que la Presidenta hizo su reciente gira, que abarcó desde Washington hasta las capitales de Argelia, Túnez, Libia y Egipto.

Hay que decirlo pronto: Pérez Tamayo es un piloto de alta calificación profesional, habilitado para comandar aviones como el Airbus 300 que se alquiló para Cristina, con mayor autonomía y equipamiento más moderno que el baqueteado Tango 01.

Pero también hay que decir que el jefe sindical de los pilotos fue un aliado fuerte y eficaz del sector kirchnerista que empujó sin desmayos todos estos años para expulsar del control de Aerolíneas a los españoles de Marsans. La empresa había hecho sus buenas burradas y había incumplido buena parte de sus promesas; pero los gremios -y el de pilotos en especial- también pusieron su cuota para ayudar a la estrategia de desgaste y pérdida de valor de la compañía.

Pérez Tamayo no pudo recibir mejor compensación por sus patrióticos esfuerzos: viajó por el mundo con la comitiva presidencial y a su regreso se encontró con la noticia de que Aerolíneas, ya reestatizada por ley, ahora está cada vez más cerca de ser expropiada. Lo que bien puede definirse como otra escena de kirchnerismo explícito.

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