La amenaza de un segundo frente en el sur del Líbano

Israel no descarta un ataque del grupo chiita Hezbollah, fortalecido tras la guerra de 2006
JERUSALEN (De una enviada especial).- Israel combate en Gaza, pero mantiene un ojo puesto en la frontera con el Líbano por temor a que las milicias islamistas de Hezbollah, aliadas ideológicas de Hamas, puedan sentirse tentadas de abrir un segundo frente.

"Que nadie se equivoque sobre nuestra determinación en todos los frentes", advirtió anteayer el primer ministro Ehud Olmert. "Esperamos que a nadie se le ocurra poner a prueba nuestra determinación y nuestra capacidad de reacción", insistió.

Pese a que no mencionó ningún movimiento en particular, su advertencia iba dirigida contra Hezbollah, que, según fuentes locales, habría comenzado a movilizar a sus milicianos en el sur del Líbano, en un despliegue que permitiría inferir la posibilidad de un ataque.

Ayer, de hecho, el líder del grupo, Hassan Nasrallah, amenazó a Israel con una respuesta "mucho más dura que la de julio de 2006", cuando se desarrolló la guerra del Líbano, en caso de una nueva agresión contra su territorio. "Lo que vieron en la guerra de julio no es comparable a lo que les hemos preparado en caso de una nueva agresión israelí", aseguró Nasrallah en una videoconferencia ante miles de seguidores concentrados en Beirut para celebrar la fiesta islámica de Ashura, en la que se recuerda la muerte del imán Hussein, nieto del profeta Mahoma.

"Todas las posibilidades están abiertas frente a Israel, porque estamos dispuestos a sacrificar nuestras almas y nuestros hijos por nuestras ideas", agregó Nasrallah. Y advirtió: "[Israel] no podrá exterminar a Hamas ni a Hezbollah".

Un grupo fortalecido

Desde el primer día de la ofensiva en la Franja de Gaza, los dirigentes israelíes multiplicaron sus advertencias al movimiento chiita libanés que dirige Nasrallah. El primero en hacerlo fue el ministro de Defensa, Ehud Barak. "Tenemos los ojos puestos en el Norte (de Israel) y estamos preparados para toda evolución de los acontecimientos", expresó ante la Knesset, el Parlamento israelí.

Esas advertencias se multiplicaron después de la serie de preparativos detectados en la zona de Cana, uno de los feudos del "Partido de Dios".

"Hay una intensa movilización", reconoció Rafik Jawad, un poblador de la región, interrogado telefónicamente por LA NACION.

Como parte del dispositivo de vigilancia, la aviación israelí sobrevuela varias veces por día las zonas del Líbano controladas por Hezbollah.

Desde que finalizó la guerra de julio y agosto de 2006, el movimiento chiita reconstituyó sus reservas de armas y municiones mediante envíos realizados por sus dos grandes aliados: Siria e Irán.

También intensificó el entrenamiento de sus milicianos y reconstruyó los túneles y refugios que posee en el sur del Líbano, según las informaciones que manejan los servicios de inteligencia. Nasrallah, además, viajó en varias ocasiones a Damasco y Teherán para negociar el envío de ayuda logística y financiera.

Los especialistas consideran que, 30 meses después del final de la guerra, Hezbollah recuperó su nivel de 2006 y probablemente lo mejoró.

En esas condiciones, por solidaridad ideológica y religiosa, Hezbollah podría sentirse tentado de abrir un segundo frente en el sur del Líbano para que Israel se vea obligado a aliviar la presión militar que ejerce sobre Hamas en la Franja de Gaza.

Si bien esa posibilidad no seduce a los líderes políticos y militares de Jerusalén, no constituye una verdadera preocupación, ya que en sus 60 años de historia, Israel tuvo que combatir simultáneamente en más de un frente en varias ocasiones, como ocurrió en 1948, en su guerra de la independencia; en 1967, durante la Guerra de los Seis Días, y en 1973, en la Guerra del Kippur.

Paradójicamente, Israel enfrentó las situaciones más difíciles cuando tuvo que combatir con fuerzas irregulares, como le ocurrió en Beirut, en 1982, y posteriormente en el sur del Líbano, en 2006, frente a Hezbollah.

Pero pese a estas estadísticas, combatir contra milicias en dos frentes simultáneos representaría un problema con dos incógnitas que, por el momento, los israelíes parecen interesados en evitar.

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