La ambiciosa cumbre del clima acabó en una enorme desilución

Hubo un acuerdo pero que no incluye metas de reducción de gases ni a medio o a largo plazo. Obama admitió que todo ha sido insuficiente y que un verdadero convenio demorará. Habrá una ronda de consultas en seis meses en Alemania.
El dilema del príncipe de Dinamarca volvió a sobrevolar Copenhague como el fantasma que lo perseguía. ¿Ser o no ser? La respuesta llegó al filo de la medianoche danesa. No fue. Tras casi dieciséis horas de deliberaciones entre los presidentes y dos semanas entre los expertos de 192 países del mundo en esta crucial cumbre de cambio climático, se llegó a un acuerdo de mínima, lavado y que no dejó a nadie satisfecho.

Después de horas de incertidumbre -donde ninguna autoridad salía a decir lo que sucedía-, la delegación estadounidense informó en forma unilateral que había alcanzado un "acuerdo significativo" con Brasil, China, India y Sudáfrica sobre el cambio climático, que incluye una manera de verificar la reducción de emisiones de gases que atrapan el calor en la atmósfera, que era la traba más grande que había hasta ese momento por la negativa de Beijing de permitir inspecciones independientes.

El acuerdo no contiene cifras sobre los compromisos de reducción de CO2 ni a medio ni a largo plazo. Ni siquiera especifica lo que todos creían que ya era un acuerdo para recortar las emisiones en un 50% para el 2050.

Las únicas cifras citadas conciernen a los compromisos financieros que hablan de 30.000 millones de dólares entre el 2010 y el 2012. A partir de ese momento y hasta el 2020 se concretará un fondo de 100.000 millones de dólares, de los cuáles el 70% debería ser aportado por el sector privado.

Obama abandonó el Bella Center y dio una conferencia de prensa en el aeropuerto sólo para la prensa de la Casa Blanca. Allí consideró que el acuerdo es "un primer paso", pero aclaró que no resulta suficiente para combatir la amenaza del calentamiento global. Explicó que el acuerdo requiere que cada uno de los países enumere las acciones que emprenderá para reducir las emisiones de gases invernadero en montos específicos. Y admitió que "un acuerdo legalmente vinculante para la lucha contra el cambio climático será muy difícil de alcanzar y requerirá un tiempo más".

El documento final del que sólo se conocen párrafos sueltos porque no había sido entregado oficialmente esta madrugada en Dinamarca, parece haber quedado muy lejos de las expectativas creadas en las dos últimas semanas y en los borradores que circularon en las últimas horas. El propio Obama lo dijo en el aeropuerto que "el compromiso político alcanzado es significativo pero insuficiente".

Ahora todo se traslada a una larga y engorrosa negociación que, como la Ronda de Doha del comercio mundial, podría llevar años. La canciller alemana, Angela Merkel, organizará una nueva ronda de consultas en Bonn dentro de seis meses para preparar la próxima conferencia sobre el clima de México a fines de 2010.

Las organizaciones ambientalistas no podían salir de su asombro. Con un rostro que denotaba el cansancio y la frustración, el director general de Greenpeace, el francés Pascal Husting, dijo a un grupo de periodistas entre los que estaba Clarín que el acuerdo "es un fiasco total, y un paso atrás con respecto al Protocolo de Kioto".

"Si un jefe de Estado intenta decir que este acuerdo fue un éxito, se va a ganar un Oscar a la comunicación más mentirosa del año", lanzó con cinismo. Y aclaró que "en el documento desaparecen los compromisos vinculantes colectivos, que son reemplazado por la disposición de cada estado.

No hay un sólo punto en el que se hable de la obligatoriedad de los acuerdos. El Protocolo de Kioto de 1997 era insuficiente, pero, al menos era vinculante. Este texto es la prueba de que los egoísmos nacionales prevalecieron y es incluso la versión más débil entre todas las que circulaban por la cumbre. Los datos científicos son ciertos y no pueden cambiar. Pero si después de tantos años se arriba a esto significa que la política ha fallado. Entonces hay sólo dos posibilidades: o se cambia la política o se cambian los políticos", concluyó Husting.

Todo había comenzado a las ocho de la mañana cuando empezaron a llegar los presidentes y jefes de Estado al Bella Center. Se suponía que habría allí una primera ronda de consultas, pero todo se limitó a la presentación de un borrador con cinco puntos básicos emanado de la delegación británica y hecho propio por la presidencia danesa. Luego, llegó Obama y comenzaron los discursos en el plenario. Inmediatamente después se produjo la primera reunión entre el presidente estadounidense y el premier chino. Esa reunión se amplió más tarde con el presidente brasileño Lula da Silva y el primer ministro indio Manmohan Singh. Finalmente, se sumó el presidente sudafricano, Jacob Zuma.

Por otro lado se reunieron los europeos con Nicolas Sarkozy, Gordon Brown y Angela Merkel a la cabeza. Las reuniones se sucedieron durante toda la tarde hasta que a las 19 se cerraron todos los micrófonos. Nadie salió a decir absolutamente nada. Por cuatro horas no hubo ninguna información oficial. Todo se basaba en rumores. Alguien decía que iba a haber una conferencia de Obama y 2.000 periodistas corrían para reservar un lugar en el auditorio. Todo para que sólo apareciera un vocero que decía "se suspendió".

Esto marcó claramente el fracaso absoluto de la organización danesa de esta cumbre y deja muy debilitado al gobierno del premier Lars Lokke Rasmussen. Anoche, varios periodistas daneses especulaban con que este fracaso pondrá al gobierno al borde del colapso. También deja al resto de la Unión Europea muy mal parada. Fueron los líderes de esta zona que llamaron a los líderes del mundo a apoyar a la cumbre y hacer el largo viaje hasta Copenhague para demostrar su apoyo. Ahora, Brown, Sarkozy y Merkel tendrán que explicar lo sucedido a sus propios electorados. En los tres países hay considerables ascensos de los partidos verdes o sus aliados que levantan las mismas banderas de la sustentabilidad.

Copenhague tropieza con un fracaso inesperado. La apuesta era mucho más alta. Terminó como una de las fábulas que escribió aquí Hans Christian Andersen hace cien años.

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