Ambigüedad K: seducir al mercado sin sellar un acuerdo con el FMI

Por: Daniel Fernández Canedo

Llueven dólares sobre la región y algunos caen sobre la Argentina.

Brasil salió a buscar plata con un bono a 30 años de plazo, ofreciendo una tasa de 5,8% y le ofertaron siete veces más de lo que pensaba conseguir.

En la Argentina, en lo que va de octubre, el Banco Central lleva comprados más de 600 millones de dólares, que es prácticamente lo mismo que había logrado comprar en todo septiembre.

Esta magia es la respuesta a la fenomenal emisión de dólares que hizo Estados Unidos para enfrentar la crisis financiera. El objetivo fue que los ahorristas no saliesen heridos de la explosión de la burbuja financiera que alimentó hasta mediados de 2007.

El mundo está bañado de dólares, de los que ahora muchos inversores quieren huir.

Para salir de dólares eligieron, entre otros, el camino de comprar bonos de países emergentes.

Según un informe del banco Barclays en septiembre, por primera vez en el año hubo más capitales comprando que vendiendo bonos emergentes, que son los de mayor riesgo.

La idea de vivir una super-liquidez mundial le pone plazo corto a la recesión de los países desarrollados. Y regenera el escenario de viento de cola para los que venden alimentos y materias primas.

La Argentina recibió coletazos buenos y malos de esta nueva realidad.

Por el lado financiero, los bonos subieron en forma ininterrumpida hasta la semana pasada. Y ahora hay títulos que ofrecen rentas de 12% anual cuando hace seis meses daban 40% y nadie los quería comprar.

La ola que domina las decisiones financieras en este momento parece no inquietarse por los riesgos.

Pero, si bien bajar lo que pagan los bonos de 40% a 12% llevó seis meses, de ahora en más para bajarlos al 5% puede demandar años.

El Gobierno se subió al viento a favor coqueteando con un acuerdo con el FMI que va y que viene, pero no llega a concretarse.

Los tiempos políticos que miden Kirchner y su ideología le estarían impidiendo ver publicado en los medios que aceptó una revisión del FMI para poder llegar a un acuerdo por la deuda con el Club de París. Eso, cuando ni con los cálculos del INDEC puede esconder el aumento de la pobreza.

Es la causa que explica las idas y vueltas del ministro Boudou con el supuesto acuerdo para que el Fondo venga a auditar la marcha de la economía argentina.

En los pasillos del Palacio de Hacienda se considera que lo del FMI se enfrió un poco hasta que venga un OK de Olivos. Y que ahora deben avanzar con una salida para la deuda de US$ 20 mil millones con los bonistas que se quedaron fuera del canje de 2005.

El momento parece adecuado. Los fondos que tienen bonos argentinos en default quieren huir rápidamente de esa situación y, con poca plata, se podría alcanzar un acuerdo.

El nuevo panorama, sin embargo, tiene un precio de la soja menor al de hace dos meses. Eso se compensará en términos de entrada de dólares porque llovió, poniendo fin a la sequía, y por un fuerte aumento del área sembrada.

Así, la falta de entrada de dólares no se proyecta como un problema.

Algunos analistas creen que desde ahora hasta fin de año el precio del dólar seguirá en torno de $3,85.

Se basan en que ahora es el Banco Central el que está comprando divisas para evitar una caída del precio.

La explicación también coincide con la situación regional. El dólar en Brasil tiene uno de los precios más bajos en años: 1,7 reales.

Con una situación financiera que en lo macro podría describirse de Disneylandia, la teoría indicaría que la economía no podría hacer otra cosa que arrancar. Pero la política puede meter la cola.

Parte de esa realidad se concentra en la falta de credibilidad de las estadísticas del INDEC.

"Sin credibilidad estadística es muy difícil que el FMI no vaya a hacer cuestionamientos", comentaba ayer un economista que conoce la opinión de los funcionarios del organismo por estos días.

El Gobierno quiere que el Fondo venga y acepte las cifras y comentarios oficiales como válidos. Y también que no se reúna ni con la oposición ni con economistas independientes y que, después de hacer el informe, no publique las conclusiones.

Los gobiernos miembros del Fondo pueden decidir si se publica esa suerte de radiografía económica que se conoce como Capítulo IV. Sin embargo, si de recuperar credibilidad perdida se trata, Kirchner debería aceptar la publicación.

Pero eso sería suponer que la idea de que Boudou vaya y venga con el FMI es para bajar la tasa de riesgo país y así acceder a financiamiento de los mercados.

Tal vez el paisaje de la lluvia de dólares pueda demorar los tiempos para que las normalización de las relaciones con el Fondo llegue a ser una realidad. Los tiempos económicos están dados. La política manda.

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