Alternativas políticas 2011

A pesar de contar con un escenario político confuso que hace poco claro discernir como se presentará el panorama en el 2011, se puede entrever las opciones que se irán desarrollando con el transcurso del tiempo, aplicando criterios de lógica política considerando los procesos actuales en curso.
Estos acontecimientos indican por ahora una dispersión política del PJ y la UCR que indicaría el ocaso del tradicional bipartidismo y decadencia terminal de sus estructuras como referentes de la política argentina.

Como consecuencia de estas fracturaciones sucesivas se les hará muy difícil llegar al 2011 con frentes unidos y si lo consiguen será con muchas heridas que debilitarán enormemente sus estructuras.

Esto concluirá con la aparición inexorable de un nuevo frente político determinando una tercera opción como consecuencia de la profunda crisis de los viejos partidos que ya no tienen los instrumentos idóneos para interpretar y dirigir las nuevas situaciones que enfrenta el país.

Esa nueva opción será naturalmente un frente político que albergará a las distintas fuerzas que nacieron al margen de las tradicionales estructuras políticas y que representan a los ciudadanos que quieren un nuevo enfoque político ante los fracasos sucesivos del bipartidismo en alternancia, particularmente de los más jóvenes hartos de las incongruencias de los caducos partidos históricos incapaces de producir cambios ni admitir nuevos dirigentes en sus cuadros.

Este movimiento que se irá perfilando no se podrá encuadrarse de manera tradicional como de derecha o izquierda aunque podría decirse que será un frente progresista en el buen sentido de la palabra. Estos tipos de clasificación política no tienen plafón en la actual situación argentina, ni en el mundo en que nuevos paradigmas político-económicos-culturales devinieron obsoletos viejos parámetros de la sociedad nacidos en la revolución industrial del siglo XIX.

Lo que se busca es un consenso coherente de unidad nacional que afronte los problemas de la realidad que frenan el progreso nacional: la ausencia de un federalismo real, el sistema perverso de impuestos, los problemas de la seguridad, los problemas de trabajo y crecimiento de la pobreza, las falencias de los sistemas de transporte, las deformaciones producidas por un sistema desequilibrado entre desarrollo y justicia social, los desequilibrios ambientales sin sustentabilidad, la explotación indiscriminada de los recursos naturales estratégicos, la distribución injusta de la riqueza a nivel nacional y la necesaria descentralización política-económica, la falta de políticas ante el calentamiento global, la ausencia de políticas energéticas e hídricas, los equivocados análisis sobre nuestra producción agrícola-ganadera y nuestras posibilidades productivas en el momento actual.

Todas estas necesidades de nuestra realidad no son de derecha ni de izquierda, son reclamos incumplidos históricamente en nuestra formación nacional y son imprescindibles para nuestra conformación estructural para ser de una buena vez un país normal e integrado.

Luego de construir una nueva manera de gobernar podremos en el desarrollo futuro tener concepciones conservadoras o avanzadas para su proyección a una sociedad con futuro. Todas esas polémicas actuales son fuegos de artificios que no explican nada y que nos hacen perder energías en aquellos que son verdaderamente nuestros problemas de fondo.

Por estos caminos sin retorno hemos transitado varios años inútilmente desviando la esencia de nuestros problemas por rumbos totalmente equivocados y negativos mientras otros avanzaron sobre nuestros errores. Por eso una tercera opción política es una consecuencia inevitable caso contrario iríamos al suicidio colectivo como nación.

La salida está ya en las puertas construyéndose silenciosamente porque está en el inconsciente colectivo que ya está dando señales inequívocas.

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