El alperovichismo cocina para tres comensales

El sistema de selección jueces que impulsa el Gobierno, en principio, tendrá sólo jueces y legisladores. La visita presidencial no fue inspiradora pero dejó varias enseñanzas
Los idus de 2009 han sido impiadosos con el kirchnerismo. El justo medio en que el año se divide quedó signado por el sopapo electoral que la sociedad le dio al Gobierno que creía que la política se reducía a empujar.

La reciente visita presidencial dejó en la primera línea del alperovichismo (ejecutivo y parlamentario) la sensación de que la Casa Rosada tiene conductas erráticas. El discurso de la Presidenta fue por momentos desconcertante. Por ejemplo, con el improvisado revisionismo sobre los golpes de Estado del siglo XX, que ahora Cristina Fernández pretende denominar "cívico-militares" a partir -según confesó- de un diálogo con militares. Después de esa charla, ella pasó a considerar a las Fuerzas Armadas como mero instrumento de algunos ciudadanos golpistas.

En otros pasajes, el mensaje rayó lo incomprensible. La titular del Poder Ejecutivo Nacional criticó al ex ministro de Economía, Carlos Fernández, porque no hablaba mucho, después afirmó que la Argentina será un país normal cuando la gente no sepa quién es el ministro de Economía, y de inmediato le dijo a Amado Boudou que con eso no quería coartarlo y que esperaba que él sí saliera en los medios. Todo eso, por cadena nacional.

Para rematar, las palabras rayaron lo amnésico cuando Cristina criticó que ningún partido haya celebrado internas antes de las últimas elecciones: pareció olvidar que ella anticipó cuatro meses los comicios. Tampoco recordó que su esposo fue el mandatario consagrado con la menor cantidad de votos en la historia nacional, gracias a que en lugar de competir por la postulación presidencial dentro del PJ, integró un "neo-lema", al igual que Adolfo Rodríguez Saá y que Carlos Menem. Su reforma política con primarias abiertas suena a "abrir el paraguas" dentro del mismísimo peronismo.

El supermercado

Aunque con lo dicho alcanza, uno de los episodios más reveladores sobre la entelequia kirchnerista se produjo la misma noche en que la Presidenta llegó a Tucumán, luego de tomar juramento a sus viejos funcionarios en nuevos cargos del Gabinete.

Fue cuando terminó la reunión que ella mantuvo en privado con José Alperovich y con Beatriz Rojkés. En el trayecto que va desde la habitación 707 del hotel Catalinas Park hasta el bar del primer piso, el gobernador oyó del mismísimo ministro del Interior de la Nación severísimos cuestionamientos hacia el polémico secretario de Comercio, Guillermo Moreno, hasta ese día ratificado en sus funciones. Florencio Randazzo (el mismo que luego aceptaría ante LA GACETA que al kirchnerismo le faltó apertura) dijo, palabras más, palabras menos, que la "negación de la inflación" provocó "un daño enorme" al Gobierno. Y hasta confesó que su madre le decía, cuando volvía del súper, que la inflación no se parecía al "cero coma algo" del Indec.

Julio es un mes de aprendizajes para el alperovichismo. Aquello de que no puede taparse el sol con un dedo equivale, en política, a que se le puede mentir a mucha gente por poco tiempo o a poca gente por mucho rato: lo que es imposible es mentirle a todo el mundo, todo el tiempo.

Los preparativos

Consciente de ello, o no, el Gobierno tucumano decidió dejar de deslindar su responsabilidad en la crisis del Poder Judicial. Con el anuncio de que, después del receso invernal, enviará un proyecto para crear por ley un mecanismo de designación de magistrados, Alperovich termina por admitir que existe la inverosímil cantidad de 34 vacantes en los tribunales tucumanos porque él quiso, por acción u omisión, que así fuera. Fue esta gestión la que reformó la Constitución, la que hizo delegar en la Casa de Gobierno la integración del Consejo Asesor de la Magistratura (CAM), y la que, por decreto, saturó ese órgano con oficialistas. Cuando lo declararon inconstitucional, esta gobernación se rehusó a hacer, durante tres años, lo que hará en unos días.

Ahora bien, ni Alperovich actúa por inspiración "cristinista" luego de la convocatoria al diálogo condicionado manifestado por la Presidenta, ni tampoco es muy mucho lo que la Casa de Gobierno está dispuesta a consensuar.

La receta

A principios de esta semana, en la cocina política de 25 de Mayo y San Martín se reunieron a definir la receta del CAM que se viene. Y decidieron que será elaborado con sólo seis ingredientes: tres del Poder Judicial y otros tantos del Poder Legislativo. Después, cada chef aportó su condimento secreto. Como ahora son dialoguistas, dos de los tres legisladores podrían ser del oficialismo y uno de la oposición. Uno de los gourmet, más refinadamente, propuso que de los magistrados, dos fueran de la Corte y que el tercero sea camarista. De este preparado puede que salgan más de tres porciones: este CAM, en principio, no elevará ternas sino que propondrá cinco candidatos cada vez que el gobernador deba cubrir una vacante tribunalicia.

