América latina y el Caribe se unen ante la crisis

Reclamarán que los países centrales asuman "los costos" de su solución. Quieren sumar a las monedas nacionales en el intercambio regional.
Los países desarrollados fueron "los causantes" de la crisis financiera internacional y "deben asumir los costos de su solución", afirmaron este miércoles, en su documento final, los participantes de la I Conferencia América Latina y el Caribe (CALC).

"Las economías emergentes contribuyen significativamente para el crecimiento de la economía mundial y que los países en desarrollo no deben ser castigados por prácticas financieras no sostenibles en los países desarrollados", apunta el documento.

La "Declaración de Salvador de Bahía", aprobada por los mandatarios y representantes de 33 países que intervinieron en la cumbre de dos días en Brasil decidieron además adoptar una posición única y conjunta en los foros internacionales que debatirán las medidas para hacer frente a la crisis.

Además, decidieron fomentar una nueva arquitectura financiera regional que incluya la creación de un sistema multilateral voluntario de pagos que incluya el uso de monedas nacionales, la "evaluación de las experiencias existentes en materia de moneda común" y la creación de fondos financieros para apoyar proyectos de desarrollo e integración.

El documento no hace referencia explícita a las propuestas de Ecuador y Venezuela de destinar un porcentaje de las reservas de divisas de los países a un fondo para financiar el desarrollo y de poner en marcha de inmediato el proyecto del Banco del Sur.

En el párrafo dedicado a la crisis, los 33 países defendieron "un amplio diálogo internacional, con la participación activa de los países en desarrollo, para la construcción de una nueva arquitectura financiera internacional que incluya la adopción de mecanismos de regulación eficientes y disciplinas trasparentes de gobernanza para el sistema financiero mundial".

El documento también destacó "la importancia y la urgencia de fortalecer los mecanismos financieros regionales y subregionales para fomentar la integración y el desarrollo en el contexto de la crisis financiera global".

Entre las decisiones adoptadas en Brasil, está la de poner en marcha un diálogo continental destinado a construir una propuesta común para una reforma "que asegure la democratización y la trasparencia de la gestión financiera internacional y el fortalecimiento de los mecanismos de regulación".

Al mismo tiempo, los ministros de Finanzas de los 33 países deberán trabajar en la "construcción progresiva de una arquitectura financiera regional y subregional", que incluya un sistema multilateral voluntario de pagos y el fortalecimiento o desarrollo de mecanismos regionales para la estabilización de la balanza de pagos.

La Declaración de Salvador de Bahía enfatiza además la necesidad de "reglas estables para el sistema de comercio internacional, que impulsen la recuperación económica mundial".

Los países, además, decidieron impulsar la integración energética y de infraestructura física y la cooperación en las áreas de combate al hambre y a la pobreza, seguridad alimentaria, desarrollo sostenible y reacción a desastres naturales.

En el campo del medio ambiente, los latinoamericanos y caribeños abogaron por la adopción de "metas más ambiciosas" para la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero y demandaron la creación de un Fondo Verde, que compense financieramente a los países en desarrollo por sus esfuerzos de conservación y manejo sostenible de forestas.

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