América latina, entre lo ideal y lo real

Por José Claudio Escribano

SEVILLA.- Con el mal humor prevaleciente en el mundo nada extraña que hasta nuestro famoso bicentenario sea puesto en la picota. Estimulan el empeño crítico quienes se preguntan si en realidad hay, aparte de la independencia en sí misma, algo más para celebrar en 2010.

Héctor Aguilar Camín, que aparte de ser el marido de Angeles Mastretta es uno de los intelectuales de mayor gravitación en México, lanzó el desafío. Lo hizo en el IX Foro Iberoamérica, asociación de intelectuales, políticos y empresarios que presiden un escritor, Carlos Fuentes, y un ex jefe de Estado, Ricardo Lagos, y que se abrió con una comida en la que habló el rey Juan Carlos, en el Real Alcázar.

Simón Bolívar había sido, en el siglo XIX, aun más rotundo de lo que lo es Camín. "La independencia -dijo el libertador- es el único bien que hemos conseguido a costa de todo lo demás."

Si, como propone Camín, a la independencia habría que verla de manera más escéptica de aquella a la que hemos estado preparados, podría comenzarse por México mismo.

En los años que siguieron a 1810, México redujo la mitad de su producción agrícola. El plantel ganadero cayó de 4,5 millones de cabezas a sólo poco más de 250.000. Dejó irreconocibles adelantos de su industria minera y perdió, lo peor de todo, 600.000 hombres sobre una población entonces de 6 millones. Otro tanto ocurrió en la más despoblada Venezuela, que con 900.000 muertos se quedó también sin la décima parte de quienes la habitaban.

Camín ha dicho que, con la historia patria, a los niños les sucede una cosa extraña, como con los cuentos de hadas y los terrores nocturnos. Aprenden que seres sobrehumanos emprendieron gestas heroicas sobre las que se fundaron nuestros países.

Es verdad que a las guerras independentistas en América siguieron a menudo, a raíz de otras guerras sin recambio absoluto de actores, escuelas de préstamos forzosos, de entregas de vales por bienes tangibles, saqueos y cuanto procedimiento fuera eficaz para buscar dinero donde lo hubiera. Y es verdad que ese tipo de escuelas ha hecho prosperar en el continente tradiciones malditas. ¿De dónde han salido, si no, los gobiernos que pretenden apoderarse hasta de lo que la gente ha ahorrado para poder seguir viviendo después de vidas enteras de trabajo?

Claro que hay tradiciones mejores que ésas. Son las de las controvertidas leyendas que permiten al menos soñar. Para naciones fundadas por hombres que primero fueron de carne y hueso, como San Martín, como Belgrano, que libraron enfermos batallas victoriosas y que en nada acrecieron por ello la hacienda personal, las licencias históricas recompensan y templan el ánimo colectivo. Sobre todo cuando la posteridad es mezquina, sin más vuelos, por momentos, que los de la rapacidad.

Por sólo haber sido lo que se propusieron antes de quedar fundidos en el metal de la historia, San Martín, Belgrano y sus émulos de aquella época han terminado por parecer, con exageración o no, sobrehumanos. Así los retrata el contraste con esa realidad de "políticos de muchos principios y pocos escrúpulos", que señalaba hace ya hace bastantes años John Lynch, el gran historiador británico a quien se tuvo presente en Sevilla.

La celebración de los bicentenarios americanos ha comenzado, en realidad, este año. No todos son festejos por la independencia de alguno de nuestros países. Dos historiadores eminentes de Brasil, Jorge Couto y José Murilo de Carvalho, reconstruyeron en el foro la llegada en 1808 a Río de Janeiro del príncipe regente y la instalación de la corte imperial portuguesa en la colonia. Fue un proceso de extraordinaria peculiaridad.

¿Pero por qué no podría Brasil permitirse adelantar a este año, en lugar de esperar al más oficial 2022, la celebración de su existencia nacional? La asombrosa unidad política y territorial del inmenso país, a través de los tiempos, está en deuda con aquel hecho incomparable. Constituyó el comienzo de lo que llevó a la independencia sin fuego y a la república que despidió, con pañuelos en alto, al emperador que definitivamente se iba, en 1889.