El toque final consistió en suprimir especias: el Poder Ejecutivo no pondrá ningún miembro en el nuevo Consejo Asesor de la Magistratura. Los colegios de abogados, tampoco. "Para el caso, ya son abogados los jueces", sentenció uno de los cocineros.

La entrada

Con este plato, el oficialismo aspira a dejar satisfechos a tres clases de comensales. El primer grupo es el de la opinión pública.

En las últimas elecciones, la lista de senadores en la que Rojkés iba de primera titular y Alperovich de primer suplente sacó, pese al "aparato" y a los bolsones, 20.000 votos menos que la nómina de diputados liderada por Alfredo Dato en 2007, cuando no se repartió mercadería para comprar intenciones. Entonces, o el ex titular de la Corte es mejor candidato que el gobernador y su esposa juntos, o el matrimonio está perdiendo apoyo popular.

De hecho, los 380.000 sufragios de hace dos domingos equivalen a la mitad de los tucumanos que fue a votar, pero sólo a uno de cada tres inscriptos en el padrón. El dato se agrava: buena parte de la oposición unificó personería en la resurgente UCR.

Este mensaje de las urnas enterró la idea de realizar una nueva reforma constitucional para habilitar más reelecciones, porque eso implica comicios para elegir convencionales constituyentes. Precisamente, para un sector del oficialismo, el segundo grupo de comensales a quienes halagar con el nuevo CAM es al de los miembros del Poder Judicial.

El plato fuerte

El artículo 159 de la Carta Magna de 2006 establece que Alperovich puede ser electo una vez más gobernador de Tucumán a partir de un argumento despojado de toda lógica: su primer mandato no fue 2003-2007 sino 2007-2011. Por ende, 2011-2015, eventualmente, será su segunda gobernación y no la tercera. Por eso, su constitucionalidad (además de su racionalidad) está objetada en la Justicia. Y esa Justicia (interpreta el ala dura del alperovichismo) está tan necesitada del CAM como el oficialismo de una recontra-reelección.

No es una mera suposición. Por el contrario, el Poder Ejecutivo es, por estos días, un manojo de elucubraciones. Por ejemplo, si habilitan la "re-re", ya no haría falta que Sergio Mansilla se fuera al Senado, ya que la única finalidad de que asuma allí es la de renunciar en 2011 para que Alperovich lo suceda, en caso de que no pueda competir por un tercer mandato. Eso no significa que el parlamentario esté libre de conflictos internos. Ya confesó a algunos allegados que tiene que optar entre seis años tranquilos en el Senado o dos años (y sólo dos) en la Legislatura, pero como vicegobernador en los hechos. Mansilla no sueña con ser compañero de fórmula en 2011: asume que, si hay tercera gobernación, ese cargo será otra vez para Manzur, en retribución a que accediera a ser ministro de Salud de la Nación, en plena pandemia de Gripe A y tras la derrota electoral de los K.

Ahora bien, si ni Mansilla ni Alperovich se van, debería hacerlo la ministra de Desarrollo Social Beatriz Mirkin, segunda senadora suplente. Pero la funcionaria ya dijo que si el "proyecto político" sigue, ella se queda. Nadie quiere irse a Buenos Aires... por ahora. Tampoco Osvaldo Jaldo, el electo diputado que prefiere seguir siendo ministro del Interior.

El postre

Ahora bien, desde el otro flanco del Gobierno advierten que no hay lectura más equivocada que la de pretender que habrá un trueque directo con el Poder Judicial, consistente en "tomá el CAM, dame la re-reelección". A los jueces, advierten allí, no se los aprieta ni se los chantajea. Para estos funcionarios, todavía es una incógnita si la re-reelección sobrevivirá el control de constitucionalidad, aunque conocen que los juristas porteños consultados por el Gobierno opinan que la respuesta judicial será favorable.

Para los alperovichistas moderados, en todo caso, crear el CAM por ley saciará parte del apetito del tercer grupo de comensales: la oposición. La que asumirá en diciembre en el Congreso que el kirchnerismo ya no controlará. Ese con potestad para intervenir provincias donde no esté garantizado el servicio de Justicia, tal como prescribe el artículo 5 de la Constitución Nacional.

Justamente, la novedad es que ahora habrá que gobernar con una oposición importante enfrente. Y esa es la señal más inequívoca de que ha llegado la hora de política, justo cuando las billeteras oficiales comienzan a apretar. En este juego que está por recomenzar no participan los dueños de la pelota sino simplemente -y únicamente- los que saben jugar.

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