Amado Cavallo

Por: Claudio Zlotnik.

¿Qué actitud tendrá el Congreso cuando en las próximas horas llegue al recinto el proyecto para suspender la Ley Cerrojo y avanzar con el anunciado canje de deuda? La oferta a los denominados holdouts –los acreedores que rechazaron la operación de 2005– implicará un incremento de entre 7 mil y 9 mil millones de dólares en el stock de deuda de la Argentina, según cual sea el nivel de aceptación de los inversores.

Así, el país volverá a cargar con un pasivo superior a los 150 mil millones de dólares. El anuncio de Amado Boudou marca un giro a la ortodoxia económica, que el Gobierno ya venía perfilando. El ajustado Presupuesto 2010, con una reducción nominal de fondos previstos para la salud pública, es una muestra de ello.

Lejos quedó aquel Néstor Kirchner que el 13 de abril de 2005 aseguraba: "No vamos a abrir el canje nuevamente. Vamos a mantener nuestra palabra inalterada". Para ese entonces, la reestructuración de la deuda ya había conseguido el 76% de aceptación, con lo cual la declaración del ex presidente no iba dirigida a los inversores sino que marcaba una convicción política muy clara.

La Presidenta podría insistir con el argumento que dio cuando el periodismo cuestionó la prohibición de la fusión Multicanal-Cablevisión, que su esposo había aprobado poco tiempo antes: "Pregúntenle a él. Éste es otro Gobierno", contestó Cristina. Pero los legisladores deberían tomar nota de que el giro de la Casa Rosada implica una de esas decisiones estructurales que toman los gobiernos. Una cosa es darles a los fondos de inversión internacionales la doble chance de cobrar sus acreencias con el país. Es justo lo contrario a mantener la palabra de que lo otorgado hace apenas cuatro años y medio era lo máximo que podía ofrecer una Argentina de por sí muy endeudada. Y no sólo por los bonos emitidos sino también por la propia deuda social que la actual Presidenta se comprometió a eliminar durante su mandato.

¿Dirán algo los diputados y senadores a los que habitualmente se escucha protestar por la supuesta inseguridad jurídica? ¿O sólo chillan cuando tocan intereses privados? ¿Aceptará la mayoría de los legisladores que se agrande la de por sí abultada deuda antes que abrir una verdadera discusión sobre la pobreza? ¿Es justo que la Casa Rosada acepte un engrosamiento de la deuda al tiempo que rechaza una asignación universal por hijo? El plan oficial de dar $ 180 mensuales a una pequeña porción de la población es insignificante. Y además no corta con el clientelismo político.

Está claro que el Gobierno está corrido de esa discusión. Que juega con tibieza en la cuestión social a pesar de sus promesas de mejorar la redistribución y la justicia social. Y que prefirió apostar a la lógica ortodoxa de buscar en los mercados los recursos que no están adentro, al costo de endeudar a las próximas generaciones.

Amado Boudou lo dice clarito. En sendos reportajes que ayer brindó a los diarios La Nación y Página/12, explica: "Todas estas acciones que venimos llevando adelante hacen que el precio de los bonos argentinos suba. Cuando sube el precio de los bonos, su tasa de retorno cae. Eso desalienta la especulación financiera y libera recursos para la inversión productiva". Cualquier similitud con el Domingo Cavallo de 2001 no es casual. El círculo virtuoso promocionado por el actual ministro es típico de las administraciones cercanas al liberalismo económico. Justamente, lo hacen para evitar tomar medidas "promercado", pero no promercado de bonos sino pro mercado de la economía real. ¿Habrá muchas empresas que en la Argentina de hoy estarían dispuestas a invertir aun cuando bajen las tasas de interés?

En la misma semana que anunció la convocatoria a los holdouts, el propio Néstor desactivó proyectos de una nueva ley que regule el sistema financiero (que hace años empuja el diputado electo por el kirchnerismo Calos Heller) y para gravar la renta financiera. Toda una definición del rumbo K.

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