Nada perdurable se logra sin esfuerzo, sin trabajo, sin consenso y sabiduría; poco, con crispación y mal talante. La notable unidad del Brasil no fue un regalo del azar; debió superar los riesgos de fractura, en sucesivas amenazas que no suelen ser retenidas en la memoria argentina: la República del Nordeste, en 1817; la Confederación del Ecuador, con capital en Recife, en 1824; la República Riograndense, entre 1835 y 1845, conocida en la modernidad como la República de las Pampas?

Brasil ha aportado este año otro gran aniversario. Los cien años de Machado de Assis, el creador allí de la novela realista. Nélida Piñón y Carlos Fuentes lo homenajearon en diálogo brillante. Este rescató al protagonista de Blas Cubas , la más importante novela de Assis, como el caso único de un personaje literario que muere para seguir escribiendo y que precisamente por cómo lo hizo está vivo en nosotros.

Natalio Botana trajo la discusión a la tierra firme, o en exceso revuelta, de todos los días. Entre el ideal abstracto de instaurar una comunidad de hombres libres e iguales y que estuviera fundada en una herencia histórica, ética y religiosa, dijo, la gran sacrificada ha sido la ética reformista. Y la anarquía de las cosas, continuó, de las que hablaba Sarmiento para referirse a lo rural, ahora se proyecta sobre las megalópolis. En la suma de sólo cuatro ciudades -de Brasil (dos), la Argentina y México y sus periferias- conviven 80 millones de personas, muchas hacinándose.

Sociedades escindidas, insuficiencia de las instituciones, violencia por doquier. Entre los déficits perversos, Botana anotó la ausencia de una cultura de responsabilidad económica y la influencia de un círculo fatal, en el que el Estado y el mercado tratan de apoderarse uno de otro. Dato al pasar: México tuvo su primer superávit fiscal sólo en 1891.

El impacto de la crisis

Enrique Iglesias, ex presidente del Banco Interamericano de Desarrollo, dice que la gran crisis mundial encuentra a la América latina con reservas por 400.000 millones de dólares, tal vez las más altas de la historia, pero con escaso ahorro nacional. No es más del 1,5 por ciento del PBI de la región, cuando en países asiáticos es del 35 al 40 por ciento. ¿Crecerá América latina el 3,2 por ciento en 2009?, se preguntan algunos economistas. "Si crece el 2 estará bien", se resigna Iglesias.

La crisis general es de tal magnitud que Domingo Cavallo observa que resultan insuficientes a estas alturas las herramientas fiscales y monetarias disponibles para conjurarla.

Sólo los créditos incobrables por viviendas superan en los Estados Unidos los dos trillones de dólares, en tanto hay comprometidos en préstamos unos quince trillones de dólares, un poco más del PBI de ese país. Cifras que espantan, pero después de que la sociedad norteamericana hubiera gastado durante años 130 dólares por cada 100 dólares que ganaba.

Otros disertantes advierten que las consecuencias sociales de todo esto no están siendo debidamente analizadas. La crisis se ha comido el 70 por ciento del capital de las instituciones financieras. Puede haber, por ejemplo, protestas callejeras en España, donde el desempleo se ubicaría en noviembre entre el 15 y el 17 por ciento.

Frente a una sola buena noticia, aunque potencial, de que en Perú podría haber tanto gas como en Bolivia -lo cual se sabrá realmente en 2010-, se oponen otras de inusitada factura. Los cerca de 15 de millones de latinoamericanos que residen en los Estados Unidos envían por año remesas de 45.000 millones de dólares, de los cuales 30.000 millones van a México. ¿Qué sucederá ahora?

Esas remesas representan el 17% del PBI para El Salvador. Acaso se desviaron en parte para financiar las pandillas que constituyen allí un fenómeno de proporciones gravísimas, pero han obrado, según Alfredo Barnechea, político peruano, con carácter de eficaces fondos de compensación social.

El mundo de incertidumbres y temores de estos días encuentra a la América latina con 34 millones de analfabetos, con el 40% de la población sin haber completado la educación primaria y serios déficits de competitividad nacional, precisó el ex rector de la Universidad de Buenos Aires Guillermo Jaim Etcheverry. Y para colmo, se indignó un expositor, los que estudian han reemplazado a la Enciclopedia Británica por Wikipedia, que es una enciclopedia de voluntades cuyos conocimientos reales nadie ha constatado.

Comentá la nota